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La tensión en la cúpula del Grupo PRISA ha alcanzado un punto crítico. El enfrentamiento abierto entre Joseph Oughourlian, presidente y máximo accionista del grupo, y el Gobierno de Pedro Sánchez, ha provocado una cascada de ceses, dimisiones y rumores que salpican directamente a uno de los nombres más emblemáticos del periodismo nacional: Pepa Bueno, directora de El País desde 2021. Su continuidad al frente de uno de los diarios más influyentes de España está seriamente cuestionada, según fuentes internas y externas a la compañía.
El conflicto se desató tras el rechazo frontal de Oughourlian al proyecto televisivo impulsado por sectores afines a Moncloa, que aspiraban a crear un canal alineado con los intereses del Ejecutivo. La negativa dejó tocados a varios directivos considerados “sanchistas”, entre ellos José Miguel Contreras, Fran Llorente y la propia Bueno. En palabras de fuentes internas recogidas por medios especializados, “Oughourlian no quiere perder el tiempo y prepara contundentes acciones contra los disidentes en el Grupo PRISA, que son precisamente los más recalcitrantes sanchistas”.
La salida del presidente de Prisa Media, Carlos Núñez, y del director editorial, Contreras, fue solo el primer movimiento. Ahora todas las miradas están puestas en la dirección de El País. En las redacciones se respira un ambiente tenso y expectante. Los rumores sobre el relevo de Bueno son persistentes y apuntan a que su cese podría materializarse en cuestión de semanas o meses.
La batalla por la independencia y la línea editorial
El trasfondo de esta crisis va mucho más allá de simples cambios en los organigramas. Se trata, sobre todo, de una pugna por el control ideológico y económico del mayor grupo mediático español. Mientras Oughourlian insiste en marcar distancias con Moncloa y apuesta por una línea editorial más independiente e incluso crítica con el Gobierno, los sectores tradicionalmente próximos al PSOE ven cómo pierden influencia a marchas forzadas.
La propia Bueno ha defendido públicamente la necesidad de “volver a los básicos del oficio” para hacer frente al auge de la desinformación y al “negocio económico, político y comunicativo de la mentira”, tal como declaró recientemente en la entrega de los Premios Ortega y Gasset. Sin embargo, sus críticos dentro del consejo consideran que su cercanía al entorno sanchista ha restado credibilidad e independencia al diario en los últimos años.
Esta percepción se ve reforzada por las cifras: El País ha experimentado una caída notable en su audiencia digital, llegando a situarse por detrás incluso de medios considerados menores dentro del propio grupo, como The Huffington Post. Para Oughourlian, estos datos son un argumento más para justificar un cambio profundo en la dirección.
¿Un giro histórico para El País?
La posible destitución de Bueno supondría mucho más que un simple relevo directivo. Implicaría un giro histórico en la línea editorial de El País, alejándolo del tradicional seguidismo hacia Moncloa y abriendo la puerta a una etapa mucho más crítica e imprevisible respecto al Gobierno y sus socios. Esta transformación podría tener efectos inmediatos no solo en el periódico sino también en otras cabeceras emblemáticas como la Cadena SER.
Para algunos analistas del sector mediático, este movimiento es visto como una especie de “purga” ideológica impulsada desde lo más alto para garantizar que los intereses empresariales primen sobre las afinidades políticas. Incluso se especula con que algunos periodistas defenestrados podrían encontrar refugio en empresas públicas o semipúblicas como Telefónica, siguiendo un plan B urdido desde Moncloa para no perder influencia mediática.
Curiosidades y datos locos sobre el terremoto mediático
- El pulso entre Oughourlian y Sánchez ha sido comparado dentro del propio grupo con una escena surrealista: “Es como si Jesús Polanco hubiera elegido El Mundo para despacharse contra Juan Luis Cebrián”, ironizaba recientemente una voz veterana dentro de PRISA.
- El nombre “La Séptima” —el canal frustrado— ha terminado convirtiéndose en meme interno entre periodistas, que lo mencionan medio en broma como “el unicornio sanchista” que nunca llegó a existir.
- En apenas 48 horas se produjeron hasta tres dimisiones o ceses clave: Núñez (Prisa Media), Contreras (editorial), Llorente (vídeo), lo que algunos empleados han llamado “el efecto dominó armenio”.
- En las quinielas para suceder a Pepa Bueno ya circulan nombres rocambolescos —desde exdirectores caídos en desgracia hasta figuras mediáticas ajenas al periodismo tradicional— alimentando una rumorología inusitada incluso para un sector acostumbrado a las intrigas.
- Como dato curioso: hace apenas unas semanas, Pepa Bueno recogía un galardón honorífico por su trayectoria profesional en Extremadura, sin saber que su futuro inmediato iba a estar tan amenazado.
- El Comité de Empresa de El País prepara un manifiesto público reclamando la independencia editorial ante las turbulencias directivas; hay quien propone leerlo vestido con camisetas reivindicativas bajo el lema “No somos La Séptima”.
¿Y ahora qué? Incertidumbre total
Por ahora, desde las plantas nobles del grupo se transmite calma relativa: Oughourlian no tiene previsto despedir a Pepa Bueno “de inmediato”, pero tampoco descarta nada si persisten los malos resultados o las tensiones con Moncloa escalan aún más. Mientras tanto, la redacción vive pendiente del teléfono y las notificaciones internas.
Este episodio marca un antes y un después no solo para El País, sino para todo el ecosistema mediático español. Lo que ocurra en las próximas semanas será determinante para definir quién controla realmente la narrativa informativa del país… Y si algo queda claro es que ni siquiera las vacas sagradas están ya a salvo.
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