Posiblemente , no solamente Sánchez y su magno gabinete monclovita, sino la gran mayoría de los ciudadanos que residimos en la antigua «Iberia» helénica –o al menos, eso es lo que nos ha narrado el gran historiador griego Herodoto, ya que así es como los antiguos griegos llamaron a la Península Ibérica– desconocíamos que ya hace varios años el periodista gerundense, Albert Soler Bufi, publicó un libro, en el que recopiló algunos de sus mejores artículos y lo tituló — con un estilo burlón e irónico y que nos recorda mucho al «esperpento» del universal gallego Valle- Inclán– «Puigdemont: el regreso del «Vivales»» .
Así como lo oyen, tal cual y entre otras muchas razones porque lo conoce muy bien desde que fue presidente de la Generalitat. Por eso mismo sabe muy bien que el «Vivales», es decir, Puigdemont, es capaz de soplarles más de 4.000 euros al mes a sus fans para vivir a lo grande en su casoplón de Waterloo y que a diferencia de otro famoso casoplón –el del «duque de Galapagar»– no tiene piscina. Pero no importa, pues el clima de las cercanías de Bruselas no invita al baño la mayor parte del año.
El inminente regreso de Carles Puigdemont a España o mejor dicho del «Vivales» está muy proximop, salvo que se haya acostumbrado a la buena vida y haya decidido quedarse para siempre a vivir en Bruselas. Pero conociendo las ambiciones –del charnego-catalán– no creo que que nos caiga esa breva. A Pedro Sánchez esto le disgustaría mucho y le echaria por tierra sus planes de poder seguir siendo el presidente del Gobierno con el apoyo de JxC , ese partido que en su día apoyó al «Vivales» y le seguirá apoyando hasta verle ocupar el despacho presidencial del Palau de la Generalitat. ¿Por qué…? Pues, aunque parezca una perogrulla obviedad, porque, si así fuera, Sánchez seguiría contando con su apoyo y podría continuar como el «Presidente Sol» del Gobierno para falconear hasta hartarse y disfrutar con sus «amiguetes» de esos pantagruélicos banquetes durante sus presidenciales vacaciones en los palacetes de La Mareta o en Las Marismillas
A partir de la publicación de los artículos de Soler, siempre que alguien, por aquellas cuatro comarcas catalanas –desde el Alt Empordà hasta el Maresme– nombra al «Vivales», sabe que se trata, sin lugar a dudas, de Carles Puigdemont, el golpista y prófugo de la justicia española que huyo escondido –en el maletero de un coche y de noche, como una vulgar rata– a Bruselas, donde reside en un señor palacete conocido como «Casa de la Republica» y que se ubica en Waterloo, en el número 34 de la Avenida de l’Avocat.
Desde allí mantiene esporádicas relaciones con Sánchez –bien a través de su amigo y hombre de confianza, el secretario de organización del PSOE, Santos Cerdán, o bien con los delegados y miembros de Junts, ERC, de la CUP y de varias entidades soberanistas, como la ANC y Òmnium Cultural, –con la mirada siempre puesta en las trabas judiciales a la aplicación de esa amnistía, que en su día fue aprobada en y por el Congreso de los Diputados, por la pírrica diferencia de 177 votos a favor y 172 en contra.
Desde que vuelve a ser cola de león, está siempre a la espera de que su genuflexo , chantajeado socio y presidente — el de «la puta España que les roba»– cumpla con la promesa que le hizo a cambio de su apoyo , del de su partido y parlamentarios y le aplique a él y a los suyos, de una vez, por todas, la tan cacareada y ansiada amnistia, apesar de esa tan discutida y discutible inconstitucionalidad política.
Soler, en una entrevista con la Razón de Cataluña –hecha mucho antes de que la amnistía fuese aprobada– cuando se le preguntó por la posibilidad de que Puigdemont puediera volver a España, siempre aseguraba que << si lo hiciera, sería sin lugar a duda en Semana Santa, porque a él le ha gustado siempre entrar en su querido pueblo Amer (Girona) como si fuera realmente Jesús entrando el domingo de ramos en la bíblica Jerusalén, triunfante, aclamado con palmas, ramos de olivo y a lomos de un «burro». ¡No, no piensen mal… me refiero a los de cuatro patas…Y hablando de burros, lo haría con muchos de ellos adorándole porque vuelve a estar entre nosotros»(Sic).
Según cuenta alguien que lo conoce muy bien porque fue su profesor, aparte de decir que era muy burro y que no sabía hacer casi nada, sigue sin entender el desaforado interés de Carles Puigdemont, es decir, del «Vivales», por volver a Barcelona, bueno y a España, porque donde mejor está es en su Waterloo. Allí , en la ya famosa «Casa de la Republiqueta», es donde mejor está sin pegar ni clavo y viviendo a cuerpo de rey –perdón, de rey no, de presidente– . Además, allí tiene la suerte de estar lejos de la familia, sin que nadie le moleste. ¿Qué más se puede pedir?
En el fondo, lo que él quiere es quedarse allí». Soler cree que Puigdemont es como el cuadro neoplasticista de «Piet Mondrian» que estuvo colgado al revés mucho tiempo –porque podria seguir siempre asi y nadie notaría que está del revés–y nadie sabrá nunca qué es lo que realmente hace, no el cuadro, si no el «Vivales» de Puigdemont.
Aunque las kalendas de verano no juegan a su favor ni pintan bien, posiblemente lo veamos por aquí más pronto que tarde, siempre y cuando decaiga la orden nacional de detención que pesa sobre él y cese el «complot judicial» –que según no deja de afirmar existe contra su «molt honorable» persona– y el obierno sánchista deje de «mirar hacia otro lado», ante esa supuesta «rebelión» de los jueces.
Pedro Manuel Hernández López, médico jubilado, Lcdo. en Periodismo y ex senador por Murcia.