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La Unión Europea ha dado un paso decisivo hacia un modelo migratorio más restrictivo tras sellar un acuerdo entre Comisión, Parlamento y Consejo que redefine el sistema de retornos. El nuevo marco prioriza la rapidez en las expulsiones y abre la puerta a que los Estados miembros utilicen centros de detención en países terceros, una fórmula inspirada en el esquema impulsado por Italia en Albania.
El texto pactado contempla medidas contundentes: los migrantes en situación irregular podrán permanecer retenidos hasta un máximo de dos años si existe riesgo de fuga o falta de colaboración. Incluso los menores no acompañados podrían verse afectados por esta medida, aunque Bruselas insiste en que solo se aplicaría en circunstancias excepcionales y como último recurso dentro del territorio comunitario.
Uno de los cambios más controvertidos reside en la posibilidad de trasladar a los migrantes a instalaciones fuera de la UE mientras se tramita su expulsión. Para hacerlo viable, las instituciones europeas han tenido que adaptar el marco jurídico, ya que hasta ahora esta práctica chocaba con el derecho comunitario. Aun así, se mantiene una línea roja: los menores no acompañados no podrán ser enviados a estos centros en ningún caso.
El nuevo reglamento, que será de aplicación directa en todos los Estados miembros, deja en manos de los gobiernos nacionales la implementación concreta de estas medidas, mientras que Bruselas fija las reglas del juego. Parte de las disposiciones entrarán en vigor en un plazo de doce meses, aunque otras —como la externalización de centros o el refuerzo de Frontex— se activarán de inmediato tras su publicación oficial.
Desde el Partido Popular Europeo celebran el acuerdo como un avance hacia una inmigración “ordenada y vinculada al empleo”, en contraposición a las políticas de regularización. Su eurodiputado Javier Zarzalejos ha calificado el pacto como un punto de inflexión que dota a la UE de mayor credibilidad en materia migratoria.
En el lado opuesto, sectores socialdemócratas y organizaciones humanitarias han reaccionado con dureza. Denuncian que el texto abre la puerta a prácticas cuestionables desde el punto de vista legal y advierten de un endurecimiento que podría vulnerar derechos fundamentales, además de reducir los incentivos para el retorno voluntario.
El acuerdo aún deberá superar el trámite formal de aprobación por parte del Parlamento Europeo y los Estados miembros. De confirmarse, completará el nuevo engranaje migratorio comunitario que empezará a desplegarse este mismo año, con el objetivo declarado de aumentar las expulsiones de quienes no tienen derecho a permanecer en territorio europeo.
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