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Venezuela rumbo a la libertad

Maduro agita los ‘tambores de guerra’ para aferrarse al poder

EEUU multiplica su presencia naval en el Caribe, mientras que el régimen venezolano recurre a un discurso belicista que busca más la cohesión interna que la confrontación real.

Paul Monzón 03 Sep 2025 - 18:31 CET
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El régimen de Nicolás Maduro ha encontrado en el despliegue militar de Estados Unidos en aguas caribeñas el pretexto ideal para radicalizar su discurso y presentarse como víctima de una agresión inminente. El guion es tan viejo como útil para su supervivencia: convertir el miedo en motor de resistencia y blindar su poder bajo la narrativa de la “defensa de la patria”.

El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López —sobre quien pesa una millonaria recompensa de Washington por presuntos vínculos con el narcotráfico— fue el encargado de levantar el tono: advirtió que Venezuela “luchará” si un soldado estadounidense osa pisar suelo venezolano. Un desafío retórico que suena más a propaganda que a estrategia militar.

No es casualidad. Ante una ciudadanía exhausta por la crisis económica y el desmantelamiento institucional, Maduro necesita reinventar enemigos externos para justificar la perpetuación de su régimen. La movilización de más de 4,5 millones de milicianos y la exaltación del supuesto fervor patriótico pretenden esconder lo evidente: que el régimen lleva años asfixiando libertades y subsistiendo gracias a la represión, el control social y el oxígeno otorgado por aliados como Rusia.

Del otro lado, la Administración Trump —alineada con su política de mano dura contra el narcotráfico y en un pulso por reafirmar su influencia en América Latina— multiplica los buques, submarinos y marines en la región. Su narrativa oficial niega intenciones bélicas y la reduce a una operación contra los cárteles, pero lo cierto es que el despliegue militar más grande en el Caribe desde la invasión de Panamá en 1989 no puede desligarse de las tensiones políticas que atraviesan Venezuela.

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) ha mostrado preocupación y exige prudencia. América Latina, proclamada “zona de paz”, no necesita más pólvora ni discursos incendiarios. Porque mientras Caracas amplifica el miedo y Washington mide fuerzas, la verdadera víctima sigue siendo el pueblo venezolano: millones de ciudadanos atrapados entre la escasez, las sanciones y el uso político del conflicto.

Maduro agita los tambores de guerra para aferrarse al poder. Trump responde con músculo militar para exhibir autoridad. Ambos se retroalimentan en una peligrosa espiral que puede reconfigurar los equilibrios geopolíticos en la región. La pregunta crucial es si Latinoamérica se mantendrá espectadora pasiva o si finalmente asumirá un rol activo para evitar que el continente resbale hacia un conflicto que solo beneficiaría a los extremos.

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