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Manchan todo lo que tocan.
El acto institucional del Gobierno por el 8-M celebrado este miércoles 4 de marzo de 2026 en el Museo del Prado volvió a ser un espectáculo de propaganda sanchista, con Pedro Sánchez al frente repartiendo lecciones de feminismo.
Un espectáculo financiado a cuenta del contribuyente. El presidente del Gobierno clausuró el evento con su habitual tono mesiánico, insistiendo en que «los derechos de las mujeres no pueden ser coartada para bombardear otro país», en clara alusión al conflicto con Irán y la postura de Estados Unidos.
El auditorio, plagado de militantes, coreó el «no a la guerra» tras el turno de la ministra de Igualdad, Ana Redondo, que definió el feminismo como «pacifista». El Gobierno Sánchez presentó a su nuevo referente del feminismo, la activista Sarah Santaolalla, con el brazo en cabestrillo por la presunta ‘agresión’ de Vito Quiles.
Santaolalla aprovechó su intervención para reclamar «redes sociales en las que los fascistas no campen a sus anchas» y donde las mujeres «no tengan que abandonarlas».
El Gobierno, fiel a su costumbre, volvió a rodearse de sus altavoces mediáticos y activistas afines para este 8-M. Lo más esperpéntico de todo fue la comparación de Redondo del calvario que sufren las mujeres iraníes y afganas con las ‘agresiones’ a Sarah Santaolalla.
En definitiva, otro 8-M institucional convertido en fiesta sanchista disfrazada de reivindicación, donde el verdadero protagonista no fue la lucha contra la desigualdad, sino el show de Pedro Sánchez y su corte de fieles.
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