OPINIÓN

Pedro Manuel Hernández López: «L’ État, c’est moi'»

Pedro Manuel Hernández López: "L' État, c'est moi'"

El Estado soy yo»…esta es la traducción de la expresión francesa «L’État, c’est moi’. Es una frase apócrifa –que según la tradición historica– pronunció Luis XIV de Francia, a la edad de dieciséis años , el 13 de abril de 1655, ante el Parlamento de París. Esta historica expresión identifica al rey francés con el Estado, en el contexto de la monarquía absoluta; pero en la  España del siglo XXI  identifica al «presidente» Sánchez con el Estado, pero en el contexto de una Monarquía Parlamentaria a la que quiere abolir y convertir en una «absolutista» Republica de repúblicas de corte bananero, de las que él sería » El Puto Amo».

En más de una ocasión y en este mismo medio he hecho alguna que otra referencia al evidente «absolutismo político» que viene ejerciendo a «tutti plen» nuestro presidente del Gobierno desde que ocupó el sillón monclovita y sin que nadie le tosa o le diga ojos negros tienes.

No hace falta recordar que tiene bula y patente de corso  –no para asaltar galeones en alta mar–  sino para saltarse todo lo que haya que saltar, siempre que no le venga bien o contradiga a sus ruines y partidistas intereses personales.

Llegó al Gobierno –como una especie de esperanza blanca y a lo «mirlo blanco»– después del nefasto y vengativo gobierno de  Zapatero, pero abandonó muy pronto su «cacareada» y pseudo socialdemocracia y se abrazó a  ese populismo comunistoide y radical que profesan sus ex acólitos de Podemos , hoy Sumar, por obra y gracia de Yolanda Díaz –la fashionaria y meliflua galega que, a pesar de los años transcurridos, sigue abrazada a ese viejo y rancio  comunismo como una febril entusiasta y convencida fan de los históricos genocidas del férreo régimen comunista soviético, como Lenin, Stalin y, cómo no, de su admirado y siempre bien ponderado Largo Caballero, alias » El Lenin español», desde que D.Santiago Carrillo  –«el inolvidable duque de Paracuellos del Jarama»– la bendijo, siendo ella una niña y le auguró un futuro exitoso dentro de las filas del comunismo más radical.

El complejo de «Rey Sol» le está llevando a una deriva autoritaria que va en aumento a medida que van surgiendo dificultades para seguir «okupando» el poder y permanecer en el . Nos mintió a todos,  a sabiendas, en las  últimas elecciones ocultando su verdadera disposición a acordar la servil amnistía con JxC para ser  reinvestido , y a cambio de siete miserables votos se ha aliado con el independentismo y las extremas izquierdas para así desarbolar el Poder Judicial y someterlo al Poder Ejecutivo nombrando a exmiembros de su gobierno, en la FGE y en el  TC.

Por mantener el poder de seguir afirmando «El Estado, soy yo», se vendió a los comunistas, desde el inicio, y les otorgó asientos en su macro Consejo de Ministros, e incluso, vicepresidencias en su Gobierno y ha mantenído una paradójica, vergonzosa y politica rendición ante los filoetarras e independentistas, sin importarle un bledo, trocear con ellos, aún más a España.

Nadie como él ha implantado las raices del fervoroso culto al líder. Megalómano, ególatra y frío, posee como nadie un especial sentido patrimonial del Estado y una profunda y casi patológica obsesión que suele llegar, incluso, al paroxismo del poder por el poder. Su perfil de narcisista y de histriónicio, sin medida, es claramente a todas luces, el de un indiscutible  caudillo o mejor, del «Puto Amo» al que su manso rebaño idolatra  –y del que, algunos de sus borregos de entonces y, hoy insignes ministros  y altos funcionarios  le defenestraron como secretario general del PSOE– para luego, tras resucitar de las cenizas entronado por la devota, servil y borreguil militancia, pasar a engrosar el «Ovino club» sanchista.

Por si no fuera suficiente  dominar a su antojo a la Fiscalía General del Estado y al TC , ha invadido «por el morro» el Poder Judicial, ha despreciado a los periodistas críticos con su gestion, ha colonizado casi  todas las instituciones, ha destrozado los pilares de una economía moderada con una salvaje fiscalidad, ha exhibido las mayores cifras de paro de toda Europa y no le ha templado el pulso para alinearse, en   política exterior, con las más corruptas y férreas dictaduras latinoamericanas y teocráticas islamistas. En resumen, un izquierdista y socialcomunista en estado puro, un presidente agarrado a la silla para mantener el poder «puro y duro» a toda costa, un experto profesional del «ordeno y mando» sin atisbo de crítica o discusión posible, salvo cuando a él le convenga.

Que pena que el presidente de España no sea ese honesto y buen ciudadano del que Marco Tulio Cicerón dijo,  hace ya más de  2.000 años, aquello  de que : << El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un «líder» o poder que pretenda ser o  hacerse superior a las leyes>>. Hoy, esa frase sigue más vigente que nunca y, además, en España tenemos un vivo ejemplo al que aplicarlo.

Es bien sabido –de todos y por todos– que la Democracia, la Libertad, la Justicia y el Bien Común que suele traducirse en una Paz sociolaboral y en una Estabilidad económica (todas escritas con mayúsculas) no se venden a cambio de un sillón en la Moncloa ni de una plaza en el Falcon ni por unas vacaciones en el Palacio de La Mareta en Lanzarote ni en el corazón del Parque Nacional de Doñana, en el Palacio de las Marismillas.

Pero mientras Sánchez sigue soñando con poder afirmar pomposamente como si fuese el mismo Luis XIV: «el Estado soy yo», nuestra democracia y la convivencia social se deterioran más y más cara día, a la par que el Estado se difumina y se debilita aún más, si cabe.

Si esto no fuera así, estaríamos hablando de otra persona y no del presidente Pedro Sánchez cuyos «principios» ya los conocemos de sobra . Por  experiencia sabemos que no debemos ni podemos pedirle peras al olmo ni castañas al olivo. Basta con  recordar lo que nos dice el publicano y recaudador de impuestos de Judea, el  apóstol y evangelista Mateo, (7:16-20) :
<< ¡ Por sus frutos los conoceréis !. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado al fuego>>. (Sic).

Y está claro, que Pedro Sánchez no es un buen árbol y, por eso,  todos sus frutos no pueden ser buenos. Si todos aceptamos el Santo Evangelio como la palabra de Dios y así lo reconocemos cuando al terminar el sacerdote su lectura en la Santa Misa y decir : <<Palabra de Dios>> todos respondemos con un << Te alabamos, Señor>> Es de esperar que todo aquel  árbol malo que da frutos malos sea cortado de raíz  y echado al fuego.

Pedro Manuel Hernández López, médico jubilado, lcdo.en Periodismo y ex senador por Murcia.
 

 

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