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Escuece el ridículo internacional, la sensación de que somos un país patético, incapaz de defender sus fronteras, con unos servicios de inteligencia de pacotilla y un Gobierno inepto y antipatriótico.
100.000 invasores que cruzan cachondeándose de la Guardia Civil y el Ejército, 100 ahogados y Sánchez panza al sol en La Mareta, a cuenta del sufrido contribuyente español.
Y en medio del caos, al estilo influencer cachonda, como si fuera un pinchadiscos de tercera, el marido de Begoña difunde en redes —repantigado en un sofá y sonriendo como un lelo— la lista de canciones que supuestamente escucha, mientras el mar sigue escupiendo cadáveres en Ceuta y la ciudad se encoge de miedo, con miles de ilegales escondidos en sus calles.
El incompetente, el mismo que afirmó despectivo durante la DANA que si los afectados necesitaban ayuda, la pidieran, fija en torno a su palacio veraniego una zona de exclusión más grande que la que cubre la boya-espigón montada a toda prisa, para atenuar futuros asaltos a nado procedentes de Marruecos.
El amo del PSOE, confiando en las proverbiales tragaderas de nuestra opinión pública, opta por el silencio y se entiende.
La única vez que ha hablado, durante su visita relámpago, exhibió una imagen de abochornante impotencia: confirmó que desde que Mohamed VI pinchó su móvil usando Pegasus, es una piltrafa en manos del monarca alauita.
Tuvo la desvergüenza de decir que la interlocución con Rabat era «fluida y muy razonable» y atribuyó el desastre a las mafias, a los mismos traficantes de carne humana que ceban las ONG que él financia con el presupuesto.
La vida, la seguridad, el patrimonio y hasta la dignidad de decenas de miles de españoles continúa en riesgo y el paisano sigue de vacaciones, incapaz de explicar si se va atreverse a defender los intereses nacionales y nuestras fronteras, como le exigen ya 22 países encabezados por Meloni.
Para calibrar la magnitud del desastre, basta echar un vistazo al panorama internacional. Sánchez ha conseguido concentrar en una sola crisis el momento de mayor tensión con Marruecos desde la Marcha Verde, el mayor distanciamiento con EEUU y el enfrentamiento más serio de nuestra historia con la Unión Europea.
Hay que ser muy bobo para lograr semejante récord.
El drama, para nosotros, para quienes creemos en la Patria, es que cuando se produce semejante desastre, quien fracasa no es sólo el ocupante de La Moncloa: quien pierde prestigio, credibilidad, honor, orgullo y capacidad de influencia es España como Nación.
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