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Antonio Naranjo titula hoy su columna Los pufos de RTVE y la necesaria investigación en Telepedro: «No se trata de juzgar una línea editorial, discutible pero legítima, sino de desmantelar un arma arrojadiza al servicio mercenario de un autócrata».
Publicada el 1 de abril de 2026 en El Debate, la pieza comienza con una idea contundente: lo inaceptable en TVE no es su sesgo, que es habitual en las televisiones públicas, sino su papel como cómplice de las mentiras del gobierno y creadora de bulos.
El autor enseguida aborda el corazón del asunto, poniendo el foco en la deriva que ha tomado RTVE bajo la dirección de Sánchez.
Cita textualmente su diagnóstico: «Lo inadmisible en TVE no es su escoramiento, habitual y casi inevitable en todas las televisiones públicas, sino su disposición a acompañar al Gobierno en sus aterradoras mentiras, su complicidad para desatar campañas de acoso y señalamiento a todo aquello que perturba a Sánchez, su tendencia a fabricar, repetir o difundir bulos inaceptables y su intolerable tarea de guardaespaldas para ocultar los escándalos judiciales, institucionales y políticos que explican la trayectoria completa de Sánchez».
Esta afirmación resume la crítica principal: RTVE ha evolucionado de ser un medio público a convertirse en una máquina de propaganda vergonzosa, sostenida con fondos públicos.
Naranjo establece una clara distinción entre priorizar contenidos —algo legítimo— y lo que él considera inaudito: «construir con dinero de todos una máquina de propaganda obscena al servicio de un patrón que no supera ningún control democrático».
Enumera las irregularidades del Gobierno: no obtuvo mayoría en las elecciones, elude presentar presupuestos, ignora el Debate del Estado de la Nación y el Senado, utiliza decretos compulsivos, coloca a militantes en organismos independientes y compra apoyos parlamentarios mediante cesiones inconstitucionales. Estas cuestiones, presentadas como viñetas implícitas, retratan a Sánchez como un líder sin rendición de cuentas, con TVE actuando como su escopeta cargada.
Un párrafo significativo ilustra la politización interna: «Que además haya poblado sus programas de activistas de toda laya, sin oficio o con uno infame en un digital mercenario, rodeado de comparsas para simular una falsa pluralidad, solo confirma el diagnóstico: Sánchez ha hecho de TVE, como del CIS, un arma electoral, una especie de sicariato financiado con los impuestos que se dedica a atender las órdenes mafiosas de un presidente metamorfoseado en capo».
El texto entrelaza esta denuncia con episodios históricos. Recuerda cómo RTVE ha sido un paraíso para directivos bajo diversos gobiernos pero nunca había estado tan claramente al servicio exclusivo de uno solo. Hace mención a controversias como los Viernes Negros, la censura incluso en piezas críticas —incluso en La 2 a medianoche— y las movilizaciones contra figuras como Pablo Motos. Lamata describe paralelamente a TVE como «la escopeta de Pedro Sánchez», subrayando así la urgencia por investigar.
Uno de los últimos escándalos ha sido la purga de la periodista Isabel Durán por desvelar cómo el Gobierno Sánchez intentó implementar el voto digital pese a los riesgos que implica para el sistema y la posibilidad de pucherazo. La respuesta del ente fue primero prescindir de la profesional y luego, decir que era un bulo pese a que la información ha sido confirmada por expertos.
La conclusión llama a investigar sobre Telepedro, un arma que si no se indaga podría perpetuar el caos mercenario en nuestra televisión pública.
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