EL HOMBRE, ¿SER ÚNICO E IRREPETIBLE O REPETIBLE PAPAGAYO?
A mi memorable, memorando y piadoso padre, Eusebio, y a todos los padres del orbe, sin excepción, que fueron, son y serán, todavía vivan o, como es el caso del mío, ya hayan finado sus días (que no sus enseñanzas). Dedico también estos renglones torcidos a cuantos celebren su onomástica, verbigracia, a mi tío José, a mi primo Ermelo y a mi amiga Prepedigna, porque los tres cumplen mañana/hoy o cumplieron ayer (pues todo depende de cuándo lea usted, desocupado lector, estas líneas) años. Así pues, ¡muchas felicidades! a todos.
“La simpatía es muy frecuentemente un prejuicio sentimental basado en la idea de que la cara es el espejo del alma. Por desgracia, la cara es casi siempre una careta”.
Santiago Ramón y Cajal
Todo hombre (en general, sin hacer distinción de sexo) es íngrimo, señero, ergo, raro. A nadie le extrañará, por (lo) tanto, que a servidor (para unos, E. S. O., un andoba de Cornago, Otramotro para otros) le dé ahora por airear que lo lógico, consecuente, congruente y coherente es que todo hijo de vecino o quisque esté destinado a comportarse de igual modo, quiero decir, raramente, o sea, de manera extraña.
Bueno, pues he aquí la neta contradicción, la pura paradoja, porque, así en la escuela como en la iglesia, así en la república independiente del callejero de su pueblo o ciudad como en la ídem de la casa de cada quien, en los cuatro lugares mentados siempre hubo quienes intentaron atenuar y hasta anular las iniciativas propias, formuladas por cada uno de nosotros, y manipularnos, potenciando al máximo nuestro espíritu gregario.
Bienvenidos, bienhallados y bienhadados fueron los derechos de manifestar y de manifestarse, pero tengo para mí que aún nos convendría más que todos hubiéramos encontrado y pudiéramos hacer uso de un par de argumentos, al menos, con los que conseguir defender nuestras posturas, pareceres o criterios, los que sean.
Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com
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