En la historia de los grandes actos de valentía, pocos son tan impactantes como el realizado por Orestes Lorenzo Pérez, un ex oficial de la Fuerza Aérea cubana que, en busca de libertad para él y su familia, desafió las normas establecidas y realizó una misión de rescate que parece sacada de una película de acción. Su hazaña, que ocurrió en los años 90, sigue siendo un ejemplo de coraje, amor y determinación en un contexto de represión y adversidad.
El Inicio de una Deserción
La historia de Lorenzo comienza en marzo de 1991, cuando decidió desertar de Cuba. A los 37 años, siendo un oficial condecorado de la Fuerza Aérea cubana y piloto de combate de un Mig-23, Lorenzo había sido entrenado en la Academia Aérea de Krasnodar, en la entonces Unión Soviética, y había servido en misiones militares en Angola. Sin embargo, sus convicciones habían cambiado drásticamente tras ser testigo de las libertades que le fueron negadas en su propio país. Influenciado por las reformas de la perestroika que vivió en la URSS y el deseo de un futuro mejor para sus hijos, Lorenzo decidió escapar.
En una arriesgada maniobra, pilotó un caza Mig-23 y aterrizó en una base naval en Florida, Estados Unidos. Este primer acto de valentía no fue fácil; burló el sistema de defensa cubano y logró su objetivo. Una vez en suelo estadounidense, Lorenzo fue recibido con asombro y admiración, pero su misión estaba lejos de terminar.

Orestes Lorenzo y su mujer, en la actualidad
La lucha por reunir a su familia
En Estados Unidos, Lorenzo se enfrentó a un nuevo desafío: reunirse con su esposa, María Victoria Rojas Rosado, y sus dos hijos, Reynel y Alejandro, quienes habían quedado en Cuba. A pesar de sus esfuerzos para que las autoridades cubanas les permitieran salir del país, sus intentos fueron infructuosos. Lorenzo envió cartas a figuras internacionales de peso, como la Reina Sofía de España, Mijaíl Gorbachov, y a varios presidentes latinoamericanos, pidiendo ayuda para liberar a su familia. Incluso ofreció regresar a Cuba y entregarse, a cambio de que su esposa e hijos obtuvieran el permiso de salida. Pero las autoridades cubanas fueron inflexibles y mantuvieron a su familia retenida como rehenes.
La frustración y la impotencia no hicieron más que avivar el coraje de Lorenzo. Comprendió que la diplomacia y las súplicas no eran suficientes, así que decidió tomar el control de la situación. Si no podía conseguir la libertad de su familia por medios convencionales, él mismo llevaría a cabo su rescate.
Un rescate de película
La preparación de Lorenzo para la misión fue meticulosa. Aprendió a volar avionetas monomotoras y estudió los sistemas de radar cubanos, todo mientras dormía apenas tres horas diarias. Gracias a la ayuda de la Fundación Armando Valladares, que le proporcionó una avioneta Cessna, Lorenzo pudo armar su plan. Este pequeño avión sería su herramienta para desafiar nuevamente el sistema de defensa cubano y liberar a su familia.
El sábado 19 de diciembre de 1992, Lorenzo se embarcó en su audaz misión. Volando a baja altura para evitar ser detectado, cruzó los 144 kilómetros que separan Florida de Cuba sobre el océano Atlántico. Su objetivo: una carretera cerca de la playa El Mamey, en Varadero. Con la ayuda de dos mujeres mexicanas, Lorenzo logró enviar un mensaje secreto a su esposa, indicándole que se pusiera una camiseta naranja y esperara cerca de la carretera.
El reencuentro
María Victoria, siguiendo las instrucciones de su esposo, llevó a sus hijos bajo el pretexto de un día de playa. Cuando divisaron la avioneta en la distancia, corrieron hacia ella. Lorenzo aterrizó rápidamente, los subió a bordo y despegó de nuevo en cuestión de minutos, ante la mirada incrédula de algunos testigos que viajaban en un autobús cercano. Durante 40 minutos, volaron a baja altura para evitar ser detectados por los radares cubanos, logrando finalmente alcanzar aguas internacionales y poner rumbo a Miami.
A las 20:12horas, la familia Lorenzo aterrizó en el aeropuerto de Oppalocka, en Miami, donde fueron recibidos como héroes. El esfuerzo de siete meses culminó en un emocionante reencuentro que fue aplaudido por amigos, periodistas y simpatizantes que celebraban la valentía y determinación de un hombre que arriesgó todo por su familia.
Un testimonio de coraje y amor
La historia de Orestes Lorenzo Pérez no solo es un relato de valentía individual, sino también un símbolo de resistencia contra la represión. Es una muestra de cómo el amor y la voluntad de libertad pueden ser fuerzas indomables. Lorenzo no solo desafiaba a las autoridades cubanas, sino que también demostraba que, incluso en situaciones de extrema dificultad, siempre hay maneras de forjar soluciones y construir un camino hacia la libertad.
A través de su misión, Lorenzo no solo rescató a su familia, sino que también inspiró a muchos otros que, como él, anhelaban un futuro mejor. Su historia es un testimonio poderoso de que, cuando las palabras no son suficientes, a veces hay que tomar el control y volar por lo que más se ama.