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En el XXI Congreso del Partido Popular, Mariano Rajoy ha vuelto a ejercer de referente moral y político para su partido. Su intervención, lejos de buscar titulares fáciles o alimentar la crispación, ha sido una llamada a la sensatez y la moderación, dos valores que, según él, deberían guiar el cambio que promete el PP. Rajoy ha sido claro: el partido no debe caer en la tentación de hacer “un nuevo sanchismo con logo del PP”, ni dejarse arrastrar por el “afán de revancha” que algunos reclaman desde las filas más impacientes.
En un clima político marcado por los escándalos judiciales que acorralan al Gobierno y al PSOE, y con la estrategia de Feijóo de evitar cualquier sobresalto interno, Rajoy ha recordado que el PP no puede ni debe parecerse a aquello que critica.
“Combatir el extremismo con otro extremismo sería un error histórico”, ha advertido. Frente a la polarización, el expresidente reivindica la sensatez, los principios constitucionales y el respeto al adversario, como señas de identidad de un partido que, a su juicio, está preparado para volver a dirigir España.
El congreso, envuelto en una escenografía que no ha escatimado en referencias a los escándalos socialistas, ha querido proyectar la imagen de un PP unido y responsable, dispuesto a “dejar la oscuridad atrás”. Pero Rajoy ha ido más allá del simple contraste con el adversario: ha encomendado a los suyos la tarea de “reconstruir la moral pública en España” y devolver prestigio e independencia a las instituciones, erosionadas –según él– por la gestión del actual Gobierno.
No han faltado, por supuesto, las críticas a la ley de amnistía y al Tribunal Constitucional, al que Rajoy acusa de haberse convertido en “una sucursal más del Gobierno”. Sin citar a Pedro Sánchez, ha responsabilizado al Ejecutivo de la “nefasta” situación política y de haber “roto todos los consensos fundamentales”, apostando por la división y el enfrentamiento.
El mensaje de Rajoy es claro: el PP debe aprovechar la crisis del adversario, pero sin perder el norte ni su propia esencia. La regeneración no puede ser solo un eslogan ni una reacción visceral, sino un compromiso real con la sensatez, la moderación y el respeto institucional. Solo así, sugiere el expresidente, el PP podrá liderar un cambio que no sea solo de nombres, sino de rumbo y de valores.
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