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Hubo un tiempo donde el precio que podías pagar por ser columnista de prensa, era el de tu vida. Especialmente en el caso de aquellos que como un servidor, firmaban sus artículos con nombre y apellidos. Sin embargo justo es decir que no todos se la jugaban, o mínimamente se atrevían. Tan solo aquellos que, siendo plenamente conscientes del peligro que corrían, se atrevían públicamente a meterse con ´la bicha´.
¡Qué fácil es hoy ser bloguero, tertuliano, o periodista!
“Parabellum”
por Antonio Gil-Terrón Puchades
[Artículo publicado en la página 5 del periódico LAS PROVINCIAS, el 30 de enero de 1995]
E.T.A. ha vuelto a asesinar. Los primeros y confusos comentarios que, del asesinato de Gregorio Ordoñez, llegaban a través de las ondas de la radio, señalaban a E.T.A. como presunta autora del crimen. Esta teoría venía basada en el hecho de que se había encontrado junto a la víctima un casquillo 9 m/m P. ´munición habitualmente empleada por la organización terrorista E.T.A.´.
Llevamos muchos años -demasiados- escuchando la cantinela de los nueve milímetros parabellum. La deducción realizada sobre la autoría de un atentado, basándose exclusivamente en el calibre empleado, nunca ha sido muy brillante, máxime teniendo en cuenta que ese mismo calibre es el de uso reglamentario en la Guardia Civil, la Policía Nacional, y el propio Ejército Español.
No busquemos la autoría de un atentado en base al calibre empleado. Baste con decir que el asesinato ha sido cometido por la espalda, de un tiro en la nuca, mientras la víctima -desarmada e indefensa- comía pacíficamente el pan de su trabajo.
Baste con decir que la extrema cobardía de este asesinato, es la habitual en E.T.A., y dejémonos de calibres.
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