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A pesar de que el Kremlin habilitó 70 centros de vacunación en Moscú, los sanitarios no acude por desconfianza

La Sputnik V fracasa en Rusia: centros de vacunación vacíos y dosis tiradas a la basura por médicos

Una investigación expone las dudas que el proyecto del centro Gamaleya despierta entre el personal de salud ruso

Periodista Digital 23 Dic 2020 - 15:53 CET
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Los médicos y enfermeros rusos desconfían de la vacuna impulsada por el Kremlin y desarrollada por el Centro Nacional de Epidemiología y Biología Gamaleya.

Los profesionales de la salud son renuentes a presentarse a los lugares de vacunación que se prepararon especialmente en Moscú para inmunizarlos. En las primeras dos semanas se abrieron 70 centros. Sin embargo, apenas se presentan interesados.

“Quizás en dos años”, dice Viktoria Alexandrova, una médica general basada en San Petersburgo, durante una entrevista con la cadena de noticias CNN cuando fue consultada respecto a cuándo se vacunaría con la Sputnik V.

“En esta etapa, no estoy lista para vacunarme, ya que la vacuna rusa no es transparente y su efectividad no ha sido probada”, añadió.

La capital rusa abrió dos semanas atrás las puertas de los primeros 70 vacunatorios del país hace dos semanas.

La prioridad la tenían los trabajadores de la salud, maestros y otros grupos de riesgo, exceptuando a los mayores de 60 años: la pócima no está autorizada aún para el grupo de mayor edad, el más riesgoso de todos si contrajera COVID-19.

Lo afirmó el propio Putin hace seis días. Pero al constatar la evidencia, decidieron expandir el “beneficio” de la inmunización hacia otros grupos: desde periodistas hasta trabajadores del transporte.

Desde entonces, apenas 15.000 personas han sido vacunadas, según los datos aportados por el alcalde de Moscú, Sergei Sobyanin. La ciudad tiene 12 millones de habitantes.

Las salas están vacías y una preocupación crece entre las autoridades: la cantidad de dosis que deben descartarse por falta de interesados en vacunarse. Es que una vez que un vial se abre y descongela -cada uno de ellos contiene cinco dosis- deben utilizarse todas. Eso no está ocurriendo.

Al faltar gente en las filas para inocularse, las que no son inyectadas en los hombros de los moscovitas deben ser desechadas.

“Cuando estaba recibiendo mi inyección, solo aparecieron dos de cada cinco personas que se inscribieron para ese horario. Las otras tres vacunas descongeladas tuvieron que ser desechadas”, tuiteó la periodista Nikita Sologub, quien vive en aquella capital. El desperdicio aumenta proporcionalmente con la desconfianza.

Una de las principales sospechas de los médicos y profesionales de la salud radica en que creen que el estado conducido por Putin ha querido imprimirle un tinte político e ideológico al desarrollo de la vacuna contra el coronavirus.

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