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En un discurso cargado de emoción y desafío, el presidente ucraniano Volodimir Zelenski advirtió este sábado que “Rusia nunca será la dueña de nuestro hogar”, al rendir homenaje a las víctimas del Holodomor, la hambruna genocida impuesta por Stalin hace más de nueve décadas. La conmemoración, marcada por millones de velas encendidas en todo el país, pareció convertirse en un grito de resistencia ante un nuevo intento de imponerle condiciones desde el exterior.
El mensaje llegó justo cuando Washington y Moscú mantienen conversaciones secretas para poner fin a la guerra con un plan de 28 puntos que, según filtraciones, incluiría la cesión de territorio a Rusia y una amnistía total por los crímenes cometidos durante el conflicto. Un proyecto que, según fuentes diplomáticas, no cuenta con la participación directa de Ucrania ni de la Unión Europea.
“Defendimos Ucrania, la defendemos ahora y siempre la defenderemos”, proclamó Zelenski, recordando que su pueblo “no ha olvidado y nunca perdonará a Moscú por este genocidio”.
Las imágenes de velas encendidas en Kiev resonaron con fuerza simbólica, como una advertencia a quienes buscan negociar sin la voz de los ucranianos.
Zelenski ha designado un equipo de alto nivel, integrado por jefes de inteligencia y defensa, para analizar los mecanismos del plan estadounidense. Entre los nombres figuran el jefe de su oficina, Andrí Yermak, y el ministro Rustem Umérov, encargado de iniciar consultas en Suiza con funcionarios de Estados Unidos.
El borrador, según trascendió, habría sido entregado personalmente por enviados de Donald Trump, que dio a Kiev hasta el jueves para responder. Entre sus condiciones más polémicas: la reducción drástica del ejército ucraniano, la neutralidad permanente en la Constitución y el reconocimiento internacional de Crimea y el Donbás como territorios rusos. A cambio, se prometería un levantamiento de sanciones a Moscú y vagas “garantías de seguridad”.
“Ucrania se enfrenta a una elección durísima: perder su dignidad o arriesgar a su socio estratégico”, admitió Zelenski en su mensaje a la nación. Sin embargo, insistió en que nunca violará el juramento que lo obliga a proteger la soberanía y no ceder tierras. Su desafío refleja la pulsada más tensa de la guerra: la de un país que, acosado por la historia y la geopolítica, se niega a claudicar.
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