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María Jesús Montero, la eterna vicepresidenta, ministra de Hacienda y la candidata que presentó el PSOE a presidir la Junta de Andalucía —cariñosamente conocida como «Chiqui» o la reina del «Mopongo»—, ha convertido su campaña en un auténtico reality show de tropiezos. Y el colofón no pudo ser más redondo: el PSOE ha firmado el peor resultado de su historia en la comunidad que durante décadas fue su feudo indiscutible.
Todo empezó con un «accidente laboral» de manual. Durante el debate en Canal Sur, al referirse a la muerte de dos guardias civiles en Huelva mientras perseguían una narcolancha, Chiqui los encuadró en la categoría de «accidentes laborales».
El PSOE, bajo el liderazgo de Chiqui, se ha quedado en torno a los 28 escaños, por debajo de los ya paupérrimos 30 de Juan Espadas en 2022. Un resultado histórico en lo malo. Mientras el PP de Juanma Moreno gana pero pierde la mayoría absoluta, y Vox aguanta, los socialistas han tocado fondo.
Ironías de la vida: la misma Montero que desde Madrid ha defendido con uñas y dientes las políticas de Sánchez (incluyendo guiños varios y reparto de fondos que Andalucía no siempre ha visto con buenos ojos) ahora recibe la factura en casa. Mandar a la número dos del Gobierno a reconquistar el sur era como enviar a un fontanero con las manos atadas a arreglar una tubería rota. Resultado: inundación total.
El PSOE andaluz no solo ha perdido unas elecciones: ha protagonizado el mayor fail colectivo reciente. Y todo mientras ella, impertérrita, probablemente ya esté pensando en un nuevo cargo en Madrid.
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