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De mi ya lejana infancia, recuerdo un consejo que te repetían como una letanía tanto en casa como en el colegio: ‘En la vida se puede hacer de todo, menos el ridículo’.
Tengo la impresión de que tanto Pablo Iglesias como Irene Montero no fueron a clase el día que se trató esa materia.
No se si han visto a la pareja en alguno de los videos que estamos subiendo con fruición a Internet, a propósito de la bufonada que el exvicepresidente de Sánchez y la calamitosa exministra de Igualdad protagonizaron en los juzgados, donde intentan condenar a 3 años de cárcel a un paisano que hacía sonar el Himno Nacional en las inmediaciones de su mansión serrana.
Sainete en el que, los ahora ‘Marqueses de Galapagar’ y antes mugrientos activistas vallecanos, se pusieron histéricos porque varios ciudadanos les administraban una pequeña dosis del ‘jarabe democrático’, que antaño recomendaban a los políticos del centroderecha español.
Y dónde los macarras de gimnasio contratados por ellos agredieron a nuestro reportero Bertrand Ndongo.
Creo innecesario repetir que Podemos se ha ido a tomar por saco y que de la banda de zarrapastrosos con aureola de intelectuales que iba a asaltar los cielos, no resta ya más que un tertuliano en RTVE, algún alto cargo sanchista y unos cuantos millonarios.
Podemos se ha ido a la mierda, pero sus fundadores, orondos dirigentes e inspiradores no se quedan desnuditos o a la intemperie y el que no sigue chupando de la teta pública, prospera a la sombra de algún potentado rojo o aspira a pillar sueldo de postín y dietas en el Parlamento Europeo.
Como se ve en las escenas que subimos a la Red, sobre todo a Youtube, Pablo, Irene y sus sicarios, además de embestir físicamente contra Ndongo, intentan descalificarlo profesionalmente alegando que no tiene título oficial de periodista.
Masajista es quien da masajes. Tonto el que perpetra tonterías. Y periodista el que hace Periodismo.
Y en ese terreno, Bertrand Ndongo a quien, entre otras muchas razones, fichamos hace un año porque mi hija Bárbara me aseguró que era un fenómeno en redes sociales y lo seguía con devoción la tropa juvenil, es un número 1.
Habla perfectamente francés, idioma que ignora el 95% de la profesión y domina el inglés, algo ajeno al 70% de los periodistas, donde son nutrido contingente los que ni se expresan correctamente en español.
Los tiene como el caballo de Espartero y a sus cualidades como reportero, une ser un tipo con principios, con valores, que saca adelante cuatro hijos y va por la vida irradiando alegría.
Ya sabemos que la Asociación de la Prensa no emitirá un comunicado condenando el ataque, no se si porque es negro o porque trabaja en Periodista Digital, pero nos la trae floja.
Bertrand, el de ‘Ndongo vive, la lucha sigue’ que coreaban los manifestantes ante la sede-puticlub del PSOE en Ferraz, es uno de los nuestros.
Y Pablo, Irene, los gorilas a sueldo, los apesebrados chupatintas que les cubren y resto de la banda sectaria son una mierda pinchada en un palo.
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