SOBRE LA COHERENCIA Y EL CAMBIO DE OPINIÓN
A mí de nada me sirve que alguien me diga que ha pensado hacer esto, eso o aquello, si, a la postre, jamás de los jamases se ha puesto a ello; si ni a mí, ni a ti, ni a nadie nos consta ni hemos comprobado, de manera fehaciente, que el susodicho algún día haya tenido a bien llevar a cabo esto, eso o aquello. ¡Qué razón tenían los evangelistas! Por sus actos, hechos, gestas, frutos u obras los conoceréis (a ellas y a ellos).
Servidor, Otramotro (amén de otros heterónimos que no vienen al caso), tiene por apodíctico lo que sigue. Uno debe mudar de modo de vida y hábitos, compañía y criterio, si se da cuenta, por propia iniciativa (tras la oportuna, consecuente, congruente y coherente reflexión) o por que alguien le hace ver que la verdadera realidad era o es contraria u opuesta a la que toma o tomaba por tal, o sea, que estaba o vivía en el error y hasta en el horror. Seguramente, para las personas con las que ahora coincide, el comportamiento y la decisión adoptada por este menda serán reputados aciertos inconcusos; empero, los discrepantes actuales considerarán los tales sendos yerros mayúsculos y aun deleznables. Y es que, hagas lo que hagas, aunque lo que corones sean milagros o maravillas, siempre habrá alguien que creerá a pie juntillas que la cagas (con perdón).
Tengo para mí que la coherencia no es más que el ajuste o encaje perfecto entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. Porque, si no hay acomodo, boda y/o casamiento, que no miento, entre las ideas pergeñadas, los pensamientos proclamados y los comportamientos perceptibles, ahí, ay, habrá lo que sea, llámalo equis, pero no hay, no, coherencia. Algo parecido sostuvo muchos años antes Mohandas Karamchand, “Mahatma” (“Alma grande”), Gandhi; pero el guía de la no violencia activa lo puso en relación con la dicha: “La felicidad consiste en poner de acuerdo tus pensamientos, tus palabras y tus hechos”.
Por si no he conseguido, atento y discreto lector (seas ella o él), persuadirte del todo, completamente, con las razones aducidas arriba, de la firmeza y fortaleza de mi tesis (insisto: que uno no es lo que piensa, ni tampoco lo que dice, porque única y exclusivamente es lo que hace), echaré mano para lograrlo, convencerte, de manera concluyente, definitiva, de un argumento (mejor, breve relato) ajeno. Al final de “El hacedor” (1960), bajo el marbete de Epílogo, Jorge Luis Borges remata su obra de manera inmejorable, ejemplarizante, al colocar allí el último de los párrafos del libro, la guinda roja, apetecible y sabrosa (donde sostiene, además de la susodicha idea, que todo macrocosmos tiene reflejo en su microcosmos y viceversa) que corona y hace inolvidable su pastel: “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”.
Los cuatro párrafos anteriores vienen a cuento de lo que sigue. El 24 de junio de 2015 el diario Público publicó una extensa entrevista que Sergi Picazo y Marià de Delàs le hicieron a Pablo Iglesias Turrión. En ella, imaginando que se refiere a un ausente, innominado y “típico izquierdista tristón, aburrido, amargado”, el líder del partido morado le suelta lo siguiente: “Deja de estar tan preocupado con las cosas que nosotros hacemos y con lo que nosotros proponemos. Sigue viviendo en tu pesimismo existencial. Cuécete en tu salsa llena de estrellas rojas y de cosas, pero no te acerques, porque sois precisamente vosotros los responsables de que en este país no cambie nada. Sois unos cenizos. No quiero que cenizos políticos, que en 25 años han sido incapaces de hacer nada, no quiero que dirigentes políticos de Izquierda Unida, y yo trabajé para ellos, que son incapaces de leer la situación política del país, se acerquen a nosotros. Seguid en vuestra organización. Presentaos a las elecciones, pero dejadnos en paz. Habéis sido incapaces en muchísimos años de entender lo que estaba pasando, de hacer una lectura coherente. Quedaos en vuestro sitio. Podéis cantar la Internacional, tener vuestras estrellas rojas… yo no me voy a meter con eso. Es más. Hasta puede que vaya, porque a mí eso también me emociona y me gusta, pero no quiero hacer política con eso. Dejadnos vivir a los demás”.
A la pregunta concreta de: “Con Izquierda Unida, ¿quedan opciones de un pacto previo a las elecciones españolas?”, el secretario general de Podemos contestó:
“Ninguna. Cero. Fin de la cita. Cero. No hay manera de poner otro titular.
