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La amenaza no ha tenido los resultados esperados para el Ministerio de Igualdad.
Irene Montero, parapetada tras el Instituto de la Mujer de Beatriz Gimeno, había enviado una carta, basada en una denuncia anónima, a una empresa de San Sebastián de los Reyes, en Madrid, por entender que estaba vulnerando la igualdad entre hombres y mujeres.
Bueno, en este caso concreto entre niños y niñas. La justificación de la ‘extorsión’ administrativa se basaba en que los lemas de esas placas colocadas en las puertas de las habitaciones infantiles relegaban a las chicas a un mero papel de figurantes de cuentos de hadas mientras que a los niños se les daba la oportunidad de ejercer papeles relevantes de superhéroes o de piratas.
Huelga decir que, aunque uno pueda posteriormente echarse unas risas ante el tamaño disparate de esa reclamación, lo cierto es que recibir la misiva del Ministerio de Igualdad o, lo que es lo mismo, de una de las tantas extremidades que tiene el Gobierno socialcomunista no resulta un plato de buen gusto.
Pero con lo que no contaban en el departamento de Irene Montero era con la contundente respuesta que iba a dar Isabel Díaz Ayuso.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, que ha demostrado que lo de arrugarse no va con ella, se ha posicionado del lado de la empresa y advirtiendo severamente que tanto en Madrid como en el resto del país las ideologías totalitarias no tienen cabida.
La reacción de la líder del PP en la Comunidad de Madrid fue aplaudida de manera masiva en Twitter:
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