Habrá personas que, al observar este título, no sabrá a que País me refiero. Y está bien claro que me refiero al nuestro y haré las consideraciones oportunas para probar que no tenemos gobierno, solo un mandatario que ostenta el poder, en grado sumo, y se llama Pedro Sánchez.
El marido de Begoña cada día incide más en sus actitudes contrarias a las que tendría cualquier mandatario ante su pueblo; hay una catástrofe natural como la dana que se nos presentó en Valencia y alrededores y él sale huyendo a toda prisa por su incapacidad de darles ayuda a los ciudadanos. Por esto y otras muchas razones, el pueblo no le soporta. En el desfile del 12 de octubre, en la Plaza de Neptuno, la gente le exigía “Sánchez, atiende, España no se vende”. En la visita a una fábrica de Valladolid, los trabajadores le acusaban de “vender España a los separatistas” y hasta en la misma Barcelona, le gritaban “traidor”.
Días atrás se fue de vacaciones a esquiar a Cerler y otros esquiadores le increpaban con gritos como “chorizo” y “tendrías que estar en la cárcel”. Sería interminable relatar los momentos en los que el pueblo le ha mostrado su rechazo y me limitaré a señalar los lugares, de forma resumida: Inauguración del Ave a Extremadura, Alcalá de Henares, Ceuta y Melilla, Matalascaña, Granada, Salamanca, Navalmoral de la Mata, Trujillo, Guadalajara, Palencia, Mula, Don Benito, etc., etc.
Este rebote de los españoles para con la persona que ostenta el poder (no que gobierna), no es debido a su físico, ni a una deficiente dialéctica. No gobierna ya que no sabe y además tiene que ocuparse de acusar a la oposición de las propias corrupciones y las de su entorno, sus manipulaciones ideológicas y sus compras de votos. Su exclusivo objetivo está en mantenerse en el poder, cueste lo que cueste.
Pablo D. Escolar