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Un completo esperpento.
Después de coronarse por la gestión del crucero con pasajeros infectados por hantavirus, Mónica García, ministra de Sanidad, protagonizó un ridículo momento ante la prensa internacional que cubría el desembarco del crucero MV Hondius. De esos que piensas, ‘tierra, trágame’.
‘Médica y Madre’, elevó su condición de ‘MeMa’ -apodo que ella misma cultiva- a niveles estratosféricos.
García decidió prescindir del guion y lanzarse a responder en inglés. El resultado: un espectáculo penoso que ha corrido como la pólvora por redes sociales y medios.
Con la torpeza de quien se cree preparada pero no lo está, la ministra balbuceó, titubeó y perdió completamente el hilo ante preguntas en inglés de corresponsales extranjeros. Su nivel de idioma, lejos de impresionar, provocó más confusión que otra cosa. En lugar de reconocer sus limitaciones y pedir que le preguntaran en español —como haría cualquier responsable sensato—, optó por el ridículo: su número dos, Javier Padilla, y hasta el ministro Grande-Marlaska tuvieron que actuar como apuntadores de telenovela, susurrándole frases al oído para que pudiera salir del paso.
García se presenta como la gran defensora de la sanidad pública, la experta médica que todo lo sabe, pero a la hora de la verdad improvisa con resultados catastróficos.
Estos son los mismos que se cachondeaban del ‘relaxing cup of café con leche’. Menudo circo.
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