Más información
Está claro que el Kremlin tiene objetivos muy concretos y que sus expertos creen que tardarán poco en alcanzarlos.
Hay estrategas convencidos de que los rusos tienen ya sus mapas y han fijado el río Dniéper, que actúa como barrera natural en el sur, como la línea a alcanzar.
Viendo su despliegue bélico, es evidente que buscan el control total de las cuatro regiones -Donetsk, Luhansk, Jersón y Zaporiyia), junto con «zonas de amortiguación» en el norte (cerca de Járkov y Sumy) para proteger su frontera.
Propagandísticamente, Vladimir Putin habla en Moscú; de desnazificación, desmilitarización y neutralidad de Ucrania.
No hay reclamo explícito sobre todo el país, pero Putin ha insinuado que «toda Ucrania es nuestra» en términos históricos.
La frontera rusa se extendería hasta abarcar completamente las regiones anexadas (alrededor del 18-20% del territorio ucraniano actual), con avances hacia Dnipropetrovsk y buffers en Járkov para artillería a rango de la ciudad.
Y justo cuando Zelenski, está en sus horas más bajas por el avance ruso y la corrupción.
La trama de malversación de fondos en el sector energético desata una crisis de confianza dentro de Ucrania y entre los aliados occidentales, mientras las fuerzas invasoras ganan terreno en el este y el sur del país.
A estas alturas, en noviembre 2025, Rusia ocupa 115.000 km² (19% de Ucrania), con ganancias de 5.000 km² en 2025.
- Luhansk: Casi control total.
- Donetsk: 70-80% controlado.
- Jersón y Zaporiyia: 50-60% cada una; pero contrataques ucranianos frenan de momento el avance.
Trump, negociador de alto perfil y promesas ambiciosas
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha reavivado las esperanzas de un posible cambio en el conflicto ucraniano.
Después de semanas llenas de mensajes optimistas y anuncios sobre contactos directos con Putin, la realidad que se vive tanto en los frentes como en las salas de negociación muestra un panorama mucho más complicado.
Las habilidades negociadoras del presidente estadounidense chocan con la firme determinación rusa y las dinámicas propias del conflicto.
Desde que volvió al poder, Trump ha intentado mostrar sus habilidades como negociador. Ha hablado con orgullo sobre sus logros en Oriente Medio y de cómo ha tejido una red personal de contactos que, según él, le proporciona un acceso privilegiado a líderes como Putin. Sin embargo, la situación en Ucrania está resultando especialmente complicada para su estilo.
Recientemente, el presidente estadounidense anunció un acuerdo con el líder ruso para iniciar “negociaciones de inmediato” con el objetivo de poner fin a la guerra, tras una “larga y muy productiva llamada telefónica”.
Se llegó incluso a mencionar una primera reunión en Arabia Saudí, mediada por el príncipe heredero Mohamed bin Salmán. En este contexto, Trump subrayó que ambos comparten la intención de detener la “muerte y destrucción masiva y totalmente innecesaria” en Ucrania.
No obstante, la falta de detalles específicos, el escepticismo entre los aliados europeos y la carencia de compromisos claros por parte de Moscú ponen de manifiesto los límites de su enfoque. La cumbre que estaba prevista en Budapest fue aplazada indefinidamente por Trump al considerar que no valía la pena invertir recursos en una “reunión inútil”.
Estas idas y venidas reflejan las dificultades reales para convertir las palabras en acciones concretas.
Las razones del bloqueo: Putin, los frentes y la diplomacia sin Ucrania
El principal obstáculo para que Trump convenza a Putin de poner fin a la guerra se debe a varios factores interrelacionados:
- Putin no siente presión. Moscú ha recuperado la iniciativa militar en diversos sectores del frente, sobre todo en Donetsk y Zaporiyia. La estrategia rusa ha evolucionado tras las pérdidas iniciales; ahora se centra más en un “desgaste por oleadas” —lo que algunos analistas han apodado “meat grinder”— además del uso intensivo de drones y tácticas de infiltración.
- El frente militar sigue extremadamente activo. Rusia avanza lentamente pero asegura posiciones clave, mientras Ucrania fortalece sus defensas aéreas y ocasionalmente logra golpear profundamente mediante drones y misiles. Aunque las líneas apenas se mueven, la guerra no está congelada: ataques masivos contra infraestructuras energéticas, bombardeos a puertos y maniobras tanto defensivas como ofensivas ocurren cada día.
