OPINIÓN

Manuel del Rosal: «Nos quieren siervos, no ciudadanos libres»

Manuel del Rosal: "Nos quieren siervos, no ciudadanos libres"

“Cuando los individuos se enfrentan al mundo con tanto valor, el mundo solo los puede doblegar matándolos. Y naturalmente los mata. Mata indistintamente a los muy buenos, a los muy honestos, a los muy valientes, a los muy libres, a los amantes de la verdad” Ernest Hemingway, Nobel de Literatura 1954

Jack London autor entre otras de las novelas de aventuras Colmillo blanco y La llamada de la selva decía que la principal función del hombre es vivir no existir. Estoy totalmente de acuerdo, estar vivo no quiere decir que vivas, la vida es algo más, mucho más que respirar.

La estirpe de los libres fue sustituida hace años por la estirpe de los acomodaticios. El progreso, la tolerancia mal entendida, el buenismo, la blandenguería y el temor bárbaro a la incertidumbre crearon una nueva estirpe: la estirpe de los que les basta respirar, que no vivir. Esta nueva estirpe no soporta la incertidumbre, olvidando que la vida en sí misma es pura incertidumbre y que lo que uno debe de hacer es vivir cada momento en plena libertad sin temor a que mañana sea diferente. Para vivir plenamente la vida necesitas salir del corsé, ser libre, aunque esa libertad conlleve riesgos – la libertad nunca ha sido un paseo entre las flores – Hoy, esta nueva estirpe de la subvención, el subsidio, la acomodación, la huida de la responsabilidad, el temor al minuto siguiente subsiste, pero no vive.

Me decía un hombre sabio allá en mis veinte años cumplidos que para ser libre solo debes hacer dos cosas aparentemente fáciles, pero en la práctica muy difíciles: no depender de nadie y decir siempre la verdad. Si lo consigues, envejecerás con dignidad porque no habrás sido siervo ni mendigo de nadie y podrás mirar hacia atrás. Hoy todos dependen de alguien porque no han sabido construir su libertad y todos mienten por lo que andan escondiéndose entre los árboles y son siervos de quienes dependen y son siervos de sí mismos por estar acorralados por la mentira.

Esta cáfila de poderosos de toda condición son siervos de quienes tienen al mundo cogido por los huevos, esos que viven en la charca turbia disimulada con el oropel de la riqueza podrida en la que florecen las intrigas, las maldades tal como el moho y los hongos venenosos florecen en los ambientes de calor, humedad y putrefacción. Para poder vivir desempeñando cargos para los que inexorablemente han de ser siervos de sus poderosos amos, han de cumplir con la misión encargada por aquellos que consiste en hacer de todos los hombres siervos que caminan obedientes a las consignas perfectamente detalladas y ordenadas en el tiempo.

Nos quieren siervos, no esclavos porque ya eso no se lleva y podría estropear el negocio. Nos quieren siervos, no ciudadanos, no hombres libres en el actuar y en el pensar porque también joderíamos el invento de un poder sin contestación. El siervo tiene la ventaja de que se cree libre por no recibir el nombre de esclavo. El siervo siempre está acompañado por el temor y el miedo y ya sabemos que es fácil de manejar quién está condicionado por ambas cosas.

La vida hay que vivirla en plena libertad y para ello se ha de aceptar que la libertad conlleva riesgos, pero si alguien cree que unas cadenas envueltas en plumas no son cadenas, está ya entregado a la servidumbre. Hemos de vivir en nuestra condición de hombres libres, de esos hombres que prefirieron morir mientras vivían intensamente dejando que el rio de la vida los arrastrara, a existir pendientes del próximo minuto, vigilando lo que le produce flatulencia, mirando constantemente el almanaque y el horóscopo, palpándose el hígado, viendo con temor como las arrugas surcan sus rostros y teniendo miedo a la bendita soledad. En definitiva, siendo siervos de la vida que les han impuesto a través de las consignas emitidas por los medios de comunicación, por las redes sociales, y por los móviles los que llevan siglos queriendo reducirnos a la servidumbre.

MAROGA

 

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