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De Mayagüez a Wall Street

Orlando Bravo: el ahora milmillonario portoriqueño que conquistó EEUU con un software ‘aburrido’

Este genio transformó una firma de capital privado en un imperio tecnológico valorado en miles de millones

Periodista Digital 15 May 2025 - 07:57 CET
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En el exclusivo club de los multimillonarios mundiales, donde los nombres de Elon Musk, Jeff Bezos o Mark Zuckerberg suelen acaparar titulares, existe una figura menos conocida pero igualmente impresionante: Orlando Bravo.

Este puertorriqueño de origen humilde ha logrado amasar una fortuna estimada en 9.800 millones de dólares, convirtiéndose en el primer milmillonario nacido en la isla caribeña y ocupando actualmente el puesto 274 entre las personas más ricas del mundo, según la revista Forbes.

Orlando Bravo nació en Mayagüez, Puerto Rico, en el seno de una familia vinculada a la industria pesquera. Su padre y abuelo trabajaban con barcos factoría de atún en el puerto de esta ciudad. A los 15 años, su vida dio un giro cuando se mudó a Florida, Estados Unidos, donde comenzaría a forjar el camino que lo llevaría a convertirse en uno de los negociadores más importantes de Wall Street.

Su formación académica es tan impresionante como su trayectoria empresarial. Bravo obtuvo una licenciatura en Economía y Ciencias Políticas de la Universidad Brown, para posteriormente conseguir un doctorado en Derecho y un MBA de la prestigiosa Universidad de Stanford. Esta sólida formación sentaría las bases para su futura carrera en el mundo de las inversiones.

El imperio Thoma Bravo

El verdadero salto a la fama financiera de Orlando Bravo llegó en 2008, cuando creó Thoma Bravo, una firma líder de capital privado especializada en el sector tecnológico y de software. Como socio director, Bravo ha convertido esta empresa en una potencia inversora que, ya en octubre de 2020, gestionaba más de 70.000 millones de dólares en capital, con oficinas en Miami, Chicago y San Francisco.

La estrategia de Thoma Bravo se ha centrado en un nicho específico: adquirir empresas de software establecidas pero con potencial de crecimiento, mejorar su eficiencia operativa y aumentar su valor. Este enfoque, aparentemente sencillo pero tremendamente efectivo, ha sido comparado con la precisión de un tenista profesional que ha perfeccionado sus golpes a través de años de práctica.

De tenista a magnate financiero

Precisamente, el tenis jugó un papel fundamental en la formación del carácter de Orlando Bravo. Entre los 8 y los 18 años, fue un disciplinado jugador de este deporte, lo que le permitió desarrollar un fuerte sentido de competitividad. Durante esta etapa, forjó amistades con quienes posteriormente se convertirían en grandes figuras del tenis mundial, como Andre Agassi y Jim Courier.

«La primera vez que vine a Miami fue para jugar un torneo internacional y perdí en las finales contra Jim Courier. Me ganó muy fácil. Pero por lo menos llegué ahí. Y de ahí nos convertimos en amigos y él fue mi ‘roommate'», relató Bravo en una entrevista reciente.

Esta mentalidad competitiva y disciplinada, cultivada en las canchas de tenis, ha sido trasladada con éxito al mundo de los negocios, donde Bravo ha demostrado una capacidad excepcional para identificar oportunidades y maximizar el valor de sus inversiones.

Compromiso con Puerto Rico

A pesar de su éxito internacional y de haberse mudado a Florida en 2015, Orlando Bravo mantiene un fuerte vínculo con su tierra natal. Tras el devastador paso del huracán María por Puerto Rico en 2017, Bravo no solo recaudó 25 millones de dólares para ayudar a la isla, sino que también organizó envíos regulares de alimentos, agua y otros suministros esenciales.

Su compromiso con el desarrollo económico de Puerto Rico se ha materializado a través de la Bravo Family Foundation, a la que ha donado 100 millones de dólares para apoyar el Rising Entrepreneurship Project, una iniciativa destinada a impulsar el emprendimiento en la isla. «Yo crecí en un pueblo pequeño en Puerto Rico y mi historia es de oportunidad. Yo quiero pasarle esa oportunidad a todos los latinos de Estados Unidos y de Puerto Rico», explicó Bravo en una entrevista para el programa Al Rojo Vivo.

Estilo de vida y visión de futuro

En enero de 2021, Orlando Bravo y su esposa Katy adquirieron la antigua residencia frente al mar de Phil Collins en Miami Beach por casi 40 millones de dólares. La pareja presentó planes para demoler la propiedad y construir una nueva residencia con cuartos para el personal independientes y una tercera estructura para oficinas y suites para invitados.

A pesar de su impresionante fortuna y sus logros, Bravo mantiene una visión humilde sobre su trayectoria y ambiciosa respecto al futuro. «Siento que todavía estoy empezando. Y es una continuación de lo que estamos haciendo. Si ves el mundo de capital privado, todavía somos muy pequeños comparados con las compañías enormes de tecnología. Tenemos que llegar a poder invertir y comprarlas», comentó recientemente.

Esta mentalidad de crecimiento continuo refleja la filosofía que le transmitió uno de sus mentores: «Si quieres llegar al futuro, tienes que llegar al presente». Con esta perspectiva, Bravo sigue trabajando día a día para expandir su imperio financiero, mientras inspira a nuevas generaciones de emprendedores latinos.

Un modelo a seguir

Orlando Bravo representa un caso excepcional de éxito empresarial latino en Estados Unidos. Su trayectoria, desde un pequeño pueblo en Puerto Rico hasta convertirse en uno de los inversores más influyentes de Wall Street, sirve como inspiración para jóvenes emprendedores de origen hispano.

«Yo quiero ser un modelo a muchos latinos jóvenes de cómo se hacen las cosas muy bien», afirmó Bravo, destacando la importancia que tiene para él servir como referente para su comunidad. Su historia demuestra que, con educación, disciplina y una visión clara, es posible alcanzar las más altas cimas del éxito empresarial, independientemente del origen.

En un mundo donde la tecnología y las finanzas están dominados mayoritariamente por figuras anglosajonas, Orlando Bravo ha logrado abrirse camino y destacar, convirtiéndose no solo en el primer milmillonario nacido en Puerto Rico, sino en uno de los negociadores más respetados de Wall Street y un filántropo comprometido con el desarrollo de su comunidad.

Su fortuna, estimada en casi 10.000 millones de dólares, lo sitúa actualmente en el puesto 99 entre las personas más ricas de Estados Unidos, un logro extraordinario para alguien que comenzó su camino en una pequeña ciudad portuaria de Puerto Rico y que ha sabido combinar su aguda visión para los negocios con un profundo sentido de responsabilidad social.

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