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Pedro Sánchez cumple ‘Díez’ días de silencio sobre el enésimo -y gravísimo- escándalo que salpica de lleno a su Gobierno y su partido.
La crisis política desatada por los audios de Leire Díez, la ahora exmilitante socialista que intentó recabar información comprometedora contra altos mandos de la UCO, ha sumido al presidente del Gobierno en un silencio absoluto. El líder del PSOE no ha ofrecido explicaciones públicas sobre este asunto que ha sacudido los cimientos de Ferraz y ha dado nuevas municiones a la oposición para intensificar su ofensiva contra el Ejecutivo.
El mutismo presidencial resulta aún más llamativo considerando que Sánchez no comparece ante los medios con preguntas desde el pasado 29 de abril, hace más de un mes. Durante este tiempo, ha evitado sistemáticamente cualquier formato que le obligue a responder sobre la polémica, incluso en actos oficiales como la reciente recepción al rey de Jordania o su comparecencia junto al primer ministro esloveno, donde no admitió preguntas.
La táctica de Moncloa es clara: ganar tiempo y dilatar cualquier explicación sobre el caso hasta que pierda intensidad mediática. Fuentes cercanas al Gobierno reconocen que el presidente intentará «prolongar este periodo de silencio», especialmente después de que Díez se diera de baja como militante, facilitando que Ferraz pueda dar carpetazo al expediente que le abrió sorpresivamente hace casi una semana.
Comparecencia aplazada hasta julio
A pesar de los intentos del PP por acelerar una comparecencia de Sánchez en el Congreso, todo apunta a que no se producirá hasta julio. La presidenta de la Cámara Baja, Francina Armengol, ha obviado la solicitud de los populares para calificar su petición, lo que en la práctica supone un retraso significativo en el calendario parlamentario.
Desde Moncloa ya asumen que el presidente tendrá que comparecer, forzado por la aritmética parlamentaria, pero buscan que esta rendición de cuentas se produzca después de las cumbres de la OTAN (24-25 de junio) y del Consejo Europeo (26-27 de junio). «Si el Parlamento lo pide, el presidente del Gobierno acudirá», reconocen fuentes del Ejecutivo, aunque admiten que la «agenda cargada» de Sánchez en estas semanas facilitará que la comparecencia se posponga.
Esta estrategia permitiría al presidente aglutinar varios motivos para explicarse, diluyendo todo lo relacionado con el caso Díez entre otros asuntos de política internacional, como ya hizo en mayo cuando compareció para hablar del aumento del gasto en defensa y del gran apagón del 28-A.
Crece la presión de los socios parlamentarios
La presión aumenta desde todos los frentes. Ya no solo es el PP quien exige explicaciones, sino que los socios habituales del Gobierno han elevado notablemente el tono. Hasta Ione Belarra, secretaria general de Podemos, ha sido contundente: «Es evidente que el presidente del Gobierno no puede permanecer más tiempo en silencio. Cada día que pasa, es un día perdido para nuestra democracia». La formación morada incluso ha advertido que no descarta apoyar la solicitud de comparecencia presentada por el Partido Popular si Sánchez no acude al Parlamento por iniciativa propia.
El silencio de Sánchez resulta cada vez más insostenible para sus aliados parlamentarios. Además de Podemos, tanto ERC como Junts han maniobrado en el Congreso para forzar una comparecencia presidencial. La situación es especialmente delicada porque los audios de Leire Díez sugieren maniobras para desacreditar a la UCO y obtener información comprometedora sobre figuras clave en investigaciones judiciales sensibles.
La operación de Leire Díez
En el centro de la polémica se encuentra Leire Díez, quien tras pasar dos horas en la sede de Ferraz este martes, solicitó su baja voluntaria como militante socialista. Según ha confirmado la portavoz del PSOE, Esther Peña, el partido entregará a la Fiscalía Anticorrupción el ‘pendrive’ que Díez llevó a la sede socialista, insistiendo en que lo entregan sin que ningún responsable del partido lo haya abierto.
Los audios publicados por El Confidencial revelan cómo Díez, que ocupó cargos en empresas públicas entre 2018 y 2024, ofreció pactos con la Fiscalía a empresarios investigados a cambio de información comprometida sobre la cúpula de la UCO. Estas grabaciones han provocado que el PP califique al Gobierno de «mafia» y «organización criminal», llegando incluso a convocar una manifestación para reclamar la dimisión de Sánchez.
Una crisis institucional
El prolongado silencio presidencial y la negativa del Gobierno a someterse al control parlamentario inmediato han elevado el tono del debate político. Desde la oposición se habla ya de una «crisis del sistema» que podría afectar al propio régimen constitucional si no se esclarecen pronto los hechos.
La secretaria general del PP, Cuca Gamarra, ha denunciado un «pacto de silencio» entre el PSOE y Leire Díez. «Aquí está la omertá claramente cerrada entre Cerdán y la fontanera de las cloacas de Moncloa», ha manifestado, exigiendo que toda la documentación sea puesta a disposición de la Justicia.
Mientras tanto, la ciudadanía observa con preocupación cómo se suceden los escándalos sin obtener las explicaciones necesarias. El caso Leire Díez ha puesto de manifiesto, una vez más, la fragilidad de nuestro sistema político y la necesidad de transparencia en las instituciones democráticas. La pregunta que flota en el ambiente es simple: ¿cuánto tiempo más podrá mantener Pedro Sánchez su estrategia de silencio?
El silencio delator
El actual periodo de silencio de Pedro Sánchez (más de un mes sin preguntas de la prensa) es el más prolongado desde que llegó a la Moncloa en 2018, superando incluso los momentos más críticos de la pandemia. Curiosamente, esta estrategia contrasta radicalmente con su promesa de «transparencia absoluta» cuando llegó al Gobierno tras la moción de censura contra Mariano Rajoy.
Según un recuento realizado por periodistas parlamentarios, en lo que va de legislatura Sánchez ha comparecido voluntariamente en el Congreso solo en tres ocasiones, frente a las once comparecencias que realizó Rajoy en un periodo equivalente de su mandato. Este dato resulta especialmente relevante considerando que Sánchez criticó duramente la «opacidad» del anterior presidente.
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