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TRAMAS, CONTRATOS Y EXONERACIONES EN EL PSOE

Leire Díez la ‘pocera’ estaba a sueldo del socialista Gaspar Zarrías, el perejil de todas las corrupciones del PSOE

La contratación de Leire Díez por Gaspar Zarrías revela nuevas maniobras internas en el PSOE, entre informes secretos, vídeos comprometidos y el perdón judicial a viejos fontaneros socialistas

Periodista Digital 13 Jun 2025 - 01:08 CET
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Cuando parecía que el caso de los ERE de Andalucía se evaporaba en los despachos del Tribunal Constitucional, surge un nuevo capítulo propio de novela negra: Leire Díez Castro, apodada la ‘pocera’ o ‘fontanera’ del PSOE, estuvo a sueldo del histórico Gaspar Zarrías precisamente cuando recababa información sobre mandos de la Guardia Civil, jueces y fiscales.

La historia gana matices de culebrón: contratos relámpago, reuniones secretas y hasta vídeos sexuales que nunca vieron la luz.

El fichaje de Díez por la consultora Zaño, propiedad del propio Zarrías, se produjo en junio de 2024, apenas días después de una cita discreta entre la investigadora y Santos Cerdán, secretario de Organización del PSOE y uno de los guardianes del núcleo duro socialista. Desde entonces, su paso por el partido fue meteórico… y también efímero.

Todo se torció cuando la prensa publicó imágenes suyas entrando en la sede central del PSOE, en la calle Ferraz de Madrid. En ese momento, la dirección socialista optó por poner distancia y Leire abandonó discretamente el puesto.

De las alcantarillas a Ferraz: una fontanera en apuros

Las funciones de Leire Díez iban mucho más allá del trabajo administrativo. Durante los meses que permaneció contratada por Zaño –de junio a octubre de 2024– se dedicó a reunir información sensible para uso interno del partido. Los objetivos: miembros destacados de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil y profesionales clave del ámbito judicial. Entre las perlas que intentó colocar estaba un vídeo sexual del fiscal José Grinda, grabación que ofreció sin éxito al director Pedrojota Ramírez para su publicación, según ha trascendido estos días.

A medida que se destapaban sus gestiones paralelas y su relación directa con figuras tan polémicas como Zarrías o Santos Cerdán, la posición de Díez dentro del partido resultaba cada vez más incómoda. La caída fue tan rápida como su ascenso: bastó con que los medios hicieran públicas sus visitas a Ferraz para que fuera apartada fulminantemente.

No es la primera vez que las maniobras internas acaban salpicando al partido. El historial reciente del PSOE está lleno de episodios parecidos: dimisiones forzadas, filtraciones interesadas y movimientos para tapar agujeros antes de que rebosen.

Zarrías: el eterno superviviente

Pero si hay un protagonista recurrente en esta saga es Gaspar Zarrías. Considerado el “súper fontanero” del PSOE por su capacidad para manejar crisis internas y controlar hasta el último detalle desde los sótanos del poder andaluz, Zarrías fue condenado por la Audiencia Provincial de Sevilla a nueve años de inhabilitación por prevaricación continuada en el escándalo multimillonario de los ERE. El Supremo ratificó esa sentencia en 2022, pero en julio de 2024 todo cambió: el Tribunal Constitucional anuló la condena y ordenó repetir el juicio al considerar vulnerado su derecho a la legalidad penal.

Esta exoneración ha permitido a Zarrías reactivar su agenda política y empresarial con renovado brío. Líderes socialistas como María Jesús Montero no han dudado en defenderle públicamente; para ella es “un maestro” en las lides gubernamentales y políticas. De hecho, tras su perdón judicial recibió una ovación cerrada en el Congreso Federal socialista celebrado en Sevilla junto a otros exonerados ilustres como Manuel Chaves y José Griñán.

Contratos exprés y puertas giratorias

El caso Díez-Zarrías no es un episodio aislado dentro del partido. En paralelo a este fichaje exprés, fuentes cercanas al sector postal han confirmado que el PSOE forzó la salida del jefe histórico de Innovación en Correos tras diez años al frente para hacer hueco precisamente a Leire Díez como nueva directora. Durante esa etapa, Díez avaló además que un grupo empresarial previamente multado por el Banco de España lograra entrar como adjudicatario en contratos públicos con Correos.

Estos movimientos internos ilustran hasta qué punto las redes clientelares siguen activas dentro del partido y sus empresas satélite. Las llamadas puertas giratorias adquieren aquí una nueva dimensión: no solo se trata de recolocar leales tras cada crisis interna o cambio judicial, sino también –y esto es lo novedoso– utilizar perfiles como el de Leire Díez para labores más propias de los servicios secretos que de una consultora convencional.

Un cóctel explosivo: información secreta, vídeos prohibidos y traiciones

El episodio más rocambolesco lo protagonizó Díez cuando intentó vender a medios nacionales un vídeo sexual comprometedor sobre el fiscal Grinda. La operación no prosperó, pero dejó claro hasta qué punto algunas guerras internas se libran también con munición muy poco ortodoxa. Esta práctica recuerda a los métodos utilizados históricamente por los llamados “fontaneros” políticos: buscar información comprometedora sobre adversarios o incluso sobre compañeros incómodos para ganar posiciones o neutralizar amenazas internas.

La propia María Jesús Montero lo resumió hace poco con ironía andaluza al referirse a Zarrías como “el maestro” capaz de salir indemne incluso cuando todos creían haberlo visto hundido. El secretario general Santos Cerdán habría confiado en Leire Díez para determinadas tareas delicadas justo antes del estallido mediático.

¿Y ahora qué? Las consecuencias (y alguna anécdota)

El caso ha dejado varias consecuencias inmediatas:

Como curiosidad final: algunos veteranos recuerdan cómo Zarrías era capaz –según María Jesús Montero– hasta “de votar con los pies”, una referencia jocosa a su habilidad para moverse rápido entre despachos cuando olía problemas cerca. Y otra anécdota digna de guion televisivo: fue precisamente una chapuza logística –una foto tomada in fraganti entrando en Ferraz– lo que precipitó el cese fulminante de Leire Díez.

Entre tanto escándalo encadenado queda claro que las cloacas –como diría Leire– siempre encuentran un modo de rebosar… aunque sea con aroma institucional.

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