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ARTÍCULO EN 'EL DEBATE'

El asesinato de dos guardias civiles en Barbate hace estallar a Alfonso Ussía contra Sánchez, Marlaska y los paniaguados de los Goya

"Uno de sus 800 asesores escribió un mensaje en las redes sociales lamentando la muerte de los guardias civiles, compañeros de los que hacen guardia en el palacio de la ignominia"

Juan Velarde 13 Feb 2024 - 07:14 CET
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No puede estar más indignado.

Y además con toda la razón del mundo, como así lo están el resto de españoles de bien.

Alfonso Ussía no da crédito aún a lo sucedido en el puerto de Barbate (Cádiz) con los dos agentes de la Guardia Civil asesinados por los narcotraficantes que embistieron con su barcaza contra la zódiac de juguete de la Benemérita.

El columnista de ‘El Debate’ denuncia en su tribuna la escasez de medios de los miembros del Instituto Armado para hacer frente a los contrabandistas en el Campo de Gibraltar:

Dos guardias civiles asesinados por los narcotraficantes en Barbate. Un tercero mutilado. Para combatir el narcotráfico costero, por falta de presupuesto, los guardias civiles embarcan en pirauchos de 3 metros. Los narcos en lanchas de 15 metros con motores de 300 cv. Una lancha de los delincuentes abordó a un piraucho de la Guardia Civil y dos héroes fallecieron, don David Pérez Carracedo, barcelonés y perteniente al GAR con base en la Comandancia de Navarra. Dos hijos de 9 y 7 años. Y don Miguel Ángel González, de San Fernando, con anterioridad Infante de Marina, con destino en Algeciras y una hija de 12 años.

Ussía carga contra un Pedro Sánchez que prefirió irse a la gala de los paniaguados del cine español antes que estar con las familias de los asesinados. Y encima presumiendo de medios:

Se hallaban de cuerpo presente mientras en Valladolid se celebraba la gran fiesta de los subvencionados del cine. El presidente Sánchez voló de Madrid a Valladolid en un helicóptero Superpuma para evitar los tractores de la indignación agraria. Los tractores no vuelan. Después de abrazar a Almodóvar y Penelope Cruz, exigió –sobra el presupuesto– que un Falcon despegara de Madrid hasta Valladolid para su retorno. Voló y durmió tranquilamente en La Moncloa. Uno de sus 800 asesores escribió un mensaje en las redes sociales lamentando la muerte de los guardias civiles, compañeros de los que hacen guardia en el palacio de la ignominia.

Denuncia el chorro de dinero entregado a Mauritania mientras tiene a la Benemérita negándole el pan y la sal:

Previamente, había firmado una donación de 310 millones de euros a Mauritania. A la Guardia Civil, que le den morcilla. En Valladolid, cuando se comprobó que no había tractores en el aire, despegó Sánchez hacia Madrid, derrochando decenas de miles de euros en queroseno. Se sentía cansadito, pero muy feliz por el cariño demostrado de sus paniaguados.

Tampoco se libra Marlaska de las ácidas críticas del genial escritor:

En San Fernando fue inhumado, con dolor disciplinado, don Miguel Ángel González, al que se le impuso la Medalla de Oro de la Guardia Civil. En Pamplona, don David Pérez Carracedo. Amparado por la presidente de Navarra, la socialista socia de los bilduetarras, llamada algo así como Chivite, se presentó el máximo representante de la desmembración nacional de la Guardia Civil y de su reducción presupuestaria, el lamentable e impresentable ministro Marlasca. Cuando se acercó Marlasca a imponer sobre el ataúd del héroe la Medalla de Oro, la esposa del fallecido, a gritos, impidió que fuera el marido de Aitor el que impusiera la condecoración en el féretro cubierto por la Bandera de España. Marlasca no sabía qué hacer ni donde mirar. Y fue un guardia civil el encargado de depositar la medalla mientras Marlasca, abucheado por el silencio triste, se vio obligado a recular.

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