Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

EL PARADIGMA DE CÓMO EMPEORAR UNA CRISIS

Cinismo desde el minuto 1: Sánchez dijo que Marlaska se quedaba en Ceuta tras la invasión, pero el ministro ‘escapó’ a las pocas horas

La crisis migratoria en Ceuta revela la desconexión entre Moncloa y la ciudad autónoma, con Marlaska como la cara de unas promesas que fueron más breves que su visita

Fernando Veloz 18 Sep 2026 - 09:24 CET
Archivado en:

Más información

Una soberbia Alicia García (PP) sopapea a Marlaska por el descontrol de Ceuta y le da diez razones objetivas para dimitir

Juan Jesús Vivas alerta del riesgo que entraña la dejadez de Sánchez con Ceuta: “En cualquier momento puede saltar la chispa”

La imagen de Fernando Grande-Marlaska como ministro “de guardia” en Ceuta estuvo presente solo unas pocas horas, pese a que Pedro Sánchez había anunciado que se quedaría varios días para supervisar la situación tras la masiva llegada de migrantes, tal como puntualizó El Debate en su crónica sobre esa visita presidencial, convirtiendo ese gesto en una metáfora de una gestión caracterizada por promesas pasajeras. Lo que al principio se presentó como una prueba del compromiso del Gobierno con la seguridad de la ciudad autónoma ha sido, al final, usado por la oposición y por el propio Ejecutivo ceutí como ejemplo de una respuesta improvisada ante uno de los desafíos migratorios más significativos de los últimos tiempos.

No se trata solo de la rápida salida de Marlaska, sino de lo que implica esa fuga política en una ciudad que llevaba horas desbordada por la entrada irregular de decenas de miles de personas. Allí, las administraciones apenas lograban llegar a un acuerdo ni siquiera sobre quién debía asumir el pago de un informe forense de 80 euros para determinar si uno de los migrantes era menor de edad. Ceuta se transformó en un laboratorio de choques institucionales, con el Gobierno central asegurando que se utilizarían “todos los recursos del Estado”, mientras en el terreno se sentía un claro abandono.

Promesas solemnes y salidas discretas

En la comunicación oficial de Moncloa, la visita de Sánchez a Ceuta se diseñó como una demostración de solidez institucional: defensa de la integridad territorial, coordinación con el presidente ceutí Juan Jesús Vivas y compromiso de presencia continua del ministro del Interior. El mensaje era nítido: el Estado no se movería de allí hasta que la normalidad regresara.

Sin embargo, el contraste entre esa promesa y la marcha precipitada de Marlaska alimentó la narrativa de una reacción improvisada. Fuentes locales destacaron que la ciudad permanecía en estado de conmoción, con miles de personas albergadas en condiciones precarias y las fuerzas de seguridad al límite, mientras el responsable político que debía “supervisar” la crisis ya se había marchado a Madrid. Así, la guardia de Ceuta terminó convirtiéndose en un breve turno.

Este episodio forma parte de una serie más amplia de mensajes contradictorios:

En Ceuta, la sensación es que la política de gestos –visita fugaz, ministro de guardia, grandes declaraciones– ha sido más relevante que una estrategia sólida.

Ceuta, atrapada entre competencias, menores y 80 euros

Mientras en Madrid se debatía si la crisis era una “invasión” o no y qué debería decir el presidente en el Congreso, en Ceuta la controversia era mucho más práctica: quién asume el pago del peritaje forense que verifica si un migrante es menor de edad. Este asunto, que parece trivial, ha terminado simbolizando las tensiones en cuanto a competencias.

Algunos elementos de este choque institucional son:

En este entorno, las declaraciones de Sánchez apuntando a Vivas por los menores “aún en las calles” fueron calificadas de “salida de tono” por el propio presidente ceutí, quien recuerda que la identificación depende de Interior y la Delegación del Gobierno. En Ceuta, se percibe que la factura se reparte con más celeridad que las responsabilidades.

Este conflicto ha sacado a la luz tres tensiones subyacentes:

  1. Seguridad vs. humanidad: el discurso de “todos serán devueltos” pronto entró en conflicto con la realidad de menores, posibles solicitantes de asilo y personas vulnerables que no encajan en el retorno masivo.
  2. Estado vs. autonomía: cada administración se aferra a la interpretación más beneficiosa de las competencias, mientras Ceuta demanda que, ante una llegada de 80.000 personas, no se puede aplicar la lógica habitual.
  3. Marruecos, socio imprescindible y sospechoso discreto: el Gobierno se esfuerza en desmentir cualquier orquestación desde Rabat, aunque admite horas de pasividad en la frontera y circulan informes que sugieren una posible coordinación en el salto.

En medio de esta situación, la figura de Marlaska se presenta como el ministro que debería haber simbolizado la continuidad del Estado en Ceuta, pero que acaba siendo recordado por su breve estancia.

Lo que deja la guardia más corta del ministro

La controversia generada por la rápida partida de Marlaska ha tenido varias repercusiones políticas:

Al mismo tiempo, el Gobierno intenta reorientar su discurso, poniendo un nuevo énfasis en la legalidad internacional, el asilo y la colaboración con Rabat para asegurar devoluciones conforme a la ley. El problema para Moncloa es que las imágenes de la frontera colapsada y del ministro dejando Ceuta antes de “normalizar” la situación pesan más que las notas oficiales.

Y, a pesar de ello, en Ceuta se continúa discutiendo sobre expedientes, traslados de menores, facturas médicas y quién se encarga de contratar a los abogados que gestionan cada caso. La guardia del Estado, más que una persona, se ha convertido en un puzzle administrativo.

Más en Política

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

CONTRIBUYE

Mobile Version Powered by