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EL REPASO

Alfonso Rojo: “Sánchez es más culpable que Judas, por histérico que se ponga el zote Patxi López”

El amo del PSOE estaba en el lugar y en el momento de los hechos presuntamente delictivos.

Alfonso Rojo 23 Jul 2024 - 15:00 CET
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Está meridianamente claro en la Constitución Española.

El Artículo 14 dice textualmente: “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

Que Sánchez sea el amo el PSOE, viaje en Falcón pagado por el contribuyente o duerma en La Moncloa es irrelevante.

Por tanto, la citación del juez Peinado al presidente del Gobierno Frankenstein, para interrogarle sobre los apaños de Begoña y Bárrales, es un acto de perfecta normalidad jurídica.

Se ponga como se ponga el analfabeto Patxi López y por mucho que vociferen histéricos los periodistas de la ‘Brunete Pedrete’.

El magistrado instructor está obligado a recabar los testimonios que considere oportuno, para determinar si unos hechos con apariencia delictiva se confirman penalmente o, por el contrario, se desechan y se archiva la causa.

Como refleja masivamente la prensa internacional, el Begoñagate apesta a tinglado personal, disfrazado tras una ‘cátedra’ concedida a dedo por la Universidad Complutense, pese a carecer la mujer de Sánchez de mérito académico alguno.

Con el agravante de que el negocio prosperó, hasta límites siderales, porque engordaba a la sombra del presidente del Gobierno y se remataba con la bendición del Consejo de Ministros.

Los ataques al juez revelan el nerviosismo de La Moncloa y del PSOE, un partido mutado en séquito personal de su jefe y de la parentela de este.

Nerviosismo que lleva a los gerifaltes socialistas y a sus compinches a embarcarse en una espiral de declaraciones desaforadas, para tratar de intimidar al magistrado.

Con los periodistas que no abrevarnos en el pesebre sanchista creo que han perdido ya la esperanza de callarnos y se limitan, de momento, a agitar el fantasma de matarnos de hambre.

Aquí no hay montaje judicial, conspiración política, persecución extraña o leches en vinagre.

Sánchez estaba en el lugar y en el momento de los hechos presuntamente delictivos.

De los asistentes a las pringosas reuniones, dos están ya imputados, Barrabés y Begoña.

Nada más propio, en la dinámica normal de una instrucción, que el tercero en cuestión, declare lo que sepa.

En el mejor de los casos para él, es un testigo presencial.

En el peor, cómplice y encubridor.

Vio y oyó lo que su parienta y su millonario amiguete hablaron, urdieron y negociaron.

No es que la corrupción chamusque a La Famiglia Sánchez; es  que están metidos en el fango hasta la cintura.

Ahora sólo falta que los jueces aguanten, lleven al banquillo a quien proceda  y a esta panda de maleantes  la echamos del poder antes de Navidades.

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