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Psicología

Los gestos de los políticos que nos indican si dicen la verdad o mienten

Ellos no pueden controlar del todo

Alex MacKenzie Actualizado: 01 Jun 2026 - 07:49 CET
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Los políticos son, profesionalmente, personas entrenadas para comunicar.

Tienen asesores de imagen, coaches de comunicación no verbal y años de experiencia ante las cámaras. Y aun así, el cuerpo habla por su cuenta.

La neurociencia y la psicología del comportamiento llevan décadas documentando los gestos involuntarios que delatan la tensión entre lo que alguien dice y lo que realmente piensa.

Aquí van los más relevantes, actualizados con lo que la investigación más reciente ha añadido a la lista.

El hombro que se levanta solo. Cuando una persona levanta un hombro de forma asimétrica antes de terminar una frase, especialmente si el gesto ocurre mientras afirma algo, los expertos en lenguaje corporal como Paul Ekman, creador de la teoría de las microexpresiones, lo interpretan como una señal de duda o incongruencia interna. El cuerpo no está tan seguro de lo que la boca acaba de decir.

Los dedos en pirámide o espadaña. Juntar las yemas de los dedos formando una especie de cúpula es uno de los gestos más estudiados en comunicación política. A nivel bajo, cerca del regazo o la mesa, denota seguridad tranquila. Elevado a la altura del pecho o la cara, proyecta supremacía o condescendencia. Angela Merkel convirtió este gesto en su marca visual más reconocible durante sus años de canciller.

La mano en el pecho. Es el gesto universal de créeme. Cuando alguien coloca la palma abierta sobre el esternón mientras habla, está activando un recurso simbólico de apelación a la honestidad. El problema es que los políticos lo usan precisamente cuando sienten que no se les está creyendo, lo que lo convierte en una señal ambivalente: puede ser autenticidad o puede ser el intento consciente de simularla.

El sí verbal sin el sí corporal. Este es uno de los indicadores más fiables de inconsistencia. Cuando alguien dice «sí» o «por supuesto» pero su cabeza no acompaña la afirmación, o peor, realiza un leve movimiento de negación, el inconsciente está enviando una señal contraria al mensaje verbal. Las grabaciones en vídeo de políticos en situaciones de presión están llenas de estos microgestos contradictorios que pasan desapercibidos en directo pero resultan evidentes al revisar la grabación fotograma a fotograma.

La respuesta demasiado rápida. La memoria genuina y el razonamiento honesto necesitan tiempo. Cuando alguien responde de forma instantánea a una pregunta compleja, sin el mínimo tiempo de procesamiento que requiere recordar o evaluar, los expertos en detección de mentiras lo interpretan como señal de que la respuesta estaba preparada de antemano o de que se está improvisando sin base real. La respuesta auténtica suele incluir una pausa breve, una mirada hacia arriba o hacia el lado, y cierta vacilación natural.

Frotar los dedos entrelazados. El frotamiento de las manos, especialmente con los dedos entrelazados, es una respuesta automática al estrés que activa el sistema de autorregulación del nerviosismo. El cuerpo intenta calmarse a sí mismo mediante el contacto táctil. En políticos que normalmente proyectan control, este gesto durante una rueda de prensa o un debate es una señal de que algo en esa respuesta concreta les está generando más tensión de la habitual.

Los pulgares hacia arriba en manos entrelazadas. Cuando las manos están juntas pero los pulgares apuntan hacia arriba y rotan ligeramente, es una señal de confianza y control emocional. Es el gesto opuesto al anterior: el cuerpo está tranquilo y la persona siente que domina la situación. Barack Obama era especialmente dado a este gesto durante sus intervenciones más seguras.

Las palmas abiertas hacia el interlocutor. Abrir los brazos con las palmas completamente visibles es el gesto de transparencia por excelencia en la comunicación humana. Los primates no humanos lo usan para demostrar que no llevan armas. Los políticos lo usan porque sus asesores saben que funciona. El problema es que cuando el gesto es excesivamente frecuente o exagerado, puede percibirse como performativo. La autenticidad tiene una dosis; la sobreactuación la destruye.

El brazo levantado sobre la multitud. Es un gesto de dominancia territorial. Levantar un brazo por encima del nivel de la cabeza en un mitin o acto público activa en el observador la percepción de poder y desafío. Adolf Hitler lo sistematizó hasta convertirlo en un símbolo de régimen. Los dictadores y los populistas de todo el espectro lo han usado desde entonces con consciencia plena de su efecto.

La imitación postural en el debate. Cuando dos personas están de acuerdo, sus cuerpos tienden a sincronizarse: misma inclinación, mismo cruce de brazos, mismo ritmo respiratorio. En los debates políticos, los analistas de lenguaje corporal observan las posturas de los participantes para detectar momentos de acuerdo o sintonía que no siempre se expresan verbalmente. También funciona al revés: cuando la postura de un político se vuelve rígida o se aleja del interlocutor, está marcando distancia emocional aunque sus palabras sean formalmente conciliadoras.

Lo que la investigación reciente añade

Los últimos años han incorporado herramientas de análisis que van más allá de la observación directa. Los estudios de eye tracking, que siguen el movimiento ocular, han demostrado que las personas que mienten tienden a mantener contacto visual de forma excesivamente constante, al contrario de la creencia popular de que el mentiroso aparta la mirada. La mirada fija y sostenida puede ser un intento consciente de proyectar honestidad que resulta paradójicamente artificial.

El análisis de microexpresiones, expresiones faciales que duran menos de un cuarto de segundo y que reflejan emociones que el sujeto intenta suprimir, se usa ya en algunos contextos de negociación política e interrogatorios judiciales. El miedo, el desprecio y la rabia son las emociones que más frecuentemente se filtran en microexpresiones durante declaraciones políticas en situaciones de presión.

Y el análisis de voz mediante inteligencia artificial ha demostrado ser capaz de detectar patrones de estrés vocal en declaraciones políticas con una fiabilidad que supera la percepción humana directa. El tono, la velocidad, las micropausas y la variación de frecuencia revelan estados emocionales que el hablante no controla conscientemente.

Los políticos están cada vez mejor entrenados para controlar lo que puede controlarse. Lo que no pueden controlar completamente es lo que ocurre en el medio segundo antes de que la conciencia tome el mando.

Ahí es donde la verdad aparece, brevemente, antes de que vuelvan a cubrirla.

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