Más información
La guerra en Sudán no cesa. Más de dos años después de que estallara el último conflicto armado, el país se mantiene como un núcleo de violencia, desplazamientos masivos y una crisis humanitaria que empeora con cada día que pasa.
Sin embargo, detrás de los enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), se oculta una compleja red de influencias extranjeras que alimenta la contienda y dificulta cualquier intento de alcanzar la paz.
El choque directo entre el general Abdel Fattah al-Burhan (SAF) y el líder Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti (RSF), ha dejado ya más de 150.000 muertos y ha forzado a casi un cuarto de la población sudanesa a abandonar sus hogares.
Jartum, la capital, se encuentra sumida en el caos, mientras el conflicto se propaga por todo el país y polariza a los países vecinos.
Sudán es un campo donde chocan intereses globales mientras permanece atrapado dentro del ciclo vicioso del sufrimiento humano.
Mientras persista esta injerencia extranjera sobre sus asuntos internos, el doloroso drama sudanés seguirá siendo un claro ejemplo del modo en que las ambiciones internacionales pueden condenar a una nación entera a vivir eternamente sumida en conflictos bélicos.
El mosaico de la injerencia extranjera
Sudán se ha transformado en un tablero donde potencias regionales y globales juegan sus cartas, cada una persiguiendo sus propios intereses estratégicos y económicos. Las alianzas proliferan y las fronteras se desdibujan, complicando aún más la solución del conflicto.
- Egipto apoya abiertamente a las SAF, temeroso del colapso en su frontera sur y del surgimiento de una nueva ola de refugiados. Su objetivo es mantener la estabilidad y gestionar adecuadamente el flujo migratorio.
- Emiratos Árabes Unidos (EAU) brinda apoyo a la RSF, aunque oficialmente lo niega. A través de Libia y Chad, envía armas, dinero y logística, atraído por los recursos auríferos sudaneses y la oportunidad de expandir su influencia geopolítica.
- Arabia Saudita adopta una postura diplomática pero refuerza su apoyo económico y político a las SAF, preocupada por mantener la seguridad en el Mar Rojo.
- Irán suministra drones a las SAF con el fin de asegurar una base naval en el Mar Rojo y fortalecer su respaldo a los hutíes en Yemen.
- Turquía, por su parte, proporciona armamento mientras busca consolidar su presencia militar y económica en el Cuerno de África.
La lista de actores externos no termina aquí; también incluye a Qatar, Eritrea, Yibuti, Chad, República Centroafricana, Etiopía, Kenia, Somalia, Sudán del Sur, Uganda y Libia. Todos ellos tienen intereses cambiantes que complican aún más la situación. Este entramado de apoyos e intereses ha convertido la guerra en Sudán en un conflicto internacionalizado que resulta fragmentado y extremadamente complejo.
Los intentos fallidos de mediación
Las iniciativas para alcanzar la paz han fracasado repetidamente. En septiembre de 2024, el llamado Quad (Estados Unidos, Egipto, Arabia Saudita, EAU) presentó una hoja de ruta destinada a lograr una tregua humanitaria y establecer un alto al fuego permanente. Sin embargo, este proceso promovido por Washington fue rápidamente rechazado por la SAF y quedó estancado mientras los combates continuaban intensificándose.
Las negociaciones en Yeda lideradas por Estados Unidos y Arabia Saudita excluyeron a Egipto y EAU sin lograr avances significativos. Posteriormente, los líderes de Yibuti, Etiopía y Kenia intentaron reunir a Burhan y Hemedti sin éxito; la falta de respaldo árabe frustró estas gestiones. En agosto de 2025, una nueva ronda celebrada en Suiza fracasó ante el rechazo rotundo por parte de la SAF.
El modelo de guerra internacionalizada y su impacto en la población
El caso sudanés pone de manifiesto una tendencia alarmante: las guerras futuras podrían ser aún más internacionalizadas, prolongadas e intrincadas. La multiplicidad de actores externos permite que los bandos continúen luchando pese a sufrir derrotas significativas; esto hace que alcanzar la paz se convierta prácticamente en un sueño lejano. Como apuntan diversos analistas: “el entramado de intereses regionales no solo ha agravado la guerra sino que ha hecho casi imposible cualquier intento serio hacia la pacificación”.
Las consecuencias son devastadoras para los civiles:
- Más de 9 millones han sido desplazados en apenas dos años.
- Se registran violaciones sistemáticas a los derechos humanos junto con desplazamientos forzados e hambrunas.
- Las FAR financiadas por los EAU explotan minas de oro en Darfur blanqueando luego ese mineral mediante Dubái; mientras tanto, la violencia despeja terrenos para nuevas inversiones agroindustriales.
- El Estado se retira progresivamente mientras empresas militarizadas asumen funciones gubernamentales, perpetuando así un ciclo bélico rentable.
El drama interminable y la regionalización del conflicto
La guerra en Sudán se ha convertido ya en un drama sin fin. Cada intento por avanzar hacia un gobierno civil tropieza con la resistencia férrea tanto del ejército como sus patrocinadores internacionales. La caída del dictador Omar al-Bashir en 2018 abrió brevemente una ventana esperanzadora que rápidamente se cerró cuando las dinámicas regionales comenzaron a favorecer nuevamente a los militares con ayuda directa de Egipto, Arabia Saudita y EAU.
La crisis también ha afectado gravemente a los países limítrofes. Más de un millón de sudaneses han buscado refugio en Sudán del Sur, un país que enfrenta su propia crisis humanitaria junto con conflictos prolongados. Los desplazamientos masivos junto con el uso estratégico de milicias locales agravan aún más la inestabilidad regional.
Un ejemplo claro es cómo la alianza entre el Movimiento de Liberación del Pueblo Sudanés-Norte (SPLM-N) y las RSF ha llevado al ejército sudanés a buscar apoyo entre milicias sursudanesas; esto podría fusionar ambos conflictos generando más desestabilización fronteriza. Uganda también ha enviado tropas para respaldar al gobierno sursudanés lo que aumenta aún más las tensiones regionales.
Claves para entender la evolución futura
Sudán mira hacia un futuro incierto. La guerra podría prolongarse indefinidamente si no se encuentran formas para alinear los intereses externos así como ofrecer una solución política liderada por los propios sudaneses. La falta constante de avances mediadores sumada a las fracturas dentro del espectro aliado dificulta enormemente cualquier progreso.
Aspectos esenciales para seguir:
- La capacidad real que tengan los mediadores internacionales para imponer una tregua efectiva.
- El papel crucial que desempeñan los EAU con su modelo subimperialista basado en inversiones combinadas con coerción.
- La posible expansión del conflicto hacia otros países vecinos como Sudán del Sur.
- Las repercusiones bélicas sobre recursos naturales clave o sobre cuestiones relacionadas con seguridad alimentaria.
Más en África
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home