- Falta consenso con Ucrania y Europa. Trump ha optado por priorizar el contacto directo con Putin, dejando en un segundo plano la coordinación con Volodímir Zelenski y los aliados europeos. Esta diplomacia “a dos bandas” genera recelos tanto en Kiev como entre las capitales europeas y dentro de la OTAN, que temen que cualquier acuerdo se negocie “por encima” de Ucrania, perjudicando sus intereses estratégicos.
- Putin busca consolidar su posición. Para Moscú, negociar no es un fin en sí mismo sino una herramienta para afianzar sus ganancias territoriales y obtener reconocimiento internacional por su presencia en el este ucraniano. El Kremlin desea evitar cualquier imagen de derrota y no muestra intención alguna de renunciar a los objetivos ambiciosos que marcaron el inicio de la invasión.
El tablero militar: del “meat grinder” al uso masivo de drones y movilidad motorizada
La guerra ha avanzado hacia una fase donde la innovación táctica y la capacidad de adaptación son esenciales para ambos bandos.
- Rusia ha cambiado su forma de combatir. Luego del fracaso inicial de sus ofensivas convencionales, el ejército ruso ahora emplea tácticas extremas de desgaste, utilizando grandes cantidades de infantería en asaltos sucesivos respaldados por artillería y ataques aéreos. Los drones kamikaze Shahed junto con bombardeos dirigidos a infraestructuras logísticas ucranianas son constantes.
- Movilidad y adaptabilidad. Se han observado unidades rusas moviéndose en motocicletas y vehículos ligeros para esquivar terrenos minados y ataques precisos; esto evidencia cómo la guerra se ha convertido en un laboratorio para nuevas tácticas.
- Ucrania resiste y ataca. Kiev ha reforzado sus defensas antiaéreas con sistemas Patriot manteniendo su capacidad para interceptar misiles hipersónicos y drones; sin embargo, enfrenta una presión asfixiante sobre su red eléctrica y logística. Los contraataques ucranianos han logrado impactar puertos rusos e instalaciones logísticas cruciales, manteniendo así cierta presión sobre el enemigo.
- El desgaste es brutal. Tras casi cuatro años desde el inicio del conflicto, ambos ejércitos padecen pérdidas materiales y humanas que limitan su capacidad para llevar a cabo operaciones decisivas. La línea del frente permanece relativamente estable; no obstante, el nivel de violencia y destrucción es alarmante.
El historial negociador de Trump es innegable: ha conseguido acuerdos significativos en Oriente Medio e incluso forzado ceses temporales de hostilidades en otros contextos.
Sin embargo, respecto a Ucrania, su estrategia basada en presionar directamente a Putin no ha logrado doblegar al Kremlin.
Ni siquiera anuncios sobre nuevos envíos de misiles Tomahawk a Kiev o promesas vinculadas al intercambio de prisioneros han alterado significativamente la postura rusa.
En su propio círculo cercano reconocen que mientras Putin no perciba una amenaza real hacia sus intereses o una pérdida significativa del control sobre el terreno, será difícil hacerle ceder ante las presiones estadounidenses.
Además, la desconfianza mutua junto con una falta evidente de garantías sólidas convierten cualquier posible acuerdo —si llegara— en algo provisional sujeto a renegociaciones constantes.
¿Hacia dónde va la guerra?
La parálisis diplomática sumada al desarrollo táctico actual anticipa un conflicto prolongado lleno de picos violentos alternados con fases desgastantes. Ucrania depende cada vez más del apoyo occidental para mantener su capacidad defensiva mientras Rusia aprovecha cualquier oportunidad para avanzar y consolidar posiciones.
Las iniciativas impulsadas por Trump pueden ser llamativas pero chocan frontalmente con un conflicto donde ningún bando desea aparecer derrotado; además, los objetivos maximalistas del Kremlin junto con una profunda desconfianza dificultan cualquier acuerdo inmediato. Por ahora, el desenlace del conflicto parece depender más del pulso bélico que del brillo efímero que puedan ofrecer las cumbres diplomáticas.
Más en EEUU
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home