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Pedro Sánchez ha partido hacia una cumbre con líderes de naciones distantes, dejando tras de sí problemas ferroviarios y acusaciones de corrupción que afectan a España.
El presidente del Gobierno ha recorrido 11.000 kilómetros para conversar con los mandatarios de Botswana, Burundi, Georgia y Bután, en un foro que carece de gran relevancia internacional. Esta decisión se produce en medio de un auténtico caos doméstico: trenes parados por fallos crónicos y denuncias que salpican a su círculo cercano.
El viaje ha suscitado críticas en la oposición, justo cuando el país enfrenta graves problemas en el transporte público. Renfe se encuentra sumida en retrasos masivos y averías que afectan diariamente a miles de viajeros, un problema crónico que el Gobierno no ha conseguido solucionar a pesar de las millonarias inversiones realizadas.
En este contexto, Sánchez ha decidido dar prioridad a esta cita exótica, donde se reunió con Mokgweetsi Masisi de Botswana, Évariste Ndayishimiye de Burundi, Irakli Kobakhidze de Georgia y Tshering Tobgay de Bután. Estos líderes provienen de países con poblaciones reducidas y agendas internas, sin un peso significativo en la geopolítica europea o africana.
La oposición no ha tardado en criticar esta doble escapada. Desde El PP, acusan al Ejecutivo de estar completamente desconectado de la realidad española. En un escenario marcado por una inflación persistente, un desempleo juvenil que alcanza el 27% y un sistema ferroviario colapsado, estos desplazamientos parecen un lujo innecesario. Fuentes cercanas al Gobierno defienden el viaje como parte de una diplomacia multilateral; sin embargo, los críticos lo ven como una mera actuación: ¿qué beneficios obtiene España al dialogar con Bután, un reino himalayo con apenas 800.000 habitantes?
El foro, caracterizado por su perfil bajo, apenas logró reunir delegaciones relevantes. Sánchez pronunció discursos sobre cooperación sur-sur pero sin compromisos concretos ni inversiones anunciadas. El evento emiratí se centra en negocios privados y carece del eco diplomático necesario. Su ausencia en el Consejo de Ministros, donde se aprobaron presupuestos prorrogados y reformas laborales, pone de manifiesto las fisuras dentro del liderazgo socialista.
Este movimiento llega tras semanas marcadas por el desgaste político. El PSOE se enfrenta a investigaciones por presunta corrupción vinculada a contratos públicos, siendo citada incluso a declarar Begoña Gómez en casos sensibles. Los trenes, símbolo del desastre logístico del país, han registrado un incremento del 20% en incidencias durante 2026 respecto al año anterior según datos proporcionados por Renfe. La ciudadanía está cansada de promesas incumplidas y percibe estos viajes como una evasión ante la realidad.
La prensa conservadora no ha perdido la oportunidad para ironizar: ¿es realmente prioritario Bután sobre Barcelona? Un tuit viral captura bien el sentir popular: «Sánchez vuela más que los trenes que no funcionan». Políticos de VOX han propuesto auditar los gastos relacionados con estos viajes mientras que el PP exige explicaciones directas en el Congreso.
En casa, el Gobierno acumula críticas por su inacción continuada. Fuentes socialistas minimizan la situación diciendo que «son viajes protocolarios». Sin embargo, la percepción pública es clara: existe una desconexión entre la élite política y la ciudadanía.
Curiosamente, cabe mencionar que Bután mide su progreso mediante la Felicidad Nacional Bruta en lugar del PIB; tal vez Sánchez busque aprender alguna lección aplicable para España. Por otro lado, Burundi, uno de los países con menor PIB per cápita (300 dólares), contrasta notablemente con este derroche aéreo innecesario. Y finalmente está Dubái. Allí tienen lugar foros repletos de jeques millonarios pero escasa representación ministerial europea. Mientras tanto, Georgia asiste al viaje ansiosa por acercarse a la UE mientras España lidia con sus propios problemas internos.
Por último, cabe destacar que el coste total del vuelo presidencial asciende a aproximadamente 500.000 euros; Renfe perdió 200 millones debido a averías solo el año pasado. España anhela trenes puntuales más que discursos lejanos.
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