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En España, 204.000 personas tienen trabajo gracias a las 9 plantas de refinado de petróleo, producción de combustibles alternativos y asfaltos que están en funcionamiento. Además, exportan combustible por valor de 28.000 millones de euros anuales y satisfacen cada año nada menos que 18.000 millones de euros en impuestos. Por su parte, las más de 11.000 gasolineras operativas en España mantienen más de 60.000 empleos. Nada de esto parece tenerse en cuenta por el Gobierno español, que lejos de defender a capa y espada esta gigantesca fuente de empleo, impuestos y ventas se ha sumado de forma entusiasta al dogma ecológico para poner fin a su actividad.
Pero no sólo está en grave peligro el refino de petróleo o la producción de combustibles renovables. También peligra la capacidad de España de transportar al resto de Europa lo que producimos aquí pero nos compran en el resto del continente. Y es que más del 95% de los productos perecederos españoles que se venden en Europa llegan a sus compradores a través de camión y en menos de 72 horas, todo un logro habida cuenta de las grandes distancias que hay que recorrer y de los limitados tiempos de conducción que se permiten a los transportistas. Una actividad, la del transporte de mercancías internacionales, que también está en el punto de mira del talibanismo ecológico.
Por ello, en este nuevo programa de Las Cosas del Comer, hemos realizado una entrevista doble. Hemos contado con la portavoz de la Plataforma de Combustibles Renovables, Inés Cardenal, y con el vicepresidente de la Asociación del Transporte Internacional por Carretera (ASTIC), Ramón Valdivia para desmenuzar las nefastas consecuencias que tienen para España las decisiones ideológicas en materia de energía y transporte.
Las refinerías, sin apoyo del Ejecutivo
Inés Cardenal, entre otras cosas, ha recordado que las refinerías se están transformando para producir combustibles no derivados del petróleo, los llamados e-fuels. Este tipo de carburantes están ya disponibles en 1.500 estaciones de servicio en toda España y pueden ser usados por coches gasolina y diesel, incluidos los vehículos de combustión de antigüedad elevada. De esta manera, desde el sector están trabajando en la línea ideológica marcada desde Bruselas y el Gobierno español para “descarbonizarse”. Pese al enorme esfuerzo en inversión económica de esta transformación y lo meritorio que es haber conseguido formular combustibles alternativos al petróleo y usables por el actual parque móvil de combustión, no existe ningún apoyo para esta tecnología, sino todo lo contrario.
Por otra parte, las crecientes restricciones al uso de coches de combustión, sean gasolina o diésel, introduce otra grave distorsión en el aprovechamiento de los recursos naturales. Y es que el proceso de refino del petróleo es lineal y por cada tonelada de crudo que se trata, se van obteniendo obligatoriamente los diferentes productos refinados: gasolina, gasóleo, fuel pesado, queroseno, aceites o asfaltos, entre otros. Por tanto, no es posible dedicar el 100% del petróleo a un sólo tipo de combustible o derivado.
Sin camiones, no vendemos a Europa
En el sector de la logística de mercancías también están sufriendo las consecuencias del ecologismo ideológico obligatorio. La prohibición de los motores de combustión en los camiones plantea graves problemas para el transporte de mercancías, ya que los camiones eléctricos no ofrecen las mismas prestaciones que sus homólogos diésel. Por otra parte, el vicepresidente de ASTIC, Ramón Valdivia, ha lamentado que ni el Gobierno español ni la UE estén apostando por los combustibles alternativos que pueden usarse por los actuales camiones diésel. Esta opción permitiría seguir usando la flota de camiones actual, al tiempo que se cumple con los dogmas ideológicos de la descarbonización. Defender el sector logístico español es vital para nuetra economía ya que dos tercios de lo que nuestro país vende a Europa lo transporta por camión. Además, España es la segunda potencia europea en este tipo de transporte.
Otro de los problemas que padece el sector de la logística es la falta de relevo generacional. La media de edad de los transportistas españoles llega ya a los 54 años. Urge por tanto habilitar políticas de incentivo para que haya más personas jóvenes que se planteen una carrera laboral en este sector.
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