Camilo José Cela, en el prólogo que escribió para la obra de Luis Nieto Manjón sobre términos taurinos dice así: “Un caballero no debe salir en los periódicos más que en cuatro ocasiones en su vida: cuando nace, cuando recibe la cruz Victoria, cuando se casa y cuando muere” Un poco más adelante nos dice: “Elijamos una airosa y sentida y bien intencionada postura para vivir y se nos brindará el premio de que el último y definitivo golpe del tiempo sobre nuestra zurrada osamenta no pueda ser tomado por la patada en el culo que, más pronto o más tarde, suele llevarse el baboso, el dependiente, el obediente, el sumiso y lisonjero” Y -añado yo – el cobarde chupa lápìdas y lamebotas.
Eso era antes mi respetado y admirado D. Camilo. Hoy, y desde hace años, los mismos que cubren la etapa que se inauguró con la llegada de la llamada democracia y que ha visto implantarse, la sostenibilidad, el buenismo, el progresismo, el feminismo, los periodistas apesebrados, la tolerancia mal entendida, el relativismo y otros “ismos” que se me escapan en estos momentos; los caballeros que no son tales y las señoras que tampoco lo son, por un ínfimo rayo de luz proveniente de un mísero foco mediático que incidiera en ellos, robarían la dentadura postiza a sus abuelas para venderla.
Hoy, la luz procedente del foco y que envuelve al personaje destacándolo de los demás, puede comprarse y puede venderse, Es tal la fiebre del foco, sobre todo el mediático, que la gente no duda en vender su alma al diablo con tal de permanecer bajo su luminosidad, aunque solo sean unos instantes. Hay una variante al foco que en los últimos años ha adquirido relevancia. El postureo, al que yo denomino “foco de los pobres” porque no emite luz ni te envuelve en ella, consiste en poses o actitudes estudiadas y predeterminadas para que, a falta de luz, sean las poses, las fotos, los selfis, los WhatsApp, los comentarios en redes sociales, los que nos iluminen y, de esta forma, ser el foco de atención de nuestros amigos, vecinos, compañeros de trabajo, familiares y público en general. Ejemplos de este postureo o foco de pobres son las poses estudiadas cuando nos sentamos en una terraza, las fotos de lo que estamos cenando en el restaurante, los comentarios diarios sobre nuestras vacaciones etc. Y esto es así porque no basta con salir de vacaciones, hay que enseñarlas, no basta con ir a cenar, hemos de mostrarlo, no basta con subir la montaña, hay que hacerse un selfi. Ni las vacaciones, ni las cenas, ni la montaña ni cualquier otro evento vivido es tal si no se muestra. Si no lo mostramos, si no lo contamos, no lo hemos vivido. En el postureo solo se muestra, al igual que en la luminosidad del foco, lo que está bajo su luz; las sombras se ocultan.
Existen variados focos, pero el más solicitado es el foco mediático. En los programas basura, en los programas rosa y en el manejo de la política es donde el foco mediático se busca a cambio de lo que sea incluida la dignidad y sus cuerpos. Por ese foco, políticos, empresarios de medio pelo, mujeres y hombres del común, venden sus vidas, incluidas las más íntimas por tan solo unos minutos en pantalla. Sus familiares y amigos son moneda de cambio por un rayo de luz de ese foco. En muchas ocasiones, esos personajes enloquecidos por la notoriedad vanidosa, por la fama efímera; mezclan la luz cegadora del foco con la más apagada del postureo con tal de seguir apareciendo en la televisión, en las revistas; de contar con la atención de esos periodistas vendidos y comprados. Si el foco se apaga para ellos o el postureo no surte efecto, entran en una ansiedad monumental, agotadora porque ellos – políticos, empresarios, artistas, influencers, hombres y mujeres del común – conocedores de que su valor personal y profesional es nada fuera del foco y del postureo, saben que fuera del foco y del postureo están muertos en vida.
Que lejos esta sociedad de la vanidad y la apariencia de aquella que elogiaba Fray Luis de León y que refleja en los versos de su poema “Oda a la vida retirada” publicada hace cinco siglos: Que descansada vida / la de aquel que huye del mundanal ruido / y sigue la escondida / senda, por donde han ido / los pocos sabios que en el mundo han sido.
MAROGA