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Duro.
Sin concesiones.
A la cabeza.
Arranca Eduardo Inda subrayando que el único español que, por razones evidentes, no puede hacer el ridículo es el jefe del Estado.
Porque representa a los 50 millones de españoles y porque, en consecuencia, encarna algo tan crucial como nuestra historia, nuestras instituciones y nuestra legalidad.
Y enseguida mete un párrafo estremecedor: «Felipe VI tiene dos problemas: que está arrojando por la borda a velocidades hipersónicas su hasta ahora indiscutido e indiscutible prestigio y que suma demasiados ridículos en muy poco tiempo».
Y tras recordar el ‘incidente’, acaecido el lunes durante su visita a una exposición titulada ‘La mitad del mundo. La mujer en el México indígena’, viene otra andanada demoledora:
El deplorable espectáculo de contemplar a la Corona arrastrándose ante todo bicho viviente woke no terminó ahí. Veinticuatro horas después, el Consejo de Ministros socialcomunista, apoyado no lo olvidemos por ETA, sicarios chavistas y golpistas catalanes, respaldó «al 100%» las palabras de Don Felipe. Cómo serían las cosas, o kómo más bien, que hasta el Canal Red del delincuente de Pablo Iglesias aplaudió el degradante gesto del jefe del Estado con el dúo Sheinbaum-Obrador.
Inda titula hoy su columna “Eduardo Inda asegura que Felipe VI enfrenta dos problemas y ambos son muy graves”, publicada este domingo en OKDiario.
En este análisis, el periodista comienza con una afirmación contundente: el Rey está dilapidando su prestigio a un ritmo vertiginoso, sumando deslices en un corto plazo mientras se esfuerza por agradar a los progresistas y se somete a Pedro Sánchez, incluso en su forma de expresarse.
Inda no se guarda nada en sus críticas.
Reproduce de manera textual su diagnóstico sobre la monarquía: “El Rey está arrojando por la borda, a velocidades hipersónicas, su hasta ahora indiscutido e indiscutible prestigio”.
El primer gran problema radica en la acumulación de meteduras de pata, desde gestos protocolarios cuestionables hasta apariciones que comprometen la neutralidad de la institución. A esto le suma un segundo gran error: la sumisión verbal al Gobierno.
“Cuando el Rey se esfuerza por agradar a los progres y se pliega a Sánchez hasta en el lenguaje”, sentencia Inda en un pasaje crucial.
Aquí detalla cómo Felipe VI empieza a utilizar términos de corte progresista, como en discursos recientes que remiten a agendas ideológicas, lo que genera tensión con sectores más conservadores.
Este sometimiento lingüístico, argumenta, no solo polariza opiniones, sino que también acelera la pérdida de su imagen como árbitro imparcial.
El periodista resume los recientes desatinos en puntos concretos:
- Discursos que incluyen jerga sanchista, alejando a los votantes de derecha.
- Gestos de acercamiento hacia la izquierda que generan rechazo en Madrid y otros bastiones populares.
- Silencios ante políticas controvertidas del Ejecutivo, vistos como complicidad.
Inda concluye que estos dos grandes problemas –la caída del prestigio y la sumisión verbal– ponen en jaque a la Corona en un clima de tensiones políticas intensas.
“Suma demasiados ridículos en muy poco tiempo”, enfatiza en otro fragmento literal, invitando a reflexionar sobre si Zarzuela tomará medidas para corregir el rumbo antes de que sea demasiado tarde. La columna termina con una pregunta intrigante: ¿sobrevivirá el Rey a su propio deseo de complacer?
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