RECORTES… ¡Y NO A LAS VAQUILLAS!
POR JESÚS MANUEL PÉREZ SÁEZ
Continúan mis dolores,
por más que el Resucitado
siga expandiendo fulgores
urbi et orbi, hacia otro lado.
“Aquí, la pela es la pela”
—dijo Mari Ano a Sor Haya—
y la rufiana lacaya
se aplicó la cantinela.
Al ver las barbas vecinas
peladas de los helenos,
decadentes, los que otrora
eran gloria de “Academo”:
echemos a remojar
las que nos cuelgan del cuello.
La “Piel de Toro capado”
tostada al sol de Levante,
bronceará a quien lo aguante
o achicharrará al osado.
No es palabra baladí,
mis ejemplos son muestrario:
¡se acabó la barra libre
y el fardar de solidario!
País de pobres parados,
que antes eran ladrilleros,
de jubilados y de almas
presas en su desconcierto.
Sirtaki del funcionario
que por mi poder congelo:
“se acabaron las marbellas,
los pantojos y sus flecos…
Tengo los urdangarines
como dos carbones negros.
Coge las tijeras grandes
y al manto de educación,
le haces un “siete” gigante,
verás con satisfacción
lo bien que damos el cante…
Si no saben, pues que aprendan
o vayan a Salamanca,
y habrá que poner tiritas
a la persona que es manca.
Luego sigues calle arriba,
de frente hasta el hospital,
te aplicas de nuevo el cuento:
“más recortes, tal y tal…”
Aparte de copagar
por vivir con desenfreno,
cuando al parado le duelan
los ganglios o el duodeno,
tendrá que pedir permiso
al diagnóstico galeno.
En un país, tan de reses,
con ecos sanfermineros,
hay que evitar tanto cero
en estos nuevos burgueses.
También, querida Sor Haya,
reza mucho por la Merkel
y resígnate pidiendo
que nos quieran los franceses.
Si tejes bien este traje
ajustando bien la sisa,
o sisándole al que raje,
no habrá que temerle al Pisa
ni parecerá un ultraje.
Con eso nos ahorraremos
al final del ejercicio
unos cuantos milloncejos,
aunque luego el estropicio…
En fin, ¡ya lo arreglaremos…!
Jesús Manuel Pérez Sáez
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