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La idea de un exsoldado de las SS convertido en oficial del ejército israelí parece sacada de una novela.
Sin embargo, Ulrich Schnaft se reinventó tantas veces que su vida se ha transformado en uno de los episodios más sorprendentes y oscuros del espionaje en Israel.
Nacido en 1923 en Königsberg, entonces Alemania, Schnaft vivió su infancia en un entorno marcado por la pobreza y el abandono. Su madre era soltera y su padre desconocido. Al final, acabó en un orfanato, donde fue adoptado. Como muchos jóvenes de su época, absorbió la ideología nazi. En 1941, con apenas 18 años, se alistó voluntariamente en la Waffen-SS, la élite militar del régimen nazi.
En el frente oriental fue testigo de la brutalidad bélica y participó después en operaciones en Yugoslavia y el norte de Italia. En 1945, ante el colapso del Tercer Reich, se rindió a los aliados y pasó dos años como prisionero. Las investigaciones aliadas no hallaron pruebas que lo incriminaran por crímenes de guerra. Así fue liberado en 1947, en una Alemania devastada y sin rumbo.
De nazi a refugiado judío
La Alemania de posguerra era un caos repleto de ruinas, hambre y desplazados. Schnaft, sin recursos económicos, compartió vivienda en Múnich con un superviviente judío del Holocausto. Observó cómo los refugiados judíos recibían ayuda humanitaria y decidió adoptar una nueva identidad: se inventó un pasado como hijo de padre judío y sobreviviente polaco, adoptando el nombre de Gavriel Zisman para integrarse en grupos que aspiraban a emigrar a Palestina.
En diciembre de 1947, emprendió un viaje clandestino hacia Tierra Santa organizado por la red sionista de inmigración. Fueron interceptados por la Marina británica y acabaron en campos de detención en Chipre. Allí reforzó su nueva identidad: aprendió hebreo y colaboró activamente con las organizaciones judías del campo. Nadie sospechaba que aquel rubio que ayudaba a planear túneles había sido miembro de las SS.
Soldado israelí y ascenso
Con la independencia de Israel en 1948, Schnaft —ya como Gavriel Zisman— arribó al nuevo Estado. Se estableció en el kibutz Kiryat Anavim, aprendió sobre agricultura y perfeccionó su hebreo. En 1949 se alistó en las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF). En un ejército aún por organizarse, su experiencia militar le permitió ascender rápidamente a teniente en la artillería.
Su disciplina y habilidad para formar a otros —pulidas durante su tiempo en la SS— le ganaron respeto entre sus compañeros. Incluso llegó a afiliarse al partido gobernante Mapai. Sin embargo, en 1952, al solicitar una plaza como oficial permanente, una revisión más minuciosa sobre su pasado despertó sospechas: carecía de familiares conocidos, su acento era peculiar y algunos compañeros recordaban una noche donde mostró una foto con uniforme alemán diciendo que era un disfraz para Purim. El ejército no le creyó; su solicitud fue denegada y fue dado de baja.
Amargura y traición
Tras dejar las Fuerzas Armadas, Schnaft se mudó a Ashkelon y comenzó una relación con la esposa de su casero. Cuando la vida israelí se tornó insoportable debido a la escasez económica, decidió regresar a Alemania. Sin embargo, su pasaporte israelí fue rechazado al intentar cruzar la frontera italiana, quedando atrapado nuevamente en Europa.
Desesperado por salir adelante, acudió al consulado egipcio en Génova ofreciendo sus servicios como espía a cambio de ayuda para regresar a Alemania. Los egipcios aceptaron su propuesta y lo trasladaron a El Cairo, donde proporcionó información sobre la estructura y capacidades del ejército israelí. Le ofrecieron una nueva identidad junto con dinero fresco; incluso le dieron un bolígrafo con veneno según relataba él mismo; además le propusieron regresar a Israel como agente egipcio.
El giro definitivo: cazado por el Mossad
Antes de volver a Israel, Schnaft pidió hacer una escala por Alemania. Allí su expareja Margot —reconciliada con su esposo judío— reveló toda la historia a las autoridades israelíes. El escándalo llegó hasta los servicios secretos que decidieron capturarlo vivo para juzgarlo en Israel.
El Mossad organizó una operación donde el agente Shmuel Moriah se hizo pasar por un oficial iraquí para contactar con Schnaft en Fráncfort. Durante varias reuniones confidenciales confesó todo: desde su pasado como miembro de las SS hasta su vida como judío y colaboración con Egipto. Moriah le propuso regresar a Israel como espía; Schnaft aceptó creyendo que trabajaba para Irak.
En enero de 1956 llegó a Tel Aviv con pasaporte falso; fue detenido inmediatamente tras pisar suelo israelí.
Juicio, prisión y olvido
El juicio tuvo lugar a puerta cerrada. Fue condenado por revelar secretos militares a Egipto y sentenciado a siete años tras las rejas. En prisión demostró buen comportamiento e incluso fue liberado tras cinco años; sin embargo fue deportado a Alemania bajo la condición firme de no volver jamás a Israel.
De lo que ocurrió después poco se sabe; algunos testimonios indican que pudo haber sido pastor luterano; otros aseguran que formó una familia e incluso participó activamente recaudando fondos para Israel antes de fallecer en 2013 a los 89 años.
Espionaje, identidad y vulnerabilidad
El caso Schnaft supuso una vergüenza e incluso una advertencia para los servicios secretos israelíes. Puso al descubierto cuán frágil era aquel joven Estado ante infiltraciones potenciales provenientes de individuos con pasados oscuros; además revelaba lo peligrosos que podían ser los tiempos durante la Guerra Fría donde lealtades e identidades eran fácilmente moldeables.
- Un soldado nazi logró luchar bajo bandera judía ascendiendo dentro del ejército israelí.
- Las carencias administrativas junto al caos posbélico crearon grietas por donde penetraron historias inverosímiles.
- La intriga entre Israel y Egipto operaba sobre terrenos tan difusos que un mismo hombre podía trabajar para ambos bandos siendo traicionado por su propia necesidad humana.
La historia de Ulrich Schnaft nos recuerda que hay realidades tan extraordinarias que superan cualquier ficción; además nos enseña que entre los márgenes históricos caben vidas tan improbables como esta.
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