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Un drama interminable

El sangriento conflicto de Sudán está alentado por siniestras influenciaa extranjeras

El conflicto sudanés se ha convertido en un escenario de rivalidades regionales donde la injerencia extranjera dificulta cualquier salida y multiplica el drama humanitario

Periodista Digital 08 Nov 2025 - 08:21 CET
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La guerra en Sudán no cesa. Más de dos años después de que estallara el último conflicto armado, el país se mantiene como un núcleo de violencia, desplazamientos masivos y una crisis humanitaria que empeora con cada día que pasa.

Sin embargo, detrás de los enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), se oculta una compleja red de influencias extranjeras que alimenta la contienda y dificulta cualquier intento de alcanzar la paz.

El choque directo entre el general Abdel Fattah al-Burhan (SAF) y el líder Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti (RSF), ha dejado ya más de 150.000 muertos y ha forzado a casi un cuarto de la población sudanesa a abandonar sus hogares.

Jartum, la capital, se encuentra sumida en el caos, mientras el conflicto se propaga por todo el país y polariza a los países vecinos.

Sudán es un campo donde chocan intereses globales mientras permanece atrapado dentro del ciclo vicioso del sufrimiento humano.

Mientras persista esta injerencia extranjera sobre sus asuntos internos, el doloroso drama sudanés seguirá siendo un claro ejemplo del modo en que las ambiciones internacionales pueden condenar a una nación entera a vivir eternamente sumida en conflictos bélicos.

El mosaico de la injerencia extranjera

Sudán se ha transformado en un tablero donde potencias regionales y globales juegan sus cartas, cada una persiguiendo sus propios intereses estratégicos y económicos. Las alianzas proliferan y las fronteras se desdibujan, complicando aún más la solución del conflicto.

La lista de actores externos no termina aquí; también incluye a Qatar, Eritrea, Yibuti, Chad, República Centroafricana, Etiopía, Kenia, Somalia, Sudán del Sur, Uganda y Libia. Todos ellos tienen intereses cambiantes que complican aún más la situación. Este entramado de apoyos e intereses ha convertido la guerra en Sudán en un conflicto internacionalizado que resulta fragmentado y extremadamente complejo.

Los intentos fallidos de mediación

Las iniciativas para alcanzar la paz han fracasado repetidamente. En septiembre de 2024, el llamado Quad (Estados Unidos, Egipto, Arabia Saudita, EAU) presentó una hoja de ruta destinada a lograr una tregua humanitaria y establecer un alto al fuego permanente. Sin embargo, este proceso promovido por Washington fue rápidamente rechazado por la SAF y quedó estancado mientras los combates continuaban intensificándose.

Las negociaciones en Yeda lideradas por Estados Unidos y Arabia Saudita excluyeron a Egipto y EAU sin lograr avances significativos. Posteriormente, los líderes de Yibuti, Etiopía y Kenia intentaron reunir a Burhan y Hemedti sin éxito; la falta de respaldo árabe frustró estas gestiones. En agosto de 2025, una nueva ronda celebrada en Suiza fracasó ante el rechazo rotundo por parte de la SAF.

El modelo de guerra internacionalizada y su impacto en la población

El caso sudanés pone de manifiesto una tendencia alarmante: las guerras futuras podrían ser aún más internacionalizadas, prolongadas e intrincadas. La multiplicidad de actores externos permite que los bandos continúen luchando pese a sufrir derrotas significativas; esto hace que alcanzar la paz se convierta prácticamente en un sueño lejano. Como apuntan diversos analistas: “el entramado de intereses regionales no solo ha agravado la guerra sino que ha hecho casi imposible cualquier intento serio hacia la pacificación”.

Las consecuencias son devastadoras para los civiles:

El drama interminable y la regionalización del conflicto

La guerra en Sudán se ha convertido ya en un drama sin fin. Cada intento por avanzar hacia un gobierno civil tropieza con la resistencia férrea tanto del ejército como sus patrocinadores internacionales. La caída del dictador Omar al-Bashir en 2018 abrió brevemente una ventana esperanzadora que rápidamente se cerró cuando las dinámicas regionales comenzaron a favorecer nuevamente a los militares con ayuda directa de Egipto, Arabia Saudita y EAU.

La crisis también ha afectado gravemente a los países limítrofes. Más de un millón de sudaneses han buscado refugio en Sudán del Sur, un país que enfrenta su propia crisis humanitaria junto con conflictos prolongados. Los desplazamientos masivos junto con el uso estratégico de milicias locales agravan aún más la inestabilidad regional.

Un ejemplo claro es cómo la alianza entre el Movimiento de Liberación del Pueblo Sudanés-Norte (SPLM-N) y las RSF ha llevado al ejército sudanés a buscar apoyo entre milicias sursudanesas; esto podría fusionar ambos conflictos generando más desestabilización fronteriza. Uganda también ha enviado tropas para respaldar al gobierno sursudanés lo que aumenta aún más las tensiones regionales.

Claves para entender la evolución futura

Sudán mira hacia un futuro incierto. La guerra podría prolongarse indefinidamente si no se encuentran formas para alinear los intereses externos así como ofrecer una solución política liderada por los propios sudaneses. La falta constante de avances mediadores sumada a las fracturas dentro del espectro aliado dificulta enormemente cualquier progreso.

Aspectos esenciales para seguir:

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