DOÑA LAURA, “LA PANACEA”, OTRA SACACUARTOS
A mi dilecta amiga Arantxa, porque, si no marro, hoy, miércoles, 12 de septiembre de 2007, cumple años; ergo, querida, de todo corazón, ¡muchas felicidades!
Esta mañana, tras leer los últimos párrafos urdidos y escuchar (porque, de cuando en vez –o de vez en cuando-, me gusta releer en voz alta) esos postreros renglones trenzados por la (f)autora de las microscópicas quintillizas Lala, Lela, Lila, Lola y Lula, bacterias linfocitófagas y plaquetófagas, he bajado a la calle a comprar el pan y el periódico hodierno. De vuelta a casa, con dos euros menos en el bolsillo, después de abrir la puerta del edificio donde vivo, he procedido a hacer lo propio con la portezuela de mi buzón, del que he extraído dos cartas del banco y medio folio “manchado” con tinta morada y publicidad falaz, que, hechas las oportunas correcciones, dice así:
“ATENCIÓN
“ASTRÓLOGA
“VIDENTE
“DOÑA LAURA
“Ven a hacer una consulta a través de las cartas del Tarot, Caracoles y la lectura de las Manos y podrás saber los acontecimientos futuros más importantes de tu vida.
“¿Andas preocupado y no encuentras solución a tus problemas? ¿Te falta amor, salud y tranquilidad en tu hogar? ¿Tienes problemas con tus hijos? ¿Tus negocios no van bien? ¿Quieres recuperar a la persona amada a corto plazo?
“En fin, cualesquiera que sean tus problemas, con sólo una consulta, yo te indicaré los caminos verdaderos y seguros para tu felicidad.
“Trabajos rápidos y garantizados 100%, realizados delante del cliente.
“Discreción absoluta. No hagas comentarios antes de conocerme.
“Atiendo todos los días, sábados y domingos incluidos, en horario continuo, de 9 de la mañana a 9 de la noche”.
Además, aparecen dos números de teléfono (fijo y portátil –mejor que móvil, pero me temo que ya es batalla perdida-) que, por el respeto que a usted, desocupado lector, le tengo, no recojo aquí. Otrosí, el papelito (más bien, papelón) dice que el gabinete de doña Laura está en Algaso, apócrifa ciudad del septentrión peninsular, trasunto de mi terruño auténtico, la capital de la ribera ibera de Navarra, Tudela.
O sea, que, por unos cuartos (ignoro cuántos euros, si muchos o pocos), la tal Laura (a quien, complementando a su tocaya, la de la renombrada canción, no amo nada) te propone el placer excitante y hasta extasiante de sentirte estafado por una doña, “la Panacea”, que te servirá en bandeja el daño de considerarte modelo o prototipo del perfecto insensato.
Desde que el menda lerenda leyera, in illo témpore, “El rey Lear”, de William Shakespeare, concretamente, parte de un parlamento que el genio de Stratford-upon-avon puso en boca de uno de los personajes de su citada obra, Edmond (“He aquí la excelente estupidez del mundo; que cuando nos hallamos a mal con la Fortuna, lo cual acontece con frecuencia, por nuestra propia falta, hacemos culpables de nuestras desgracias al Sol, a la Luna y a las estrellas; como si fuésemos villanos por necesidad; locos por compulsión celeste; pícaros, ladrones y traidores por el predomino de las esferas; beodos, embusteros y adúlteros por la obediencia forzosa al influjo planetario; y como si siempre que somos malvados fuese por empeño de la voluntad divina. Admirable subterfugio del hombre putero, cargar a cuenta de un astro su caprina condición”), servidor no cree ni mucho, ni poco, ni nada (de nada) en ninguna de las zarandajas que suelen soltar por sus muis los/as charlatanes/as o deslenguados/as, quienes conforman una inconcusa caterva de sacaperras, sin duda.
Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com
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