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Ambos son de Bilbao.
Martínez tiene 32 años y Basoa, 35.
Según el régimen chavista, estos españoles, junto con dos estadounidenses y un checo, habrían formado parte de un complot destinado a llevar a cabo actos terroristas en Venezuela.
Sin embargo, fuentes gubernamentales españolas han negado cualquier vínculo de los detenidos con el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), lo que arroja dudas sobre la veracidad de estas acusaciones.
Los detenidos, José María Basua Valdovinos y Andrés Martínez Adasme, fueron arrestados en las cercanías del aeropuerto de Puerto Ayacucho, en el estado Amazonas.
Según el gobierno venezolano, las pruebas de su implicación incluyen fotografías y mensajes en sus teléfonos, donde supuestamente contactaban a miembros de la oposición venezolana para adquirir explosivos y organizar ataques.
El ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Diosdado Cabello, dijo que fueron detenidos en Puerto Ayacucho, capital del estado Amazonas y fronterizo con Colombia y Brasil.
Los acusó de pertenecer al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) español y que tenían planeado llevar a cabo actos «terroristas», entre los que estaban acabar con la vida de Nicolás Maduro y otros funcionarios del régimen chavista, como Delcy Rodríguez.
Cuenta que en el dispositivo se incautaron de más de 400 armas «transportadas desde Estados Unidos».
También fueron arrestados dos estadounidenses —acusados por el régimen de estar vinculados con la CIA— y un checo.
La familia reportó la desaparición de ambos españoles el 9 de septiembre a través de redes sociales.
- El 17 de agosto cogieron un vuelo de Madrid con destino Caracas, en Venezuela.
- Una vez allí, alquilaron un vehículo a través del portal Aco Rent a Car, de la capital venezolana. La fecha de devolución fue el 5 de septiembre, pero nunca se efectuó.
- El 31 de agosto, salieron en una lancha desde el Puerto Ayacucho, hacia Colombia.
- El 2 de septiembre, a las 5 de la tarde en Colombia, comunicaron su intención de regresar, pero no se volvió a saber más de ellos. Ningún guía les acompañaba
- El domingo 8 de septiembre debían regresar a Madrid, pero tampoco cogieron el vuelo.
UN MONTAJE MAS
A primera vista, esta noticia parece un capítulo más en el guion predecible del régimen chavista: acusaciones sin pruebas claras, teorías de conspiración internacionales, y la eterna figura de Estados Unidos como el gran villano que busca desestabilizar Venezuela.
No es la primera vez que el gobierno de Nicolás Maduro, a través de figuras como Cabello, denuncia complots extranjeros para justificar la represión interna o desviar la atención de las crecientes crisis que enfrenta el país.
La narrativa de una operación dirigida por la CIA y apoyada por el CNI de España parece sacada directamente del manual de tácticas políticas del chavismo.
Desde la llegada de Hugo Chávez al poder, la retórica antiimperialista ha sido utilizada como una herramienta para reforzar la narrativa de resistencia del régimen, convirtiendo cualquier crítica o ataque en una supuesta conspiración internacional.
En este contexto, resulta interesante el momento en que se produce el anuncio de estas detenciones: en plena crisis diplomática entre España y Venezuela, tras la acogida por parte del gobierno español del líder opositor Edmundo González Urrutia. La decisión de España de proteger a opositores venezolanos ha generado tensiones con el régimen de Maduro, quien respondió llamando a consultas a su embajadora en Madrid, Gladys Gutiérrez. ¿Es esta operación una forma de presión política hacia España? Es difícil no ver una conexión entre ambos hechos.
Aún más preocupante es la exposición pública de más de 400 armas incautadas que acompañaron a Cabello durante su comparecencia. Según el gobierno venezolano, estas armas provinieron de Estados Unidos y estaban destinadas a ser utilizadas para desestabilizar el país. Aunque es posible que el tráfico de armas en la región sea una realidad, la falta de pruebas tangibles y la constante demonización de EE. UU. generan escepticismo sobre la veracidad de estas afirmaciones.
Venezuela ha sido escenario de múltiples episodios de este tipo, donde se detienen a supuestos mercenarios y terroristas que, misteriosamente, casi siempre tienen vínculos con potencias extranjeras.
Sin embargo, en la mayoría de los casos, las pruebas concretas nunca salen a la luz, y los acusados terminan siendo un instrumento más para que el régimen mantenga su control y reprima a la disidencia.
Este incidente parece otro intento más de Venezuela por consolidar su narrativa de victimización ante el mundo, un recurso ya desgastado que no consigue tapar la verdadera crisis que enfrenta el país: la económica, la social y, sobre todo, la política. La pregunta que queda es si este tipo de acusaciones seguirán teniendo eco, o si el mundo comenzará a verlas como lo que realmente son: distracciones de un régimen que se tambalea.
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