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Se ha convertido en la bestia negra de la izquierda.
Quienes pensaban que era una política endeble, que rectificaría sus decisiones a golpe de críticas virulentas, se están llevando una nada agradable sorpresa.
Isabel Díaz Ayuso está bordando su labor como presidenta de la Comunidad de Madrid y provoca la furia de la progresía a cada medida que aplica o que reclama cuando, como el caso del aeropuerto de Barajas, no dispone de la competencia para actuar.
Ahora cargan contra ella a cuenta del aeródromo capitalino y de que está buscando excusas para culpar al Gobierno de los rebrotes que pudiera haber en Madrid.
El propio Gobierno de Sánchez, en la voz de su ministro de Transportes, José Luis Ábalos, optó por parapetarse el 20 de junio de 2020 cuando le preguntaron por la medida pedida por la presidenta madrileña en que la misma había sido solicitada muy tarde.
Ayuso respondía con datos para desmentir el bulo del experto en reuniones clandestinas en el aeropuerto de Barajas
Pero aún así la periodista Cristina Fallarás y la actriz y presentadora Anabel Alonso compraron la mercancía averiada de Ábalos y las terminales mediáticas del Gobierno Sánchez para tratar de poner contra las cuerdas a Ayuso
Algo que no les salió precisamente bien porque los tuiteros recordaron con meridiana claridad que precisamente Barajas no es un aeropuerto como los demás, que Madrid, precisamente, ha sido castigada severamente durante la pandemia y que, a fin de cuentas, ahora el Ejecutivo socialcomunista se ha sacudido la gestión para pasarle la patata caliente a unas autonomías que, obviamente, deben de mirar por su propio interés.
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