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“El otro Guernica del que la Televisión Pública, la Ser, y la Sexta no hablan”

Antonio Gil-Terrón Puchades 25 Oct 2021 - 07:16 CET
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El bombardeo de Cabra (7 de noviembre de 1938) fue un criminal ataque aéreo realizado por la aviación socialcomunista republicana sobre el pueblo de Cabra (Córdoba), seis meses antes del final de la guerra. El bombardeo, que carecía de utilidad militar, se saldó con 109 civiles muertos y más de 200 heridos.

Dos toneladas de bombas.

El bombardeo afectó fundamentalmente a la plaza del mercado, y en especial al barrio obrero de la villa. Se calcula que cada aparato llevaba en sus bodegas unas dos toneladas de bombas. La mayor, de 200 kilogramos, cayó en el mercado de abastos, en la hora de máxima concurrencia, lo que implicó que los afectados fueran civiles, mujeres y niños.

Matanza intencionada de civiles, mujeres y niños, en la retaguardia, a 700 km del frente

Nadie esperaba el bombardeo, ya que Cabra se hallaba muy distante del frente de guerra, que en aquellos momentos estaba centrado en el Ebro a más de 700 km de distancia, en una batalla que por esas fechas ya daba por perdida el bando socialcomunista republicano; como de hecho así fue, apenas una semana después del salvaje bombardeo.

Qué otra cosa se perseguía con la carnicería de Cabra, salvo el terror y la venganza.

El gobierno socialcomunista republicano, nunca pidió disculpas por la masacre de Cabra. ¿Por qué no lo hace ahora?

La desmemoria de  Carmen Calvo

Igual, la hasta ahora vicepresidenta del gobierno socialcomunista, adalid de la Ley de la Memoria Democrática, (ley que según cuentan persigue preservar y mantener la memoria de las víctimas de la Guerra y la dictadura franquista), se decide a pedir disculpas, máxime teniendo en cuenta que ella es natural de Cabra.

En cualquier caso, si quiere exhumar cadáveres, que lo haga en su pueblo, en lugar de hacerlo en el Valle de los Caídos, donde están mezclados los restos mortales de ambos bandos.

En Cabra lo tiene más fácil ya que todos los muertos son del mismo bando, y además saldrá más barato a los españoles que con sus impuestos pagan  estas campañas necrófilas, de la siniestra factoría de propaganda de Pedro el Desenterrador.

Sembradores de la semilla de Caín

Pedro el Desenterrador, hurgando en las viejas heridas de hace 80 años, al tiempo que sobre los no tan lejanos crímenes de ETA, que la mitad están aún por resolver, dice que hay que pasar página.

Con la Constitución del 78 los españoles sí que decidieron, democrática y mayoritariamente, enterrar el pasado y pasar página; hasta que llegó ZP y Pedro el Desenterrador a sembrar de nuevo la semilla de Caín entre los españoles. Y claro al final han descubierto que, para desgracia suya, no solo ellos tienen memoria, y que contenerse –por el momento- no significa ser idiota.

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