“Dicho esto, ahora explico el porqué. Es verdad que hay gente de buenas intenciones, gente de izquierda, que dice, jo…, estáis siempre peleados en la izquierda, por qué no os unís y será más fácil ganar a la derecha. Todos los que dicen esto lo hacen con la mejor intención del mundo. Lo dicen de corazón… Dicen, jo…, imagínate con Garzón, id juntos. Pero esto no sirve para ganar las elecciones. Un frente de izquierdas, el frente popular, a mucha gente le encantaría irse a la cama por la noche diciendo, caramba, febrero del 36, otra vez juntos. Eso es genial para ciertas ensoñaciones de algunas personas de izquierdas, pero electoralmente no funciona, no serviría… Eso es lo que querría la derecha, el PP, y el PSOE. El PSOE estaría encantado de decir mi rival es una coalición de partidos entre Podemos e Izquierda Unida… genial. Los medios de comunicación, que se supone que se ubican ahí… no paran de preguntar esa cosa. Cómo narices El País y El Mundo están tan preocupados con que nos unamos con IU y con la Unidad Popular. Es una cosa muy llamativa.
“Izquierdistas de toda la vida y amigos de la izquierda de siempre nos llaman la atención diciendo, qué mal estáis tratando a IU, por qué no os unís con ellos… Con todo el respeto, lo que pensamos que se ha demostrado que funciona es la unidad de la gente. No la unidad de partidos. No acuerdos por arriba. No acuerdos entre élites. Una coalición de partidos pensamos que electoralmente no funcionaría. Otra cosa es que nuestra mano esté tendida a todos aquellos que vengan de muchos sitios. Yo, encantado de que gente que viene de IU se incorpore a nuestro proyecto y trabaje. Una parte de los dirigentes de Podemos ha militado en el pasado en IU. Pero lo que nos están proponiendo, después de llevar un año diciendo que lo hemos hecho todo mal… si repasas, todo lo que ha dicho Alberto Garzón en el último año es que Podemos lo hacía mal. ¿Por qué te quieres presentar a unas elecciones con alguien que lo ha hecho todo mal? Porque os ha ido mal a vosotros en las autonómicas… Bueno, pues entonces no tratéis de proyectar el problema que tenéis vosotros sobre nosotros.
“Todo lo que hemos hecho nosotros ha recibido críticas durísimas por parte de todas las izquierdas. Incluso en todos los periódicos de izquierdas. La cara en la papeleta, el discurso; todo estaba mal,… Al final los resultados van ubicando los nuevos terrenos. Nosotros diseñamos una hoja de ruta de cara a las generales y vamos a seguir con esa hoja de ruta. Los que diseñaron otra, que sean coherentes. Lo que no tiene mucho sentido es plantear, ahora que a mí electoralmente me va muy mal, lo que tenemos que hacer… Nos están proponiendo: renunciad vosotros a vuestro nombre, renunciamos nosotros al nuestro y ya tenemos un frente de izquierdas. Y lo plantean así, cuando les hemos dicho por activa y por pasiva que el eje izquierda y derecha no es la clave para cambiar las cosas en este país. Si tenemos proyectos políticos distintos, presentémonos con opciones políticas distintas”.
Leídas aquí, hoy, ahora, las declaraciones que hizo otrora el mandamás de Podemos (no ha pasado un año de la citada interviú) me pregunto: ¿Qué piensa Pablo Iglesias de su/s evidente/s muda/s de criterio/s? ¿Qué piensan los ciudadanos que le dieron su voto? ¿Y los que tienen previsto dárselo? ¿Y los que van a seguir votando a Podemos? ¿Fue coherente Pablo Iglesias entonces o lo es ahora? ¿Fueron coherentes los ciudadanos que le votaron hace seis meses o lo serán los que le votarán dentro de un mes? Ciertamente, en España está muy mal visto ser versátil cual veleta, cambiar, como el viento, de dirección y/u opinión. Ahora bien, a nadie debería de importarle lo más mínimo que uno y/o los demás muden de parecer, siempre que dicho/s cambio/s sea/n a mejor. Aunque no me había guardado, cual tahúr, un as en la manga, quiero decir, una pregunta para dar remate final a esta breve reflexión, me ha brotado una, esta, inesperada (ignoro si inopinada, asimismo, para el desocupado y atento lector —ella o él— de estos renglones torcidos). ¿Pablo Iglesias y el resto de los gerifaltes de Podemos, que lo han secundado, han cambiado de juicio, parecer o pensamiento por conveniencia o por verdadera convicción? Hágase/me el favor y contéstese usted misma/o.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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