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Un abecedario de escándalos recorre el PSOE

La corrupción del Regimen Sanchista: de la A de Ábalos a la Z de Zapatero pasando por la B de la mujer de Sánchez

Desde contratos irregulares hasta presiones en el ámbito judicial, pasando por prostibulos, comisiones ilegales, Caja B, sobres con billetes, mascarillas deterioradas y muchas mentiras

Periodista Digital 10 Nov 2025 - 08:18 CET
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En el corazón putrefacto del Régimen Sanchista, donde el poder se teje con hilos de sobornos y favores ocultos, preside como gran capo el amo del PSOE.

Y el periodista Ramiro Fdez-Chillón ha elaborado en El Debate, este lunes 10 de noviembre de 2025, un abecedario del escándalo que surge desnudando la podredumbre: de la A de Ábalos, el exministro devorado por cohechos y organizaciones criminales que le han llevado directo al banquillo del Supremo; pasando por la B de Begoña Gómez, la esposa presidencial imputada en un laberinto de tráfico de influencias y malversaciones que convierten la Moncloa en epicentro de intrigas; hasta llegar a la Z de Zapatero, el exlíder reconvertido en embajador de facto de torturadores chavistas y lobista de regímenes autoritarios.

Este catálogo alfabético no es solo un rosario de nombres caídos –Koldo, Cerdán, Delcy–, sino un gancho afilado que cuestiona: ¿hasta cuándo España tolerará que la corrupción sea el verdadero sello de Estado de un gobierno que se jacta de regeneración?

España se encuentra inmersa en una crisis de legitimidad política sin precedentes en los tiempos recientes.

El socialista Sánchez, lejos de optar por la convocatoria electoral tras el rechazo a sus tres últimos presupuestos —una situación que habría llevado a cualquier gobierno minimamente democrático  a dimitir—, se presenta como un representante de la voluntad popular.

La paradoja es clara: mientras demanda responsabilidades por corrupción a otros, su círculo cercano y su partido están involucrados en una serie de escándalos que han convertido al PSOE en el epicentro del conflicto judicial.

No es exagerado decir que Sánchez es el presidente más comprometido por la corrupción en la historia reciente del país. Sin su liderazgo, nada de esto habría sido posible.

De hecho, informes policiales y judiciales le identifican como «el uno», el eje desde el cual todo se gestaba.

El desgaste es tan evidente que medios internacionales como The Times ya señalan que estamos ante la peor crisis del mandatario desde 2018, con casos que afectan a familiares, colaboradores y altos cargos del partido. La estrategia de Sánchez ha sido clara: repartir culpas, atacar a la oposición y posicionarse como víctima de una campaña orquestada. Pero los hechos son contundentes.

El Gobierno ha perdido batallas legales para frenar las investigaciones y cada semana emergen nuevos episodios que alimentan la desconfianza ciudadana.

El estado de necesidad no solo es político; también es moral: España requiere un Gobierno íntegro y unas instituciones robustas. Sin embargo, lo que observamos es un presidente deslegitimado, una administración bajo sospecha y una sociedad cada vez más incrédula.

El abecedario completo

La corrupción no es un hecho aislado, sino un sistema profundamente arraigado dentro del PSOE.

Los casos se entrelazan, se retroalimentan y afectan todos los niveles, desde asesores hasta ministros activos.

Sánchez ha convertido La Moncloa en el núcleo de una trama donde convergen intereses privados, familiares y partidistas con inquietante normalidad.

Resumido, este es el “pringoso abecedario” publicado en El Debate:

Antecedentes: De la moción contra Rajoy al lawfare actual

La evolución política reciente arroja luz sobre cómo hemos llegado hasta aquí.

En 2018, Sánchez llegó al poder tras una moción contra Mariano Rajoy motivada por actos corruptos relacionados con el PP. Entonces clamó por responsabilidades políticas y éticas; hoy evita cualquier gesto similar pese a las acusaciones contra su entorno.

Sánchez utilizó los escándalos del Gobierno socialista encabezado por Felipe González para intentar restar importancia al actual caso PSOE. Durante un pleno monográfico sobre corrupción recordó situaciones históricas —como las vinculadas a Luis Roldán— pero se presentó como líder del “Gobierno más limpio” en medio siglo.

La contradicción es evidente; mientras señala al PP o critica a Esperanza Aguirre e Isabel Díaz Ayuso —a quien apoda “el galgo”— él dirige un Ejecutivo manchado por tramas millonarias.

La táctica actual consiste en acusar a los jueces investigadores —Leopoldo Puente, Ángel Hurtado—de lawfare o persecución política. Sin embargo, los tribunales han rechazado sistemáticamente estas maniobras; incluso la Fiscalía ha tenido que intervenir para respaldar investigaciones como las relacionadas con Begoña Gómez.

Consecuencias políticas e institucionales

La acumulación incesante de casos genera efectos profundos:

Medidas anunciadas… ¿y cumplidas?

Frente a esta presión mediática y judicial creciente, Sánchez ha presentado un Plan Estatal contra la Corrupción con propuestas parcialmente recicladas:

Sin embargo, estas propuestas llegan tras siete años sin avances concretos; además muchas ya estaban contempladas o son demandas recurrentes desde hace tiempo.

Datos sobre el caso

Algunas anécdotas ilustran mejor que ningún análisis oficial lo surrealista —y preocupante—de esta etapa política:

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