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La imagen de rascacielos brillantes que se alzan en medio del desierto, estaciones de esquí en montañas donde la nieve es un fenómeno raro y aerotaxis surcando el cielo sobre el mar Rojo, parecía encajar a la perfección en la narrativa transformadora de Arabia Saudí. Pero incluso el dinero, aunque provenga del petróleo, tiene sus restricciones.
Un reportaje de BBC Mundo detalla cómo después de años llenos de anuncios grandiosos y maquetas impresionantes, el reino ha comenzado a desmontar, recortar o posponer muchos de sus proyectos más extravagantes.
Este cambio no solo afecta al urbanismo; es un ajuste económico que plantea serias dudas sobre hasta dónde puede llegar una estrategia basada en gastar cientos de miles de millones para forjar un futuro diferente.
El símbolo roto de The Line y el cambio en Neom
Un claro reflejo de este frenazo es The Line, esa ciudad lineal de 170 kilómetros que debía ser la columna vertebral de Neom, un desarrollo valorado en 500.000 millones de dólares. Concebida como una urbe sin coches, con cero emisiones y rodeada por dos muros paralelos de 500 metros de altura y 200 metros de ancho, tenía como meta albergar a 9 millones de personas y convertirse en un escaparate del “nuevo” reino.
Sin embargo, la realidad dista mucho de ser tan épica:
- La extensión ha pasado de 170 kilómetros a unos pocos en esta fase inicial.
- Los 20 módulos previstos se han reducido a solo 3 en los planes actuales.
- Se estima que ya se han invertido alrededor de 50.000 millones de dólares, dejando tras de sí miles de pilotes y zanjas visibles desde el espacio.
Las razones detrás del recorte son muy concretas. Para construir únicamente los primeros 20 módulos, los contratistas calculaban que necesitarían cada año más cemento del que produce Francia en un año entero, además del 60% de la producción global de acero “verde”. La logística y el coste elevado hacían que el proyecto resultara prácticamente insostenible.
Antiguos responsables han afirmado que tanto la velocidad como el coste asociados a la construcción “han dejado de ser sostenibles”. A ello se suma un inconveniente crucial: no han conseguido atraer inversores extranjeros dispuestos a embarcarse en un proyecto tan costoso y arriesgado. Cuando llega poco dinero del exterior, las cuentas públicas empiezan a resentirse.
Petróleo, déficit y realidad presupuestaria
La estrategia del príncipe heredero Mohamed bin Salmán con su Visión 2030 era clara: utilizar los ingresos petroleros para transformar la economía, atraer turismo, tecnología y capitales, además de reducir la dependencia respecto a los hidrocarburos. Pero esta hoja de ruta se encuentra con los ciclos económicos y las fluctuaciones del mercado energético.
Las recientes caídas en los precios del crudo junto al aumento del déficit presupuestario han llevado al Gobierno saudí a replantearse todas sus inversiones en Neom y otras utopías futuristas que superan el billón de dólares. En otras palabras: las cuentas ya no cuadran como antes y el margen para gastar sin rumbo en proyectos cuestionables se ha reducido considerablemente.
El propio Ejecutivo reconoce estar “en números rojos” tras años vinculados a estos masivos gastos. Con un déficit creciente, financiar infraestructura básica (sanidad, educación, transporte) compite con las megaciudades deslumbrantes, lo que cambia las prioridades políticas. Los proyectos más complejos como The Line son los primeros afectados por este ajuste.
Delirio futurista y propuestas extravagantes: cómo se llegó hasta aquí
El caso de Neom y The Line se inserta dentro de una tradición más amplia marcada por proyectos desmesurados en el Golfo. El auge petrolero durante las últimas décadas impulsó iniciativas concebidas tanto para diversificar economías como para construir una marca-país casi sacada del mundo fantástico.
Algunos ejemplos notables incluyen:
- Islas artificiales con forma de palmera o mapa mundial en Dubái, cuyos costes multimillonarios han provocado problemas posteriores para su ocupación.
- Hoteles con siete “estrellas” que cuentan con pistas de esquí interiores ubicadas en pleno desierto.
- Puertos, aeropuertos y complejos deportivos sobredimensionados respecto a la demanda real.
En cuanto a Arabia Saudí, Neom representaba ese espíritu donde «todo es posible si hay suficiente dinero». La ciudad prometía funcionar completamente con energía renovable, sin carreteras ni vehículos motorizados, conectada por trenes veloces entre mar y montaña, además con estaciones invernales y resorts lujosos junto al mar Rojo. Sin embargo, esa mezcla entre gigantismo acelerado y dudas sobre su viabilidad urbanística provocó preocupaciones entre arquitectos y economistas.
Algunos profesionales involucrados han señalado que teóricamente es factible construir algo así; no obstante, “no tiene sentido” como ciudad ni desde una perspectiva financiera. La forma urbana lineal comprimida dentro doscientos metros resulta poco funcional comparada con modelos más tradicionales. Cuando la forma no encaja con su uso previsto, el coste por residente aumenta considerablemente volviendo económicamente inviable todo el proyecto.
El coste político del frenazo
Internamente, Riad enfrenta ahora el desafío de gestionar este aterrizaje forzoso. The Line era considerada la joya brillante dentro del relato modernizador del príncipe heredero; se presentaba como prueba fehaciente del potencial innovador del reino. Una cancelación abrupta podría tener repercusiones políticas significativas.
Por eso mismo, la estrategia consiste en “dejar caer el proyecto suavemente”: centrarse en esos tres módulos residuales mientras se desarrollan algunos edificios alrededor del puerto para mantener viva una versión reducida capaz aún salvar algo la imagen. La idea inicial sobre una megaciudad que aportaría 100.000 millones al PIB saudí para 2030 se ha desvanecido; sin embargo seguirán surgiendo anuncios parciales e implementaciones discretas.
Paralelamente, este parón en Neom envía un mensaje claro hacia fuera: futuros proyectos similares serán mucho menos probables. Tras comprobar cómo impactan sus finanzas e identificando las dificultades para atraer capital internacional hacia aventuras tan arriesgadas, el reino debe priorizar inversiones más realistas.
El resultado es un cambio significativo: esa región que transformó el desierto en parque temático del exceso comienza a entender que al final también cuenta la aritmética.
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