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La sede-puticlub del PSOE en Ferraz se ha convertido en un Gran Hermano donde nadie confía en nadie.
La periodista Ketty Garat publicó en The Objective unas imágenes inéditas grabadas el 1 de octubre de 2016 en la sala Ramón Rubial del PSOE durante el Comité Federal que forzó la dimisión de Pedro Sánchez.
Lo que muestran esos vídeos no deja mucho margen para la interpretación: una urna con votos sin supervisión, Sánchez comunicándose a escondidas con compinches, Susana Díaz al borde del llanto, y Juan Cornejo, mano derecha de la entonces secretaria general andaluza, agarrando por la pechera a un miembro de la Ejecutiva mientras gritaba «¡Cobardes, sinvergüenzas!».
Díaz acabó llorando y pidiendo que se restableciera el orden.
Emiliano García-Page
etiqueta el vodevil como «el peor día de mi vida» y lo describió como un «pucherazo cutre».
Esas imágenes forman parte de la investigación para el libro Todos los hombres de Sánchez, publicado por Editorial Deusto.
Y ahora Sánchez quiere saber quién las filtró.
El pendrive y la trampa de Ábalos
La investigación interna que Ferraz ha desatado apunta en una dirección incómoda. Según fuentes cercanas al caso, solo dos personas tenían acceso al pendrive con las grabaciones: Pedro Sánchez y José Luis Ábalos.
Ábalos consiguió el material siete meses después del Comité Federal, cuando ya era secretario de Organización del partido. Y según las mismas fuentes, tenía una intención muy concreta para ese material: usarlo como moneda de cambio. La idea era amenazar a Sánchez con hacer públicas las grabaciones a cambio de una reducción en las penas que la Fiscalía pide para él en el Tribunal Supremo.
La Fiscalía solicita 24 años para Ábalos por cohecho y organización criminal en el caso Koldo. El exministro comparece este miércoles ante el Supremo. Y el vídeo ha salido ahora.
La coincidencia temporal no necesita elaboración adicional.
Lo que muestran los vídeos y lo que significan
Sánchez insistió aquella tarde de octubre de 2016 en realizar una votación secreta en un pequeño despacho trasero. Las grabaciones documentan el caos que se desató cuando parte de los miembros del Comité se negaron a aceptar ese procedimiento. Finalmente se optó por una votación nominal a petición de los 252 miembros presentes.
Ese día Sánchez dimitió. Y desde entonces la narrativa oficial del sanchismo ha construido un relato épico sobre aquel Comité: el valiente outsider derrotado por los barones, que regresó triunfante en 2017 para ganar las primarias. El libro Manual de Resistencia, el Peugeot compartido con Ábalos, Cerdán y Koldo, la militancia movilizada contra el aparato.
Los vídeos de Garat añaden un matiz que estropea ese relato: el outsider también intentó hacer trampas. Y los que le derrotaron no eran más limpios que él.
La caza de brujas en Ferraz
Ketty Garat desmonta intentos de desprestigiar la exclusiva.
En un debate cara a cara con la socialista Afra Blanco.
Garat tuvo que salir a defender su trabajo y sacudió a la activista sanchista, que intentó vincular la exclusiva a conspiraciones y otros casos como el Kitchen.
La periodista lo descartó con una frase que lo resume todo: «Esto es información, verdad, periodismo».
El entorno de Sánchez ha desatado lo que dentro del partido describen como una caza de brujas para identificar al topo. Ferraz está en estado de alerta máxima. Figuras del susanismo guardan un silencio que sus adversarios interpretan como complicidad. García-Page no descarta ofrecer más detalles sobre lo ocurrido aquel día.
La tensión llega en el peor momento posible para Sánchez: con Ábalos en el banquillo del Supremo esta semana, con el juicio del caso Koldo desangrando al partido sesión tras sesión y con el libro de Garat a punto de publicarse completo con todo lo que aún no se ha visto.
El pucherazo de 2016 fue el origen del sanchismo. Los vídeos que lo documentan llevan diez años guardados en un pendrive. Y ahora están en la calle.
Sánchez quiere saber quién los sacó. La respuesta más incómoda es que los tenía alguien que ahora necesita desesperadamente reducir 24 años de condena.Claves del pucherazo:
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- Urna oculta en un despacho sin control.
- Negociaciones secretas entre Sánchez y Díaz.
- Gritos y forcejeos; lágrimas brotaron de la andaluza.
- Custodia del material durante diez años.
En este contexto, Ábalos, quien junto a Sánchez es uno de los principales afectados, pretendía obtener un trato más favorable en sus juicios por corrupción.
La filtración ha causado estragos. El partido está decidido a dar con el responsable del pendrive, mientras la tensión crece ante inminentes publicaciones como el libro de Garat.
Este escándalo reabre viejas heridas dentro del PSOE y pone a prueba la cohesión en Ferraz.
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