Eso es lo que están haciendo muchos de nuestros políticos con el país, destrozarlo día tras día, con medidas que de las que se vanaglorian, pero que en verdad son demostrativas de un escaso coeficiente intelectual, unido a un deseo desbordante de figurar, propio de aspirantes a artistas fracasados.
Lo triste de tal asunto es que las consecuencias las pagamos nosotros, el pueblo que ni pincha ni corta. Y pagamos bastante. No solo monetariamente, pues los impuestos suben continuamente, También pagamos con nuestra forma de vida, que nos intentan cambiar a toda costa, porque según nos dicen, lo que nos ofrecen es mucho mejor ¿Alguien se lo cree?
Recordamos que cuando llegó al poder el primer gobierno socialista, un muy destacado miembro del mismo aseguró que “a España no la va a reconocer ni la madre que la parió”.
Hay que felicitarlo pues en cierto modo acertó, pero recientes declaraciones de esa misma persona, nos llevan a pensar que aventuraba que no se la iba a reconocer por lo que habría avanzado, no por estar destrozada.
El partido en el poder está promoviendo una proposición de ley cuyo objetivo es la paralización de los procedimientos judiciales abiertos contra su gobierno y colaboradores, incluyendo también las investigaciones en curso. En palabras llanas, lo que pretende es lograr la impunidad total de todas esas personas. Para ello también pretende la limitación de la acción popular, negándole el derecho a actuar en el procedimiento penal, e incluso autorizando la expulsión de los partidos políticos en las causas penales abiertas.
Los presupuestos del presente año aún no están aprobados, y por el camino que vamos, el asunto va para largo.
Por otra parte, un partido independentista ha planteado en el Congreso una proposición no de ley para que “cum fraude” se someta a una moción de confianza. De no lograrlo, es de suponer que tomarán represalias que de una manera u otra nos afectarán a todos los españoles.
Por de pronto el jefe del citado partido ha emplazado a nuestro pésimo líder en su residencia en el extranjero, y suponemos que el último citado acudirá mansamente, pues se juega su sillón.
Como el desgobierno está muy ocupado, todavía no ha solicitado a la Unión Europea el Fondo de Solidaridad para paliar el desastre de Valencia, No nos extrañe, lo primero es amarrar bien los cabos para no tener problemas judiciales.
No obstante, si tiene tiempo para camelar a aquellos con los que le conviene estar a bien. Prueba de ello es la cesión al Partido Nacionalista Vasco del palacete de París donde tenía su sede el Instituto Cervantes.
También ha tenido tiempo para un “comité de inversiones estratégicas”, con un campo bastante amplio de cometidos. Desconfiamos de lo que pueda salir de dicho organismo, aparte de ser un nuevo sitio para colocar a amiguetes con buenos sueldos.
No nos extraña por eso que un viejo y prestigioso socialista, alcalde de una capital gallega durante dos décadas, haya manifestado recientemente que la democracia en España está en peligro. Se basa para ello en que todos los mecanismos del Estado han sido absorbidos en la práctica por el gobierno. Mantiene que ya nos estamos en un debate de izquierdas o derechas, sino de libertad frente a totalitarismo.
En definitiva, nuestro querido país está destrozado, lo han convertido en algo para sustentarse un grupo de personas, fieles vasallos del jefe que, por mucho que digan, solo piensan en sí mismos.