Es nuestro Groucho Marx particular.
La diferencia, eso sí, es que el original hacía reír a la concurrencia y la copia, Pedro Sánchez, provoca todas las sensaciones más desagradables que el subconsciente humano pudiera imaginar.
El inquilino de La Moncloa tiene por norma de Gobierno imitar al cómico en esa máxima de «tengo unos principios y si no le gustan, tengo otros».
El presidente socialcomunista, tal y como denuncia Vicente Vallés este 9 de marzo de 2022 en su columna de La Razón, tiene unas tragaderas inagotables, cuasi infinitas, al tener que asumir una posición y la contraria dentro de su propio Ejecutivo.
Sánchez, aunque empujado por los acontecimientos y por la posición adoptada por sus socios comunitarios, tuvo que cambiar de opinión respecto a su negativa inicial a mandar directamente armas a Ucrania para que sus tropas combatieran y repelieran las agresiones de Rusia.
Pero eso provocó que dentro del propio Consejo de Ministros le salieran las voces discrepantes de las podemitas Ione Belarra e Irene Montero llamando «partido de la guerra» al PSOE.
Lo cierto, detalla Vallés, es que a lo largo de los últimos días los españoles han asistido a una situación esperpéntica, con un Sánchez tratando de contentar a unos y a otros:
Pedro Sánchez se reunió con el secretario general de la OTAN en una visita a los efectivos españoles de la Alianza en Letonia, para proteger a los países bálticos del acoso aéreo ruso. Y Pedro Sánchez compartió acto público unas horas antes con las ministras de Podemos que reivindican la disolución de la OTAN y llaman al PSOE «partido de la guerra». Busquen –pero no encontrarán– un caso parecido en Occidente. El presidente del Gobierno demuestra, una vez más, su capacidad de resiliencia (esa palabra que tanto le gusta) y de resistencia: da igual lo que pase, todo pa’lante. La orquesta del Titanic.
El periodista de Antena 3 no duda en afirmar que estamos ante un Gobierno que apoya una cosa y, a la vez, la opuesta y sin que pase absolutamente nada:
La gestión en España de esta crisis internacional nos muestra un Gabinete en el que se defiende una postura y su contraria. Y, ni las ministras que discrepan dimiten, ni el presidente las destituye. Las dirigentes de Podemos, herederas políticas del «no a la guerra», asumen con inverosímil naturalidad que forman parte de un Gobierno que envía armas a una guerra, y el presidente admite con esa misma portentosa naturalidad que sus ministras de Podemos insulten al PSOE. En política hay cinturas envidiables.
La teoría es que pretenden presentarse juntos a las elecciones, dependiendo de cómo acabe el peculiar ‘proceso de escucha’ de Díaz. Otra teoría es que Sánchez quiere mantener esta pintoresca coalición de enemigos íntimos hasta las elecciones. Y la teoría prospectiva es que Sánchez se podría ver obligado a renovar esa misma coalición para seguir gobernando, suponiendo que le salgan los números en las próximas elecciones. A ver cómo se hace eso.
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