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Sánchez permite al vicepresidente de la coleta dar un mitin desde La Moncloa saltándose la cuarentena que imponen a multazos a todos los españoles

Eduardo Inda afirma que da asco ver a un ‘infecto’ como Pablo Iglesias intentando sacar rédito político de esta crisis

Podemos lanza un vídeo de propaganda en el que mezclan el coronavirus con el 11-M o el Prestige

Periodista Digital 20 Mar 2020 - 08:26 CET
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No parece que Pablo Iglesias este todavía infectado, pero se confirma que es un personaje infecto. Política, moral, social  y personalmente.

Los usuarios de las redes sociales han recordado esta noche al insolidario Iglesias y al resto de dirigentes de Podemos su responsabilidad directa por los más de 800 muertos registrados hasta hoy en España, a causa de la epidemia del coronavirus, rebautizando a su partido como .

Podemos intentó primero apropiarse del movimiento espontáneo de los balcones, desde el que los españoles agradecen cada noche con aplausos la labor del personal sanitario que lucha contra la pandemia.

Dando una muestra más de su sectarismo, Pablo Iglesias pretendió convertirse en portavoz de los españoles asegurando que estos aplausos están dirigidos exclusivamente a los profesionales de la sanidad pública.

Pero Podemos dio un paso más el miércoles, al impulsar una cacerolada contra el Rey desde los balcones.

Esta convocatoria fue difundida en las redes por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, por el ministro de Consumo Alberto Garzón y por las cuentas oficiales de Podemos y de Izquierda Unida.

Con ese telón de fondo, el periodista Eduardo Inda analiza este 20 de marzo de 2020 en Okdiario las comparecencias públicas de los responsables del Gobierno socialcomunista, dedicando un capítulo aparte a la desquiciada rueda de prensa que compartieron en la mañana del jueves el inane ministro Illa y el caradura Iglesias.

El secretario general de Podemos está -o debería de estar- en cuarentena, desde que su pareja, la ministra de Igualdad, Irene Montero, dio positivo en el test del coronavirus el pasado 12 de marzo.

La situación le obligaría a permanecer aislado, por razones obvias.

Sin embargo, ya han sido tres las comparecencias de Iglesias, que parece no entender que su presencia pública constituye un riesgo evidente.

La cuarentena es una obligación para todos aquellas personas que han estado en contacto con contagiados y cumplirla no es una opción, por mucho que sea vicepresidente del Gobierno de España.

Más aún, por serlo, Iglesias debería ser aún más estricto en su cumplimiento.

¿Qué ocurriría si todos los españoles hiciéramos lo mismo que el líder de Podemos?

¿Tiene bula o una dispensa especial por ostentar un puesto político relevante?

Si miles de españoles han sido multados por saltarse las normas contempladas en el decreto del estado de alarma, ¿cuál es la razón para que Iglesias pueda moverse libremente teniendo en cuenta que se encuentra en situación de cuarentena?

El vicepresidente segundo del Gobierno es una amenaza para el conjunto de la sociedad, pero, en el colmo del sarcasmo, este jueves acompañó al ministro de Sanidad, máximo responsable en la lucha contra el coronavirus, en una rueda de prensa patética, que convirtió en un acto de propaganda masiva.

Inda califica la comparecencia como «un ejercicio de demagogia repugnante y vomitivo, que demuestra que la maldad en  política es, en el caso de Pablo Iglesias, infinita».

«En lugar de decirnos qué van a hacer para solventar lo antes posible esta crisis, el vicepresidente segundo del Gobierno se ha dedicado a dar un mitin. Parecía como si estuviera de nuevo en Vistalegre o en la Puerta del Sol. Se ha dedicado a cantarle las cuarenta al Gobierno de Mariano Rajoy, a poner a parir al Ejecutivo de Zapatero por introducir la austeridad fiscal en la Constitución y a criticar implícitamente al jefe del Estado. La verdad es que eso no venía a cuento».

«Los españoles queremos soluciones sanitarias, sociales y económicas, no demagogia ni tampoco mítines».

«Tiene triste gracia que este mitin lo dé una persona que forzó la celebración del 8M».

No se puede arremeter contra Amancio Ortega en campaña y pasar a aceptar su ayuda sin que medie autocrítica.

No se pueden imponer medidas de seguridad y convertirse al mismo tiempo en la excepción a la norma que rige para la gente, esa gente que él dice representar aún.

Pero sobre todo, no es admisible la desfachatez de cargar contra el Rey, que es el jefe del Estado, mientras se coloniza ese mismo Estado con colocaciones de afines que alcanzan el ámbito más doméstico.

Esta dramática pandemia se ha convertido en la enésima ocasión para dar la razón a aquel Sánchez que decía que no podría dormir con el zarrapastroso de Iglesias en su Gobierno.

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