COMO HICIERA MARTÍNEZ SIERRA CON MARÍA LEJÁRRAGA
“La esperanza es un préstamo que se hace a la felicidad”.
Antoine Rivarol
Hoy, viernes, 20 de abril de 2007, tras disfrutar otra vez ayer, por la noche, de “Despertares” (“Awakenings”, 1990), emotiva y estupenda película dirigida por Penny Marshall, con guión de Steven Zaillian y música de Randy Newman, e interpretada magistralmente en sus principales papeles por Robin Willliams (el doctor Sayer) y Robert De Niro (Leonard), en presencia de dos testigos, Fulano de Tal y Zutano de Cual, y dando fe el muy ilustre notario don Perengano de Tararí que te vi y Tururú de que la verdad y nada más que la verdad gravita y rodea todo lo tocante al presente documento, servidor (usted, desocupado lector, ya sabe, para unos E. S. O., un andoba de Cornago, Otramotro para otros) reconoce sin ambages que la novela, nivola o lo que haya resultado ser, a la que acabo de colocar la palabra fin y que lleva el título provisional de “La gran mentira”, la he trenzado teniendo en todo momento presente y/o muy en cuenta (ergo, echando muchas veces mano de) cuantas palabras orales o escritas crucé con quien fuera mi amada dama y sigue siendo, aun finada, musa feraz, inmarcesible, inagotable, Marisol T. L.
Lo hago recordando (y remedando), grosso modo, la manera que escogió Gregorio Martínez Sierra de ser justo con María Lejárraga, quien fue su esposa y urdió buena parte de las páginas que luego aparecieron formando parte de libros que terminaron llevando la única firma de su marido.
Y para que así conste donde convenga, abajo firmamos este documento los testigos indicados, el interesado (pues de bien nacidos es ser agradecidos) en que tal verdad se conozca y/o no caiga en saco roto, servidor, y el señor notario antedicho, que certifica la veracidad de lo rubricado por todos.
Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com
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