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CÁRTEL DE SINALOA Y LOS SOBORNOS

El capo narco se rinde a Trump: ‘El Mayo’ Zambada confiesa a la Justicia de EEUU que tenía a sueldo a altos políticos y policías mexicanos

El histórico líder narco Ismael “El Mayo” Zambada admite en Nueva York décadas de corrupción a autoridades mexicanas y afronta cadena perpetua

Periodista Digital 26 Ago 2025 - 07:42 CET
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La caída de Ismael “El Mayo” Zambada marca un antes y un después en la historia del narcotráfico mexicano. Por primera vez, el líder máximo del Cártel de Sinaloa compareció ante un tribunal de Estados Unidos y admitió, sin tapujos, haber dirigido durante más de cinco décadas una organización criminal basada en el tráfico masivo de drogas y la corrupción sistemática de policías, militares y políticos mexicanos. A día de hoy, 26 de agosto de 2025, la confesión pública del capo de 77 años sacude los cimientos de la política y la seguridad en México.

Un secreto a voces: corrupción institucionalizada

Durante la audiencia en la Corte de Distrito Este de Brooklyn, “El Mayo” narró su vida delictiva desde 1969, reconociendo que su expansión internacional fue posible gracias a una red de sobornos que permeó todos los niveles del poder en México. “Desde el principio y hasta el momento de mi captura he pagado sobornos a policías, militares y políticos en México”, declaró ante el juez Brian Cogan.

Estos pagos, según detalló, garantizaban la impunidad y el crecimiento del cártel, permitiéndole traficar más de 1.5 millones de kilos de cocaína hacia Estados Unidos—una media de 34 toneladas anuales durante más de cuatro décadas. El propio Zambada calculó que su organización generó “cientos de millones de dólares cada año”.

El impacto político: ¿cuánto sabían los gobiernos?

La admisión de sobornos a funcionarios de todos los rangos reaviva las preguntas sobre la complicidad o, al menos, la tolerancia de las autoridades mexicanas. Si bien Zambada no reveló nombres concretos—su defensa aclaró que la información relevante ya está en las pruebas judiciales—la magnitud de la corrupción reconocida compromete a múltiples administraciones mexicanas de las últimas décadas.

Sin embargo, la ausencia de nombres y la falta de investigaciones abiertas en México sobre estos supuestos sobornos dejan en evidencia la persistencia de la impunidad.

El trasfondo: el ocaso de un capo invisible

A diferencia de otros narcos mediáticos, Zambada construyó su poder en la sombra. Durante más de medio siglo, evitó cámaras y operativos espectaculares. Su detención en julio de 2025 en Texas, tras una supuesta trampa tendida por aliados de Joaquín “El Chapo” Guzmán, puso fin a la leyenda del jefe intocable. La fiscalía estadounidense, en un giro estratégico, renunció a solicitar la pena de muerte, permitiendo así la confesión y evitando un juicio público que habría expuesto aún más los vínculos políticos del cártel.

La fortuna incautada—15.000 millones de dólares, según la valoración judicial—equivale a la de los hombres más ricos del planeta, aunque se trata de cifras imposibles de verificar completamente por el origen ilícito de los fondos.

Las cifras del imperio criminal

Año de inicio Toneladas traficadas/año Fortuna estimada (USD) Red de sobornos
1969 34 15.000 millones Policías, militares, políticos

Repercusiones y posibles escenarios

La confesión de Zambada representa el derrumbe de uno de los grandes mitos del crimen organizado mexicano: el del narco invisible e intocable. La admisión de la corrupción sistemática a cambio de impunidad deja a las instituciones mexicanas frente al espejo, con la presión internacional para investigar y sancionar a los responsables.

En el corto plazo, la sentencia—que se dictará el 13 de enero de 2026—se perfila como cadena perpetua, sin opción a apelación. Sin embargo, aún queda por ver si la justicia mexicana actuará ante la evidencia presentada en Estados Unidos. La presión mediática y social aumentará sobre el gobierno de Claudia Sheinbaum, mientras la administración estadounidense subraya el éxito de su estrategia de extradición de capos bajo el mandato de Trump.

La figura de “El Mayo” Zambada, que durante décadas operó en las sombras, termina convertida en símbolo de la colusión entre el crimen organizado y el poder político. Como dijo la fiscal Bondi: “Es el colapso de un mito. Nadie está lejos del alcance de la justicia estadounidense”.

La confesión de Zambada no solo marca el final de una era para el narcotráfico mexicano, sino que obliga a repensar la lucha antidrogas y la responsabilidad institucional en ambos lados de la frontera. Las próximas semanas serán clave para saber si la justicia mexicana está dispuesta a romper, por fin, el pacto de silencio.

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