De todos es conocida la obsesiva y compulsiva inclinación de Sanchez por la acuñación de neologismos y por la invención de «palabros» que a él le sirvan de muletillas para reforzar y aplicar sus cicateras y partidistas convicciones políticas a todo lo que el considere que le puede ayudar a mantenerse al frente del Gobierno –a toda cuesta y contra viento y marea– aunque «no gobierne» para la mayoría e, incluso, ni siquiera para los que le han votado seducidos por su sibilina demagogia y por sus megalómanas aspiraciones.
De siempre es sabido que el lenguaje configura nuestra «forma de pensar»y, a su vez, esta nos condiciona nuestro «modo de obrar» en las distintas circunstancias de la vida. Unas veces, echa mano de ciertas palabras que introduce intencionadamente en su discurso para inculcar sus ideologías y , en otras ocasiones, suele suprimirlas para así minimizar e incluso abolir aquellos valores familiares, morales, éticos e incluso religiosos que no le interesen.
El lenguaje puede convertirse en una herramienta para manipular y controlar a la gente. Y él lo sabe. Todo eso ya nos lo advirtió George Orwell en su distópica novela «1984». La construcción de un vocabulario con neologismos «ad hoc» y al servicio del autarca y totalitario Gobierno del trilero Sánchez está hoy, en España, más vivo que nunca y a la orden del día. El último recién incorporado –por el miembro de honor de la RAE, el Dr. Sánchez Pérez- Castejón– con motivo de la toma de posesión del presidente Donald Trump, ha sido el de la «tecnocasta».
Con su uso intenta –sin apenas disimular, aunque de un modo irresponsable y sin tener en cuenta las posibles y futuras consecuencias políticas y económicas para España que con su incontenible verborrea y cinica demagogia pueda acarrear– atacar directamente a los gigantes y a los magnates tecnológicos de «Silicon Valley». Según Sánchez, los «amos» de este distópico contubernio — sede de las principales compañías emergentes y globales de alta tecnología, como Apple, Facebook y Google– están utilizando su «omnímodo poder» para apoyar a Trump, controlar el debate público y conformar un nuevo «orden social» a nivel mundial a traves de sus omnipresentes y poderosas redes sociales.
Antes de sacarse de su chistera la palabra «tecnocasta » –su último «neologismo de forma»– ya había acuñado otros y siempre con la aviesa intencion de conseguir lo que denuncia el propio Orwell en su didáctica novela. En todos sus discursos y, siempre dependiendo de las especiales necesidades y circunstancias, ha incorporado a su personal «diccionario ideológico» los siguientes neologismos y palabras, –para ser usados obligatoriamente por todas las cotorras parlantes de su agradecido corifeo ministerial–, tales como: «fachosfera», » lawfare», «queer», «micro machismo», «máquina de fango o de lodo»,»hermanos y hermanas», «pseudomedios», «Latinoamérica», «nuevas masculinidades»,»inclusivo» «descolonizar»,»migración circular»,»paridad»,»sororidad», «progresista»,»feminista»,»woke», «empoderamiento»… entre otros.
El uso de cada una de ellas no ha surgido ni al azar ni por generación espontánea, sino que son el fruto de un exhaustivo estudio, con una intencionalidad preconcebida y siempre en beneficio de su gobierno, que en definitiva, es exclusivamente el «suyo propio» y una manifestación más de su ya profunda sociopática e hiper megalómana personalidad. ¡Sino fuera así, como iba a justificar los 869 asesores de que dispone «su» Ejecutivo! ¡Algo tienen que hacer para justificar sus sueldos y, si no…pues, hala, a inventar «nuevos palabros» !
Si echamos manos de las múltiples hemerotecas, estas nos podrán ilustrar de cuándo, cómo, por qué y para qué Sánchez echó mano de cada una de ellas y se las impuso a su corifeo ministerial para que nos las repitan hasta la saciedad, aunque nada tengan que ver con el tema en cuestión . A los loros parlanchines no se les pide explicaciones de por qué usan esas palabras, solo se les exige que las repitan, aúnque desconozcan su adecuado uso y significado.
Da la impresión que al felón y trilero Pedro Sánchez se le ha atragantado y mucho, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, apoyado y en compañia de los multimillonarios de Silicon Valley — Elon Musk, el propietario de la red social «X»,(antigua Twitter), Jeff Bezos, presidente ejecutivo de «Amazon» y Mark Zuckerberg, fundador y Ceo de «Meta»–, por eso está elevando alto y fuerte el tono de su creciente mensaje de alarma y, a la vez, de amenaza contra la ultraderecha internacional y contra la llamada “tecnocasta” que, a su juicio, amenaza muy seriamente desde los Estados Unidos los eternos principios, los pilares religiosos y los valores políticos de la vieja Europa.
Pero como le conocemos, sabemos que todo esto a él le importa un bledo. Lo que realmente subyace, le preocupa y le turba es que haya otros personajes –los que conforman la «tecnocasta» de Silicon Valley– mucho más soberbios, más poderosos, más ambiciosos y, sobre sobretodo, mucho más megalómanos que él. Su patológica, arraigada y profunda, megalomanía no le permite que nadie, absolutamente nadie sea ni se crea más que él y, mucho menos, que sean los «neomillonarios tecno-oligarcas» los que le coman «su tostada» y, encima, no le rindan en sus inmerecidos «besamanos» la pleitesía a la que el cree tener derecho. Está muy acostumbrado a «¡por debajo de mí todos, pero por encima, Dios y… según en qué momento!».
La magnificiencia de los «césares» del suntuoso imperio romano se le ha quedado pequeña y, por eso, él rechaza frontalmente la necesidad de que le acompañe un esclavo — según nos refiere Tertuliano– y que le repita sin cesar: «Respice post te, hominemque te esse memento!». (Mira tras de ti! y recuerda que eres un hombre) (y no un dios).
Desde la reciente cumbre en Suiza, Sánchez en su intervencion –ante casi un «vaciado» y «vacio» Foro Económico Mundial de Davos– ha cabalgado, de nuevo, a lomos de su ya famosa y conocida prepotencia para contrarrestar la amenaza de la «tecnocasta de sus amigos los tecnoligarcas multimillonarios» que, a través de sus redes sociales, quieren obtener el poder político para socavar la democracia, especialmente en la vieja Europa, e instaurar el «nuevo orden mundial trumpista» en el que el interés nacional de cada país basado en la suma de los intereses individuales de los participantes es una base mucho más sólida que la efímera búsqueda de un interés común para todos.
El problema será y no pequeño, cuando esos intereses choquen con los de los otros países mucho más fuertes.
A nuestro «triángulo social-politico- y económico» le va a ir muy mal, si Sánchez sigue manteniendo esa franca y abierta confrontación política con el topoderoso Trump y con la multimillonaria tecnocasta que le apoya, si no cambia de actitud. La bíblica victoria de David sobre Goliat pasó a la historia y, ya es «farina allíus hacis» (harina de otro costal).
¡Que Dios nos pille confesados! si finalmente Trump y su californiano clan nos aplican su megapolítica arancelaria a la exportación de los productos españoles, aunque no seamos un país «brics», que es el «acrónimo» de las iniciales en inglés de: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, usado para designar desde el año 2001 una organización multilateral que reune a diversas «economías emergentes» y que se ha constituido como un espacio internacional alternativo al G7.
Pedro Manuel Hernández López, unmédico jubilado, Lcdo. en Periodismo y ex senador autonómico del PP por Murcia.