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El mal está a punto de cristalizarse.
Pedro Sánchez, sobre el papel, tiene todo a su favor para ser investido presidente del Gobierno a cambio, claro está de conceder la amnistía y otras dádivas a los independentistas.
Aún así, Joaquín Leguina, en ‘The Objective‘, considera que aún hay un pequeño halo de esperanza por el cual el regalo a los golpistas sea una mera ilusión y una más de las tantas mentiras de las que el secretario general del PSOE ha hecho gala a lo largo de su carrera política:
La negociación del sanchismo con los separatistas catalanes y vascos –que Sánchez pretendía llevar en pudoroso silencio- lleva en la calle tanto tiempo que no podía dejar indemne a su promotor. El malestar y la protesta se dispararon cuando se hicieron públicos los escritos, primero con ERC y después con Puigdemont.
Muchos y buenos analistas han puesto el grito en el cielo y a ellos se ha sumado toda la Judicatura, los fiscales y notorios colegios de abogados. Si a ellos se unen la mayoría de los grandes ayuntamientos, las comunidades autónomas regidas por la derecha y muchos millones de españoles que estamos hartos de que una sola persona ponga en peligro nuestra convivencia a cambio de seguir en La Moncloa, no veo que el porvenir político de Sánchez vaya a ser un camino lleno de rosas.
El histórico socialista revela que Sánchez no es el ganador de esta componenda con los separatistas:
Estas negociaciones que nos han llevado a donde estamos no se parecen en nada a una negociación para una investidura, sino que nos han mostrado al triunfador: un partido separatista liderado por un individuo perseguido por la Justicia y acusado de una retahíla de delitos entre los que ya se ha incluido el terrorismo; un partido que obtuvo un 1,6% del voto a nivel nacional y quedó en las elecciones del 23 de junio en la quinta posición en Cataluña.
Leguina se pregunta quién demontres era Carles Puigdemont:
Pero, ¿quién era Puigdemont antes de entrar en esta maldita negociación? Era un político acabado e irrelevante y esta entrada en escena le ha permitido, en palabras de Manuel Marín en ‘ABC’ «criminalizar al Tribunal Supremo, manejar el Congreso, silenciar al Consejo de Estado, y sentar en la sala del piano de un hotel de Bruselas al mensajero Santos Cerdán«. En efecto, la cosa no va bien cuando cada votación del Tribunal Constitucional está predeterminada; cuando se impulsan perdones selectivos para terroristas, corruptos o narcos; cuando desde el separatismo se exige procesar a los jueces que aplicaron entonces la ley.
Para quien fuera durante tres legislaturas presidente de la Comunidad de Madrid, la posibilidad de que la infamia no se perpetre es que al final Pedro Sánchez se niegue a legalizar sus promesas a los enemigos de España:
Pero hay una esperanza. ¿Cuál? Que Sánchez incumpla, como tantas veces, sus compromisos. Y cuando los acuerdos firmados con ERC, con Junts o con el PNV haya que convertirlos en leyes o en decretos, Sánchez incumpla lo firmado y esas leyes que están detrás de los acuerdos jamás sean llevadas al Parlamento. ¡Ojalá! Lo dicho: mejor la mentira que el desastre.
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